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Sunday, February 05, 2006

quien algo ama ... a alguien encuentra

Enamoramiento: sensación de ingravidad emocional hacia otro ser amado ya sea chico o chica. Son reacciones químicas y fisiológicas que nos llevan a idealizar a la otra persona. A nuestro alrededor no existe más que el o ella. Lo daríamos todo sin esperar nada a cambio. Seríamos capaces de escribirle poemas, pintar cuadros, escribir libros todo por su amor. Es un encantamiento que puede ser correspondido o no que no tiene pócima secreta.

Enciclopedia Mundial de los Sentimientos y del Amor hacia otro/a













Todos/as continuamente andamos buscando algo en la vida: un regalo, un céntimo, un jersey, un libro, un cd ... un amor. Como el dicho dice: “el que algo busca algo encuentra”. Alguna gente se busca la vida en la calle otros en una cafetería, en una gasolinera, en un camión ...

Aunque por otro lado hay el otro dicho:”cuando no busques has de encontrar”, con lo cual a qué atenernos? La verdad no quiero caer en tópicos pero realmente me parece curioso, no?

Buscamos amigos/as en la adolescencia, a nuestra madre/padre de pequeños, un novio, un marido, hijos/as, un empleo, la suerte ...
Sí, la suerte también dicen que viene sola o el DESAMOR. Y yo les pregunto: ¿Podemos elegir de quién enamorarnos? O ¿Buscamos dónde nacer? ¿Nuestra lengua materna? Así hasta infinidades de “cosas” que, más o menos nos vienen pre-determinadas. Nuestro género, nuestro color de ojos, labios, pechos... Por mucho que la ciencia se empeñe en que los podamos elegir a nuestro antojo por dinero hay “cosas” que no se pueden comprar. Evidente no?

Hay “otras” que elegimos o buscamos o, simplemente, encontramos. En cambio, la época en la que nos ha tocado vivir nos podemos comprar casi de todo menos los sentimientos. Podría hablar de sentimientos tales como son la rabia, la impotencia, la lujuria, la pena ... pero he decidido hablarles sobre el AMOR y DESAMOR. El DESAMOR engloba numerosos sentimientos, nos lleva a límites insospechados por los que pagaríamos todo lo que tenemos por tener entre brazos a la persona amada.

Algo tan subjetivo, misterioso y conceptual como son ambos sentimientos nos daría pie a millones de anécdotas y/o detalles en los que vernos reflejados/as. Porque hay quien se enamora de un coche, de su perro/a, su casa ... ¿pero y si te enamorases de quién no se ha enamorado de ti?? ¿Qué harías si fuese así? Muy probablemente intentarías olvidarle o, por el contrario, buscar el antídoto perfecto para que la persona amada se enamorase de ti: correspondiéndote bien llamándole, enviando cartas, e-mails, fax ... y si no, ¿qué? Aún así serías capaz de olvidarle?¿Se puede olvidar?

Por mi parte creo que no ¿y tú qué opinas?

Habrá quién no me pueda comprender porque quizá no ha sentido ese sentimiento. Es una pena y por ello lo siento pues no pretendo excluirles más bien al contrario. Quiero hacerles partícipes de éste sentimiento tan universal. Lo que pretendo explicarles desde mi más humilde punto de vista que existe una gran diferencia entre: AMAR a QUERER a alguien. Los/las que, por el contrario, me entiendan perfectamente es que sí lo han estado o aún están. El enamoramiento es un encantamiento, un hechizo químico que puede incluir el físico evidentemente que se dá con quien menos te lo esperas. Si tienes suerte puede ser correspondido. Y si ¿no? Te prometes a ti mismo/a no volver a escribir un e-mail, una carta, un poema o llamar. Y te dices:”Ya pasará!!” Pues no pasa, claro que no. Cuando el tiempo pasa ése AMOR crece y crece y, que en parte, es medio ilusión-medio real tendemos a buscarle por dónde sea: una discoteca, en la biblioteca, por la calle ...

Las películas, los cuadros, la música y, el arte en general son los testigos perfectos de que sí existe tal sentimiento.¿Cómo plasmar sino la ferviente pasión de Ana Karenina, Madame Bovary, Rick en Casablanca, Gilda, el beso de Klimt ... etc, etc ... Por lo que respecta a mí sigo fiel a otro dicho “ 1º son los sentimientos y luego las cosas “ DALÍ DIXIT.

Ustedes verán igual discrepan con éstas reflexiones, pues son sólo impresiones de quién ha estado enamorada y quien no ha tenido la fortuna de ser correspondida. Creo que el destino nos ha traído aquí para ser todo lo felices que podamos y que, al fin y al cabo debería ser lo que más nos importase a todos/as. A todos/as nos gustaría tener la barita mágica de enamorarnos de quien deseasemos. Ó viceversa. A algunas que Richard Gere lo hiciese, a otros que Julia Roberts... pero no! Aquí cupido no acierta tanto como nos gustaría y nos tenemos que conformar con lo que haya o con lo que vayamos encontrándonos. Vamos, que si me descuido es como si algún ser querido perece y tú vas y decides quedarte viendo la televisión “tragándote” todos los programas del corazón, no? Tienes que tirar para adelante, hacer de tripas corazón e intentar olvidar y seguir con tu vida con normalidad. Decirte: a ti mismo/a: “No pasa nada Richard hay más peces en el mar” ó por el contrario que Julia te diga: “Fuck! you’d must love me cos’ i’m falling in love with you!!”. Pasar página, seguir ...: seguir comiendo, trabajando, estudiando, fumando... Sería demasiado sencillo quedarse apoltronado/a y seguir viviendo de ilusiones pasando de todo.

NO!! ESO NUNCA!! ¿De qué te serviría? Aunque eso nos costase medio riñón hemos de seguir: claro que SÍ!!

A dónde quiero llegar es que aunque el tiempo, el trabajo ... nos intente curar las heridas es prácticamente imposible curarlas. Porque el sentimiento seguirá de por vida. Quedarán las cicatrices. ¿A cuántos mayores conocemos que todavía siguen acordándose de su 1er amor? Seguro que a bastantes y en literatura universal aún más que seguro –siento no saber demasiados casos concretos: ni soy filóloga ni especialista en letras-.

Lo que sé lo voy intuyendo, encontrando, buscando... Como todavía me considero muy joven aún me queda mucho por que se me cruce en mi camino, mucha gente a la que amar. Conozco muy bien la sensación de rabia, impotencia, frustación ... por quien no siente lo mismo que yo. Cupido falló y aunque yo ponga ganas, empeño y esfuerzo no son suficientes para enamorar a la otra persona porque básicamente no está en mis manos.

En la Declaración Universal de los Sentimientos dice en su 1 er artículo:
< el hecho de que no podamos obligar
a que nos amen>>

No, no podemos aunque con ello intentemos mover a Mahoma con Roma y a Jesús con la Conchinchina. Creo que el mismo Adán se había enamorado de Lilith pero el creador o creadora la echó del paraíso y en cambio creó a Eva a partir de la costilla de Adán.

Otro claro ejemplo es Gilda: él pasó bastante tiempo jugando a las cartas intentando olvidarla hasta que un día sus vidas tomaron rumbos paralelos. Y por su puesto no iba a obviar a los 2 grandes enamorados de Shakespeare: <>. En éste caso la familia intervino y no los dejaron ser felices. Esto indica que existen muchos inconvenientes y que tampoco es un camino de rosas.

En mi caso todo empezó por pura química –como han demostrado los científicos que se produce el enamoramiento- con dos personas a las que siempre he estado enamorada y amaré siempre. En el segundo y más importante enamoramiento de mi vida me llegué a preguntar un día: “Y puede que esta persona me ame! A mí??. Aunque he hecho todo lo posible por comunicarme con esta persona he de aceptar la realidad: no me ama.

Jode y jode mucho créanme. He querido a mucha gente pero sólo a 2 personas he amado con tal intensidad y emoción como para llegarles a odiar. No es culpa suya evidentemente. Por sus cuerpos he soñado cabalgar, sus labios amar, su cabello rozar ... ilusiones fruto del hechizo nunca cumplido. Para mí es una catástrofe el no poder susurrarle al oído:

“Te amo tanto que de llanto desfallezco,
mi alma susurra por tus venas
y cada día que pasa es una brisa de suave dulzura”
ó:
“Celos tengo del cielo, del viento,
de tu cabello que ahora veo
y que te rozan con tiento”

Continuos poemas que sólo quedan plasmados y no-dichos por mí. Pienso que sería una pena que el viento se los llevase y por eso quedan impresos en tinta.

Otro efecto realmente curioso es el denominado:

“EFECTO PERSECUTORIO” (Así lo denomina una verdadera amiga. Gracias María): es decir: presentir a ésa persona aunque sea lejos de ti. Intuir su sombra, oler su colonia, confundirle con otros/as ... Y acordarse del más pequeño detalle o recuerso a todas horas y pensar: “estuvo aquí, en ésa mesa con tal ropa”. La música que sonaba era Marlango canción 11 “trains” etc, etc. Y ves cómo tu mirada se ha quedado clavada en la pared, que han pasado 20 minutos, que no te has enterado que apenas queda gente en el café y que tú sigues ahí en tu nube: hechizado/a. Y es que es un sentimiento único, etéreo pero único. Personalmente yo no lo cambio por nada del mundo, usted?

Es un brebaje sin pócima. Una droga constante. Una droga en la que no nos importa ni lo más mínimo lo que sucede a nuestro alrededor. No tengo palabras para describirlo porque 1º los sentimientos y luego el amor. Porque los sentimientos se sienten no se pueden pensar.

Hay veces en las que me digo que en el amor o enamoramiento no exiten reglas que te puedes enamorar de quien sea: mayor o menor de ti, del mísmo género. Que puede que no exista, que son fruto de tantas películas, novelas... que hanto he releído y que lo único que existe es el cariño, el respeto y la convivencia. Lo que ocurre que nos olvidamos del deseo, ¿y la pasión? ¿No existen? Pues ... díganmelo ustedes.

Creo, sinceramente, que lo que nos ocurre es que como es algo tan intangible dudamos incluso de su propia existencia.

Tengo una amiga que cree en los chacras, en las energías que te llevan a amar a otras personas: actitudes, detalles, frases, silencios ... que te dan las pistas por dónde puede ir los/las otros/as. En una película de Isabel Coixet: “Mi vida sin mí” dice uno de los protagonistas que cito textualmente:”Cuando veo a una persona ya conozco el 50 % por cien, el resto lo voy conociendo poco a poco”.

Un claro ejemplo es el teatro (arte de las artes) donde ha de haber complicidad tanto entre los actores/actrices como con el público, si no cómo existiría la alta comedia??

Por ejemplo: el talento también es algo que aparentemente no existe pues son conexiones cerebrales y fisiológicas genéticas que nos hacen valer a unos y a otros no. Como reacciones químicas al igual que en el enamoramiento se fusionan se únen y desúnen: friccionan. Pues con el AMOR es lo mismo: con una persona conectas y con otras no.

Podría poner más ejemplos pero creo que son suficientes.

Realmente si usted no se ha enamorado y, por lo tanto, no ha encontrado a su media naranja, no deje de buscarlo/la nunca se sabe ... porque <>.

Otra cuestión es: y si siente algo, ¿qué? ¿qué hacer? ¿cómo comportarse? ¿qué decir? ¿serán hermosos los acontecimientos?

Y, si realmente no siente nada??, “¡qué más dal!” pues ... ¿qué podemos hacer? Nosotros/as, seres mortales estamos y debemos estar limitados NO PODEMOS HACER absolutamente NADA. Lo tengo pensado y, como optimista que soy, me digo: bueno “ella se lo pierde!!!” Porque no habría día en mi vida en que “amarte” no le diría. Intentaría retratarle como ya he hecho, escuchar música a su lado, leerle poemas míos o de otros/as al oído, ver amaneceres, anocheceres ...

Y, es que, realmente es un PUTADÓN!!. Un desatino de cupido. Un amanecer sin sol, un anochecer sin estrellas, un mar sin peces en su interior ... y, ¿cómo sería si yo le besase diciéndole: “te amo tanto que de amor desfallezco”? Por otro lado ¿y si encuentro a otra persona que me corresponda? ¿qué me ame tanto o más de lo que yo lo hago?

Preguntas y respuestas que sólo el destino tiene preparado para mí y para ustedes. Hechos inesperados en un mar caótico de sensaciones que “pululan” (andan) por dónde menos lo esperemos. Puede que en el cine, en una discoteca, por la calle o por el supermercado de la esquina.

Por otro lado, ¿y si no le hubiese conocido? ¿qué habría pasado si no me hubiese atrevido a conocerle? Creo que me habría perdido un cúmulo de sensaciones irrepetibles. Durante los días en que le conocí estaba leyendo un libro muy romántico así que durante los meses siguientes me autoconvencí de que había mezclado realidad con ficción. Que aquel amor del que me había enamorado era fruto del libro. Pero lo que parecía casi-olvidado un día hablamos por teléfono y parecía que el tiempo no había pasado. Cuando nos encontramos su:”hola, qué tal?” todavía resuena en mi corazón y el tiempo no había pasado...

La sensación del desamor es, como diría yo, un vacío continuo de sensaciones que están presentes continuamente. Un café sin cafeína. Aunque desee llamarle mi cabeza me dice: ”no” pero mi alma dice justo lo contrario.

Hay quien dice que, ante estos casos, hay que tener DIGNIDAD. Yo reniego de ella, no me importa seguir adelante si con ello algún día consigo que pudiese leer esto. Que me desearía por todos los medios verle. Porque mi voluntad está en seguir porque considero al amor como uno de los sentimientos más nobles que existen.

Probablemente de lo que estoy hablando se puede ver como una visión muy romántica de la vida, del amor, del desamor ... ó, incluso como unas reflexiones que van de pretenciosas. Si lo son ése no era mi objetivo. Sólo me ilusiona la idea de que se puedan ver reflejados/as y hacerles pensar sobre el AMOR y el DESAMOR y de sus consecuencias... De ponerles en la situación de que “y si no soy correspondido/a, qué?” Y sobre todo hacerles reflexionar un poco pues nunca viene mal. Porque se puede querer a muchas personas pero AMAR creo que a muy pocas. Esto implica mucho sufrimiento –créanme- porque tampoco el amor es un camino de rosas. Implica llevarse muchos “palos”, decepciones; aunque creo que a pesar de los pesares vale mucho la pena. Y es que <>.

Cuando nos enamoramos de alguna manera volvemos a la niñez, todo nos hace gracia, tenemos fantasías infantiles con la otra persona, llegamos a ver la vida de otra manera y todo cobra sentido. Da igual si te enamoras de un chico o una chica porque lo importante no está en el envoltorio sino en el caramelo.

Y es que somos parte de un todo. No somos una persona y otra persona: es una relación que se odia y que se ama porque del odio al amor sólo hay un paso. De hecho el odio es una forma de amar. Diferente pero siempre que odias a alguien es que realmente lo/la has amado de verdad. Existe un texto de teatro llamado “Locos de Amor” (Sam Sheppard) en la que narra una tortuosa pero apasionada historia de amor-odio entre una hermana y su medio hermano: May & Eddye. Si algún día tuviesen oportunidad de leer el texto o ver alguna puesta en escena: no lo duden, pues es memorable. La pasión desenfrenada de ámbos hermanos rodea toda la obra.

En mi caso concretamente, de la persona de la que continuo enamorada y, de la que probablemente seguiré toda mi vida, hay varios detalles que me inquietan sin cesar: uno es su SILENCIO, no sé el por qué se calla. Quizá es que no siente nada. Lo cual sería muy comprensible ... He de reconocer que durante algún tiempo yo también me callé. Pues tenía un miedo atroz a que éste amor que ahora siento fuese correspondido. Tenía miedo de amarle demasiado. Y necesitaba tiempo para aclararme mis ideas. Tiempo para asimilar un sentimiento tan desbocante como es el AMOR y, ahora también lo necesito para asimilar el DESAMOR.

Pero sé que si algún día de mi vida pudiese compartir un solo beso, una sola mirada, un simple abrazo, un delicado apretón de manos eso me haría la mujer más feliz de éste mundo. Valoro increíblemente todas sus cualidades porque le considero una de las personas más inteligentes que he conocido a lo largo de mi vida y éste y no otro silencio me tiene inquieta. ¿Ustedes qué harían? He de ser sincera: no he parado de escribirle, de amarle –aunque fuese en secreto-, de pintarle y de acordarme de su mirada que todavía la tengo clavada. El problema en cuestión es que tiene pareja. Lo que no tiene por qué implicar que esté enamorada. Sí, en este caso es también una mujer, pero no una mujer cualquiera pues es ELLA.Recuerdo su presencia que ahora está ausente por cada bar en el que habíamos intercambiado simples palabras. Cada noche, justo antes de dormirme suspiro por su cuerpo, por un beso de buenas noches, hay veces en las que me levanto y daría mi vida entera por despertarme a su lado.

Un día tuve el inmenso valor de decirle al oído –pues estábamos hablando por teléfono- :”aunque la gente me dice y me repita que te ignore mi alma me dice que no”. ¿A quién hacerle caso?¿Al resto? ¿A mi alma?

Volviendo con su SILENCIO. ¿Qué puede esconder un SILENCIO? En mi caso escondía miedo: al fracaso, a ser correspondida, incluso a verla por la calle. Me prohibí amarla. También puede no-esconder nada. ¿Y si esconde pasión? ¿O amor? Porque todavía tengo su mirada clavada dentro. Y son pistas que me indican que voy por el buen camino, ó por lo menos voy por el mío y espero (no desespero, pues se puede perder todo menos la ESPERANZA) que es el que realmente me importa.

Igual sólo necesita eso: TIEMPO porque yo también lo necesité en su tiempo.

Han de saber que el principal órgano sexual que no son ni la poya ni el coño. No!!! Pues han de saber que es el cerebro. Por medio del cerebro se producen una serie de hormonas que nos hacen amar a quien menos pensemos.

Otro apunte que considero suficientemente importante es que lo más jodido de enamorarse es eso: DESENAMORARSE. Porque, que se sepa a día de hoy, no existe droga alguna para desenamorarse a quién tanto se ama. También se dice que una espina saca a otra espina. Mi humilde teoría es que primero se ha de sacar cuidadosamente a la primera para reponer otra. Es un proceso costoso, no se vayan a creer ustedes. A mí me ha costado lo mío. Después de numerosas llamadas sin contestar, silencios a no saber qué atenerme. Creo, por fin, que he encontrado la fórmula mágica.

Y es que para que nos sonría la vida hay que amar y ser amados/as. Y, sobre todo sonreírle a la vida !!El amor no es como algunos/as se piensan. Se sufre, a veces demasiado cuando no es correspondido por quien ha de serlo. Con el amor se mueven montañas, sale a relucir una parte nuestra anteriormente semi-oculta. También puede salir nuestra peor parte. Depende el momento, la relación ... etc.

Y es que la verdad está en la cabeza de cada uno/a. Las heridas se cierran pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles y volverán a molestar cuando cambie el tiempo y con ella el golpe que las originó. El amor pertenece a sí mismo. No es cosa que se pueda negociar. Es lo único más fuerte que el deseo, la única razón para resistir a la tentación.

A veces en el amor como en la vida se espera más y más y nunca se está satisfecho/a.

Ahora, con el tiempo, me doy cuenta de que realmente existe el NO. El eterno NO. Estaba bastante claro. Claro como para darme por vencida. Mi teoría es: seguiré ... buscando ó encontrando ... nunca se sabe...

Hay quien ve con la distancia que el amor es una desgracia. Desgracia por otro lado en la que no existen reglas de ningún tipo. También puede verse como un milagro. Depende.

Revista Y wendy creció y vio lo que había

Como non encontrei nada decente nos bares e a vida xa me parece tan sumamente triste: decin volver a creala. Ésta é una iniciativa individual. Allea a ideas político-relixiosas-festivas. Se a xente non vai ao arte o arte ha de estar en movemiento:
“Para estar aquí hai que espabilarse”.
Quen desee ferventemente colaborar só hame de escribir ao e-mail: ywendycrecio@yahoo.es . O arte como manifestación hase de aproximar o pobo, xa que sen él non tendría sentido algún. Atrevinme a distribuila. Quen se ose a leela que se ateña ás circunstancias. Como decía Unamuno: <>. Está aberta a todas aquelas almas que deseen compartir o seu porque compartir é vivir. Quen diga o contrario minte e quen mente oculta parte da verdade.

ywendycrecio@yahoo.es


ÍNDICE:

1. INTRO
2. POEMAS
3. CHISTES VARIOS
4. VIH
5. CINE
6. TEATRO
7. POLÍTICA
8. LIBROS
9. etc ... etc








2.Poemas

Mi piel desnuda

Tus labios carnosos besando con ternura
Mi piel desnuda
Existe el cielo con mesura
Echo de menos tu mirada
Que me mira extrañada
De tanto amor que yo tengo refugiada.
Tus párpados ocultan tu ser.
Tus cejas tu querer.
Salva tu alma de tanto odio y rencor.
Déjate ser para amar de verdad
Ojalá algún día amar te pudiese
Y despedir con un beso darte.
Gracias por existir mi belleza
Oculta por tu silencio que también me gusta.

Tu sofá rojo

Compré el sofá rojo
No estaba roto
Cuando lo compré
Era el que te gustaba
El que amabas
Lo arreglé
Y te lo compré
Tú lo querías
Yo te amaba
Pero tú no sentías
Lo mísmo por mí
Te lo regalé
Para verte en él
Sentada, acomodada
Relajada
Permanecerías en él
Cuan reina en su pedestal
Como una postal
Te sentaste en él
Lo amaste
Lo quisiste
Te emperraste
Te lo brindé
Con todo mi ser
Con que aquí está
Te lo doy
Con todo mi amor
Con toda mi pasión
Te lo brindo hoy.
De nada
Pues nada habrá
Entre nosotros dos.











































4. VIH
Al principio el SIDA era cosa de gays, después pasó a ser cosa de drogadictos y, por último, se transformó en asunto de heterosexuales. El VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) es el virus que provoca la enfermedad que conocemos como SIDA y que ataca el sistema inmunológico (sistema de defensas de nuestro organismo), destruyendo progresivamente algunas de las células que lo forman y que nos defienden de las enfermedades.
El SIDA es la última etapa de la infección por el VIH. Clínicamente se habla de SIDA cuando una persona tiene su sistema inmunológico muy debilidado y corre el riesgo de contraer infecciones, determinados tipos de cáncer o alteraciones neurológicas.
Una persona seropositiva (VIH +) es aquélla que está infectada por el VIH pero no ha desarrollado necesariamente SIDA, aunque puede igualmente transmitir el virus por medio de unas prácticas de riesgo concretas.
El VIH se encuentra en los fluidos del cuerpo pero sólo tienen capacidad de infectar la sanbre (también la sangre menstrual), el semen, el flujo vaginal y la leche materna. La infección se produce cuando el virus, transportado por uno de estos fluidos, penetra en el organismo de otra persona a través de las heridas.
El virus puede transmitirse por contacto sexual sin protección, a través de la sangre (por ejemplo compartiendo jeringuillas) y de una mujer seropositiva a su hijo/a, durante el embarazo o la lactancia.
Nuestro sistema inmunológico, ante la presencia de cualquier virus, genera unas células específicas que intentan luchar contra los virus: los anticuerpos. Pero cuando el virus entra en un organismo, éste necesita un tiemo mínimo para generar los anticuerpos del VIH. Este período de tiempo mínimo para generar los anticuerpos del VIH. Este período de tiempo oscila entre las 3 y las 12 semanas y en algún caso incluso puede ser superior. A este tiempo se le denomino “periodo ventana”. Durante dicho período la infección aún no es detectable a través de los tests sin embargo, la persona infectada por el VIH ya puede infectar a otras personas.
Así, debemos tener en cuenta que después de una práctica de riesgo es impresicindible dejar transcurrir tres meses antes de poder realizar la detección del VIH de una manera fiable.
El tratamiento de la infección por VIH es mediante antirretrovirales específicos. Actualmente se ofrece la posibilidad de tomar una combinación de 2 a 5 fármacos. El seguimiento estricto de las pautas del mismo es muy importanta.
Extracto de En tus prácticas sexuales tú escoges la seguridad que quieres tener
Stop Sida
www.stopsida.org
stopsida@stopsida.org
tel: 902 120 140

5. CINE: “Los dos lados de la cama”

Para los/las que ya hayamos visto “El otro lado de la cama” seguramente que la segunda parte no nos ha sorprendido. Aunque sea un tópico decirlo: <>. Casi todo se viene venir. Las actuaciones/canciones muy en la línea de la primera parte. Los/las actores/actrices muy en su papel. No sobreactúan. Lo siento pero Guillermo Toledo me pone un poco nervioso, realmente ¿actúa ó es así en realidad? Las versiones son versiones que tampoco es que vayan muy allá, vamos que no se mojaron y cuelan pero no sorprenden. La que no deja de sorprenderme es María Esteve pues es sumamente ella y cuando digo ella es que es fresca, con sarasa, con chispa. Las coreografías están bien. Yo sinceramente la recomiendo pero si no han visto la primera seguro que les sorprende. Para adelantarles algo a aquellas personas puritanas hay una relación bollera entre las dos protagonistas pero no dejan de ser meras insinuaciones y una escena en que no pude más y rebenté con la risa. Ahora opinen ustedes. Que los Goya están a la puerta de la esquina.


6. Escritos sobre teatro (no nos miremos el ombigo)

Como muchos/as ya sabréis la Sala Galán ha cerrado: muchos años de lucha continua para que la danza se haga un hueco en el panorama de nuestra ciudad. Pronto hará un mes y ya nadie hable sobre ‘La Galán’. Allí he visto: danza, danza-teatro, teatro ... a veces dudo mucho sobre el significado y significante de la danza, sinceramente me parece demasiado abstracta, demasiado conceptual, demasiado ... Mi humilde visión sobre el arte general es que ha de intentar (aunque sólo sea eso) llegar a todo tipo de espectadores. ¡Basta ya de “pajas mentales”! Ellos celebran anualmente el festival: “En pé de pedra” supuestamente ellos son una sala alternativa, ¿alternativa a qué? Me lo he preguntado muchas veces una y otra vez sin obtener respuesta. Pero ése es otro tema. Espero que a pesar de que hayan cerrado éste año se vuelva a celebrar dicho evento, pues sería una gran pena. Porque la música, los distintos y variopintos espacios, el ambiente, los artistas ... la gente, todo semeja tan mágico (aunque a veces se le vaya ...)
Quizá sea que tenemos una visión muy distinta del arte, del teatro y de la danza. Realmente no lo sé. Lo que sí sé es que deseo que me cuenten una historia: una sencilla historia. Nada más. Me acuerdo ahora de J.Grotowsky y su teatro pobre. Si viese lo que hay hoy en día ... se volvería a morir del susto. Para que exista tanto teatro como danza ó performances sólo es necesario que haya un actor/bailarín y al menos una persona como público. Nada más, pues el resto sobra: son adornos. Respeto profundamente el teatro total pero lo que admiro apasionadamente es el teatro del actor. Ésta es la idea del espacio vacío de Peter Brook.

Firmado:




7. El Relevo de Susan Sontag
Hará ya un año del fallecimiento de mi “querida” amiga Susan Sontag: feminista y luchadora tenaz, de fuerte carácter y crítica con todo aquello que no le parecía “correcto”. La conocí en el Príncipe de Asturias y leí su ensayo <>, más tarde pude conocer su extensa obra.
En los días en que vivimos y respiramos semeja que no estamos seguros por gracia/culpa del terrorismo tanto islámico como del IRA como de ETA. Aunque intentemos por todos los medios salvarnos el miedo ya se ha apropiado de nosotros. Aunque intentemos evitarlo ya no podemos. Es un hecho. Pues ¿qué podemos hacer? Como bien decía Jonh Locke: “El hombre es un lobo para el hombre” y no mentía. Somos crueles, egoístas y egocéntricos. La solidaridad no sólo es cuestión de navidades. También es hoy.
Por ello todos los días asistimos, como si fuese de lo más normal y natural del mundo, a continuos hechos que nos ponen los pelos de punta. Nada podemos hacer ... como dice el dicho: “ojos que no ven, corazón que no siente”. És una verdad como un templo. Aunque no debería de ser así. Pues en cualquier momento nos podría ocurrir a nosotros, entonces: ¿qué? ¿cómo reaccionaríamos? ¿nos gustaría pensar que el resto del mundo nos ignora? Y que se están tomando plácidamente el café ó que están dudando si comprarse un par de zapatos rojos o negros.
Pues así se escribe la historia. No hay más que hablar: ¿o sí? ¿ustedes que creen? ¿creen? ¿en dios? Respetando lo presente, es decir, a ustedes, yo no me lo doy creído a él, a dios. Por mucho que se empeñe la iglesia y algunos pocos. Porque dudo mucho que él lo permitiese. Que si el tsunami ... que si lo de Guatemala, que si lo de Ruanda y Uganda, por no hablar de lo Etiopía y Somalia. Claro que todos tenemos problemas pues es evidente y llevar la vida con todos sus contratiempos ya es bastante para todos. No hemos de olvidarnos del resto porque nunca se sabe ... pues dicen también que “se aprende de los errores”. Bueno pues después de la segunda guerra mundial vino la segunda y sabe “dios” cuando vendrá la tercera ó la cuarta.
Son numerosos los ejemplos de que nuestro destino no está en nuestras manos. Aunque no debería ser así sólo está en manos de unos pocos: los ricos y los poderosos políticos. Que se miran a su ombligo y a su bolsillo. Prometer prometen pero del dicho al hecho: hay un largo camino muy estrexho.
Yo, sinceramente, me quedo con el no-saber, con la IGNORACIA para vendarle los ojos a mi pobre corazón para que no sienta ni rabia, ni impotencia ni frustración.

Que las nubes te arropen: S.Sontag.
... y wendy creció y vió lo que había a su alrededor.




7. LIBROS

(Éstes son fragmentos de un libro llamado NIEVE no recuerdo su autor. Por ello pido perdón. En los próximos números si os ha gustado la iniciativa aparecerán las siguentes páginas. Es una de las mejores novelas cortas que he leído en toda mi vida. Haré lo mismo con Seda de Alejandro Baricco. Espero vuestra respuesta. Wendy.)

Sólo el blanco para soñar

ARTHUR RIMBAUD

1

Yuko Akita tenía dos pasiones.
El haiku.
Y la nieve.

El haiky es un género literario japonés. Es un breve poema compuesto por tres versos y diecisiete sílabas. Ni una más.

La nieve es un poema. Un poema que cae de las nubes en copos blancos y livianos.
Ese poema viene de la boca del cielo, de la mano de Dios.

Tiene un nombre. Un nombre de resplandeciente blancura.

Nieve.

2

Viento invernal
un sacerdte sinto
vaga por el bosque

Issa

El padre de Yuko era sacerdote sintoísta. Vivía en la isla de Hokkaido, al norte de Japón, allí donde el invierno es más largo y riguroso.
Le enseñó a su hijo la fuerza del cosmos, la importancia de la fe y el amor a la naturaleza. Le enseñó también el arte de componer haikus.
Un día de abril de 1884, Yuko cumplió diecisiete años. Al sur, en Kyushu, comenzaban a florecer los primeros cerezos. En el norte de Japón, el mar estaba todavía helado.
La instrucción ética y religiosa del joven había ya concluido. Había llegado el momento de elegir un oficio. Desde hacía generaciones, los miembros de la familia Akita se dividían entre la religión y el ejército. Pero Yuko no quería ser ni sacerdote ni guerrero.

- Padre- dijo la mañana de su cumpleaños, junto al río plateado-. quiero ser poeta.
El padre frunció el ceño de modo casi imperceptible, pero ese gesto traslucía una profunda decepción. El sol se reflejaba en las tornasoladas aguas. Un pez luna pasó entre los abedules y desapareció bajo el puente de piedra.
- La poesía no es un oficio. Es un pasatiempo. Un poema es agua que corre. Como este río.
Yuko clavó la mirada en el agua silenciosa y huidiza. Luego se volvió hacia su padre y dijo:
- Es lo que quiero hacer. Quiero aprender a mirar cómo pasa el tiempo.

3

Estalla el jarro de agua
(ha helado esta noche)
Me despierta

Bashô

-¿Qué es la poesía?- preguntó el sacerdote.
- Es el misterio inefable- contestó Yuko.
Una mañana, el ruido de la jarra de agua al estallar hace germinar en la mente una gota de poesía, despierta el alma y le transmite su belleza. Es el momento de decir lo indecible. Es el momento de viajar sin moverse. Es el momento de ser poeta.
No adornar nada. No hablar. Mirar y escribir. En pocas palabras. Diecisiete sílabas. Un haiku.
Una mañana, nos despertamos. Es el momento de retirarse del mundo para que nos sorprenda mejor.
Una mañana, nos tomamos tiempo para vernos vivir.


Quería agradecer neste primeiro número sobre todo a todos/as que me queren. Vos terei en conta para o que queirades e pois espero que vos animedes a escribirme!!!
ywendycrecio@yahoo.es
Atentamente,
Wendy.
Porque crecer cuesta lo suyo

AMEN

...Y wendy creció

... y Wendy creció



He decidido escribir éste relato corto por numerosas razones que ahora no vienen a cuento, pero la principal es que me da miedo la prosa, la novela y/o el relato corto, es uno de mis propuestas y retos para el año que acaba de nacer.


... y Wendy creció.


Todo ha de empezar siempre por el principio, no es mi caso, he nacido al revés, de culo. Tengo tres años metafóricamente hablando. De hecho cumplo más.

Tengo tres amigos favoritos. Tengo 3 actrices favoritas. Tengo 3 películas favoritas. El tres siempre me ha acompañado cuando menos lo he premeditado.

3 han sido las mujeres de las que me he enamorado perdidamente. En las 3 ocasiones ninguna de ellas me ha correspondido.
Por ellas tres daría todo lo que tengo: mi alma, mi tiempo y mi vida.

Tres cosas le pediría a las reinas magas: que me amen con pasión, que me mimen con amor
Que no me causen dolor.

A parte de eso, nada puedo pedir, porque nada tengo, nada deseo sino sólo eso:
sólo un Beso.

Con una de mis amores he sufrido, sufrí y sufriré lo insufrible. La he amado con toda mi alma. Durante un tiempo pensé que la había ... olvidado.

El tiempo o el destino han sido crueles conmigo. Pues no me ha amado. Yo a ella sí. Ya que todavía hoy se niega a verme, escucharme y coger el maldito teléfono...

Me he de conformar con sólo su recuerdo. Que, obviamente lo recuerdo con añoranza y esperanza de que algún día de su vida me comprenda y me entienda. Yo a ella la seguiré amando. Hasta el fin.

El final. Por ahí he de empezar.

Todo acabó como había empezado: nada. Y la nada es el sentimiento más ruín y más malvado que existe. El NO eterno. Un pozo sin fondo, un día sin sol, tener hambre y no comer ...

Una vez pasado el tiempo me pregunto sin cesar si la verdad es que no es mejor así. Somos demasiado semejantes como para amarnos semejantemente, valga la redundancia.

Pero habría dado todo. Sin pedir nada a cambio. Cuando la conocí intuí que algo me ocurría en mi estómago, ahí por el hígado ó el páncreas.

Todavía al oír su voz en mi interior tengo unas cosquillas constantes, un no sé qué hacer si la veo. Le escribo sin esperar respuesta alguna.

Si os digo que la conocí en un bar miento, mas en un bar fue cuando me pregunté: “ ... y ella me puede ... amar ... a mí??” Es la segunda persona de quién me he enamorado perdidamente.

Sin buscarla la encontré. Sin pensarlo me encontré con una serie de sentimientos que reconocía perfectamente. Aquellas palabras eran el inicio del fin. Del fin de nada, como ya han adivinado.

Me acerqué a ella todo lo que pude. La escuchaba atentamente. La observaba desde la distancia. La amaba sin imaginarme el final de la nada. Siempre con ilusas ilusiones ficticias? Verdaderas?

Conociéndola un poco era muy evidente lo que me podía pasar. De hecho así fue. Es demasiado buena como para ser real. Es alguien de marcado carácter, de personalidad muy fuerte,quizá demasiado?

Confieso que no cambio lo que viví muy intensamente durante aquellos tres días de hace casi tres años por nada de mis tres posesiones... bueno sí por su amistad, que la he perdido.

Ella es ... digamos que es: especial, de mirada profunda, un poco más baja que yo, ojos miel, cara pálida, y espíritu revolucionario ... y muy-muy responsable. Cualidades que amo ante todo.

Yo soy ... digamos que soy: normal, amo las “cosas” bellas, amar con pasión y el número tres- aunque depende la situación-. No tengo nada más que dar que mi vida, mi pasión y mi tiempo.

Cada cual con lo suyo. Demasiados semejantes. ¿Será cierto eso de que los polos semejantes se repelen? Es el destino y cupido. Cupido falló y no se lo tendré en cuenta, al menos de momento.

Hay innumerables miradas, situaciones que mi pobre corazón mira de soslayo y me dice que me guié por él. Y, que, sobre todo me guié por mi alma que también es mía.

Como recordarán ha sido, es y pues será el gran amor de mi vida. La recuerdo como alguien bello. Un ser que sigue a su instinto, distinto a mi destino. Su nombre no es importante.

Su nombre es amor en un idioma que muy poca gente entiende. Ella tampoco me ha intentado entender. Yo a ella sí, desde todos los ángulos angostos tal si fuese ella un caleidoscopio.

Adoro los caleidoscopios, porque nos aportan una visión sumamente angular de la vida. Ó eso creía yo, infeliz de mi. Cada cual con lo suyo, que para complicada la vida.

De hecho la vida es más sencilla de lo que los mortales pensamos: o sí o no. No hay más vueltas que darle. Porque para dar vueltas ya existen los tiovivos. Yo nací en uno de ellos.

Nací en un pueblo determinado. Determinado por la naturaleza y determinado por la vida. Vida la mía que un día se topó con la suya. A la que amo profundamente.

En cuanto me dí cuenta de que la amaba tan ... profundamente hice todo lo posible por prohibirme amarla. Un día descubrí una foto suya por la computadora y no cesé de ... amarla.

La amaba con tanta dedicación como se puede amar a un objeto bello, dichoso él que se presenciaba ante mí. Poderosamente me poseía y no cesaba de observarla.

El tiempo siguió sin detenerse ante tal acontecimiento. Mi amor por ella resurgió sin cesar. Sin pestañear me encontré llamándola un día de nuestras vidas.

Y el tiempo no había pasado. Cuando el tiempo pasa un beso es sólo un beso, un suspiro sólo es un suspiro. Cuando el tiempo pasa ... eso es lo importante. Ó eso dicen.

Al oír su voz rasgada por quién no cesa de hablar le llegó a mi alma cuan agua de mayo ... y eso fue lo que me brindó la oportunidad de volver a ... amarla.

Desde la llamada de teléfono pude comunicarme con ella por medio de la computadora. Su: “Estoy viva” me retumbó. Tuve que releer lo escrito para comprobar que su alma estaba impresa en él.

Nada estaba escrito. La vida no se escribe hasta que estamos preparados para contarla y/o transmitirla. Es necesario el tiempo. El tiempo necesario para asumir la realidad.

Es evidente que depende de quién te narre la realidad puedes sacar unas conclusiones ó otras. No existe la mentira, es según se mire la verdad.

Y la verdad como el amor es tan subjetivo como el tiempo: a veces nos pasa sin darnos cuenta. Otras veces por el contrario no nos pasa, curioso, ¿no?

Nuestras miradas se encontraron después de lo ocurrido y de lo no-ocurrido. Cuan dos gotas de agua, no se separaron hasta que terminé el café que me tomé.

El tiempo se paró. Sin mirar atrás ó a los lados. Stop. Y es que el amor nos pone una venda en los ojos que nos impide ver la realidad.

Mi mente no cesaba de repetirme que no. Mi cuerpo y mi alma no paraban de repetirme: soy para ti. Tómame ahora ó nunca. Hubo un par de insinuaciones que sólo fueron eso: insinuaciones.

No me arriesgué. ¿Por cobardía? ¿Por precaución? Por amor. Nunca, desde que la conocí, me mencionó si tenía pareja. Perpleja yo continué ... amándola. Aunque fuese en secreto.

Mi secreto.¿Nuestro secreto? No lo sé. Ahora sé la verdad. Pero daría mi vida entera por saber su verdad. El tiempo siguió su rumbo, el que fuese que fuese a dar: al mar.
Nos vimos en el mar. Junto a su cala más amada. Yo con mi amada y con su mirada. Llevaba gafas. Yo también las usaba. Tampoco nombró a su amor. Tardé en verla ... a ella.

Tomamos otro café. Sin espectativas de ningún tipo por ninguna de ámbas partes. Deseé abrazarla, coger gentilmente su mano cuan dos enamorados en busca de ... no sé qué ...

No cesaba de repetirme: no, no, no ... mas el alma ha de ser tan fielmente cruel para llevarnos la contraria. Y el tiempo retomó su camino instintivamente.

Una conversación sobre arte. Sobre la vida. Sobre el mar. Me interesé por su forma de escribir ... con puntos suspensivos. Tres puntos suspensivos para no dar nada por ... definitivo.

Tres eran los hijos de Andrés. Tres los elementos que hablamos. Y tres las palabras que describen a una persona: nombre y apellidos. Y tres las hijas que desearía tener con ella:Nieve,Roma y Etiam.

Obviando la realidad no se consigue absolutamente nada. Sólo conseguimos que las cicatrices no se curen. Aunque ellas permanecerán y el tiempo no las borrará.

Volvió a surgir distancia entre ámbas almas. El abrazo que le sugerí no me lo devolvió. Lo cual me daba pistas de que no me amaba ... tanto como yo a ella.

Aunque como dicen: “ojos que no ven, corazón que no siente” Yo seguía y sigo sintiendo la misma pasión por ella que entonces. Entonces mi vida tomó caminos inesperados.

Huí: de ella y de todo lo que más amaba en éste catótico y eterno encuentro. Necesitaba oír su voz, al oído, y que me susurrase que me amase. Pero no lo hizo. Nunca sucedió lo ansiado por mí.

Huí y huí de ella a través de tempestades, de mares, océanos y gentes diferentes a lo inesperado. Decidí ir a un país lejano para aprender de lo ajeno para observar lo nuestro con esperanza.

Esperanza de que algo cambiase entre nosotros dos. Que fuese más ayá de una mera y sencilla amistad. Admiré con asombrosa quietud el anochecer desde la distancia.

Admiré a gentes de las que pude aprender algo más que su idioma. Me asomé a distintos formas de ver la vida. Me comuniqué como pude. Sin perder la perspectiva que da el sinvivir.

Pude comprender la belleza de los detalles más ínfimos. Que posteriormente me llevaron a llamarle. Con exasperación llamé a quién tanto he amado.

Le brindé la declaración más explícita de amor que había hecho hasta entonces. Le pregunté sin descaro alguno si sabía lo que significaba su nombre en un idioma que los dos no comprendemos.

Fue la primera llamada que realicé al llegar al mismo país dónde hemos habitado hasta entonces. Ingénuamente le pregunté si sentía algo por mi persona. Solamente cariño.

No supe qué contestar. Pues cariño se le puede tener a un teléfono o a una mesa. Especiales éstos aparatos, mas no a una persona. Me quedé sin poder pronunciar nada más.

Una inmediata mudez se apropió de mí. Me quedé inmóvil. Lloraba y lloraba sin cesar, sin expresar mis sentimientos a ningún ser viviente. La soledad se había introducido en mí. No supe que decir.

A mi llegada sólo tenía mi alma y su recuerdo. El amor me sobrepasaba. Deseaba morirme y me quedé en la quietud. Como quien descubre lo indescifrable ... ¿Qué podía hacer?

Hacer. Un día no aguanté más de lo que podía haber aguantado ya. La llamé y supe que tenía su corazón ocupado por otra alma. Dichosa alma!!

Cuan Wendy en busca de el país de nunca jamás me dediqué ofuscadamente a redactar el regalo más delicado dedicado a mi “no-amor” correspondido.

Sin esperanza alguna me entregaba fielmente a la literatura, buscando nombres, palabras ... con su recuerdo en mente que no cesaba de repetírseme.

Sin esperanza alguna deseaba compartir con ella ansiados y determinados momentos que nunca se han producido más que en mi perversa mente.

Sin esperanza alguna comencé a recorrer calles sin cesar. Me entregué a otra de mis pasiones que permanecía semi-oculta. Dramáticamente me entregué sin máscara alguna.

Obtuve grandes gratificaciones de quien me ha querido. Trabajé y trabajé. Intentando reconstruirme por dentro y por fuera. Me cerré a que alguien se metiese en mi cuerpo.

En cuerpo y alma dedicada a otros menesteres observaba cómo la realidad traspasaba mi alma. Confusa por tantos sentimientos que me transbocaban al mero fracaso.

Había días en que los que apenas existía. Estábamos sólo mi empeño por cambiar éste pequeño mundo y yo. No cesaba de sorprenderme.

Me imbuí en un caos creativo. Sin dejar espacio al amor más que en la ficción. Me vaciaba por dentro llenándome por fuera. Necesitaba tanto al trabajo como yo a él.

Y lo peor estaba por suceder. Recuerdo vagamente el motivo. Sólo recuerdo la sensación. La sensación de ... no querer seguir. De sentirme sin motivaciones.

Lo que ocurrió no lo recuerdo. Recuerdo que dormí y dormí sin cesar. Sólo con la sensación de no-estar. De no-sentir. Me maldije por haberla conocido. Maldije todo lo que había hecho.

Y no-hecho. Me maldije con lágrimas en el alma y no quise volver a verla. Más bien deseaba amarla tanto y decirle que mi amor por ella nunca se ocultaría tras ningún cristal opaco.

Decidió hablar. Mi sorpresa fue brusca, inesperada, inaudita ... en sus palabras se despedía con un beso. No podía ser!!! De hecho no lo fue. Hablamos y la mudez se volvió a apoderar de mí.

Su no fue un duro golpe en mi alma. Mi ansiado regalo fruto del esfuerzo y del amor por ella la había dañado. Perdón. Sólo le puedo pedir eso. Mas arrepentirse es de ineptos.

Porque hay veces, las más, en que prefiero arrepentirme de lo hecho y no de lo no-hecho. Sus palabras poseían: rencor, dolor y un poderoso sentimiento de veneno. La comprendí. Soy así.

Mis lágrimas surcaban mi alma sin cesar. No sabía a quién implorar, si es que se podía implorar a alguien. Quizá a ella: su perdon. O quizá a su orgullo dañado.

Desde aquel entonces no supe de su vida. A pesar de que la deseaba en cuerpo y alma ya tenía lo que yo no quería su NO eterno. Desde aquel entonces desaparecí de su vida.

Seguí trabajando por un tiempo no demasiado largo en mis quehaceres cotidianos. Reflexioné, le seguí escribiendo. Creando las mejores palabras que he creado.

Fui creando a una persona totalmente distinta hasta entonces. Prohibiéndome amarla conseguiría por lo menos evitarle sufrimientos inútiles para ámbos.

Pasaron días, segundos, anocheceres, meses ... canciones sin sentido alguno. Mi vida mudó. Me invuí en una vida sin complicaciones. Con monotonía y sin explicaciones.

Pero en el momento en que la olvidé: su recuerdo volvió a mí sin llamar a mi puerta. Por muy ciegos que permanezcamos el amor no se muere: permanece y no-perece.

Y wendy creció ... en mi interior. Volví a escribir, a escuchar música, a comunicarme con el resto del exterior. Había pasado el suficiente tiempo como para dejarme de mentir.

Porque la mentira sólo oculta la verdad. Y se puede huir de todo menos de la verdad: de la nuestra. Que es la única que nos ha de importar.

Caminé y caminé. No se pueden ni imaginar cuántas millas he recorrido para retomar el mismo camino ... el que un día me llevó hacia ella.

Y, por algún motivo, desconocido para mí nuestros caminos se cruzaron por una noche. Sin palabras se llega a muchos lugares. La deseé con auténtica devoción.

Pues tengo grabado a puño y letra el sentimiento que siente hacia mí. Lo inesperado, lo inocuo, lo ... no-amado hacia alguien. Después de tanto sufrimiento me creí sentir libre.

Ahora, en éstos momentos, la sigo amando hasta el infinito. Escuchando músicas que nos harían amarnos con auténtica pasión. Recreando momentos pasados y añorados.

Imaginando situaciones ficticias, irreales pero únicas en el tiempo. La sigo amando y, gracias, a éstos escritos puedo transmitirlos. Desearía con toda mi alma que le pudiésen llegar y traspasar.

Traspasar la realidad que fue un día, que me hizo huir deseperadamente para reencontrarme otra vez contra la pared; contra lo mismo: el desamor.

Porque si el desamor es odioso no me quiero ni imaginar lo maravilloso que sería el amor. Y es que en ésta historia lo que no hay es un beso de amor.

Por todos los medios intenté hacerle ver que lo sentía. Que sentía lo que sentía, es decir que no lo sentía. Que en ésta historia no existen culpables: sólo somos víctimas de nuestras circunstancias.

O eso dicen. Aunque he de reconocer que lo que digan o digan me sea indiferente. Pues todo lo ocurrido es ya parte integrante de unas sencillas palabras: “yo te amo”.

Tres palabras. Tres cafés. Tres encuentros. Y fruto del factor suerte. Que cupido no atinó y todo eso. Porque no hay peor que enamorarse de quién no se ha enamorado de ti.

Porque Wendy creció. O eso dicen. Y ésa Wendy es la Wendy que todos y todas llevamos dentro. Quizá la pasión ... quizá el amor ... quizá el orgullo ... quizá una sencilla razón para seguir ... creciendo.

Porque dicen: “Hace falta mucho valor para reconocer lo que amamos”. Y también dicen: “Es una catástrofe mundial el no poder obligar a que nos amen”.

Desde la distancia, con la perspectiva que me da una supuesta madurez me quedo sin palabras, otra vez, al observarla y no poderle decir lo mucho que la he deseado todo éste tiempo.

Desde la distancia, desde la inocencia, desde la paciencia, desde el corazón no ceso de repetirme:
“En el amor vale todo” (aunque no se pueda comprar).


AMEN











He de darle las gracias a quienes han osado leer
éstos “versos libres” compuestos por tres estrofas.
Gracias a ella no lograría conseguirlo: Gracias etiaM.
Gracias a los que un día me dieron la luz:
Lucía.
No quiero obviar a Marlango (de tres sílabas!!) por componer Trains –entre otras-
Y a Win Mertens: “Close Over”
Y a Capercaille: “Prince of Fire”
Bueno y a mi abuela: “La felicidad en estado puro” por ser la mejor abuela que haya pisado ésta dichosa tierra. Te lo debo a ti: un beso.


Porque lo mejor aún está por llegar

El suicidio de los sueños

El suicidio de los sueños ...




Dedicado a quien he amado hasta el infinito.




El suicidio de los sueños
Me considero una auténtica soñadora
Desde siempre he soñado mucho
Y en especial ultimamente.

Me he prohibido amarte
Amarte de verdad
Prohibiéndote ver
Pero soy incapaz

Observo tu recuerdo
Que se esconde donde no lo veo

Deseo verte, amarte
Y besarte.















ART.1º: “Es una catástrofe mundial,
El hecho de no poder obligar
A que nos amen”

Cuántas veces he soñado
Que tu silencio fuese algo más

Cuántas veces he ansiado
Que fuese algo más

Cuántas veces te he amado
Sin mediar palabra

Cuántas veces te he observado
Sin hablar nada

Cuántas veces ...??

Cuántas veces te susurraría
Que te amo más cada día!!
Vida mía
Porque de hecho lo hago
Te profeso un amor profundo
Eterno en la eternidad
Hetéreo en la hetereidad

Cuántas veces te amaría
Moviendo el cielo y las nubes
Para que subas conmigo
A dónde quieras
A dónde desees
A dónte te lleve ...
Porque te amo
Y, con eso me basto

Te rodearía de flores
Te amaría con amores
Todos los lunes
Azules o no azules
Porque soy quién soy
De amarte al cien por cien

Escuchando canciones
De quién tu quieras
De quién tú desees
Te despertaría
Con un beso cada día

Leyéndote poemas
Leyéndote melodías
Cantándote al oído
Cuánto me ha dolido
Tu silencio
Tu no-presencia

No dudes que lo haría
No dudes que te amaría
Como el primer día

No lo dudes
Te amaría con amor
Te amaría con pasión
De quién tanto he amado
Sin haberte besado
Sé que eres tú
Quien se esconde
Detrás de tu nombre
Que amor es en euskera
Un idioma que ni siquiera
Comprendo
Te entiendo

Sabes que soy la primera
En ponerme en tu piel morena

Sabes que te comprendo
Aunque no te entiendo
Porque ésos silencios
Me han matado
De amor?
De des-amor!!!
Más bien
Te cuidaría muy bien!!

ART.2º: “Si el amor es ciego ...
(... ¿por qué no quitarle las vendas?)

Ya ha pasado tiempo,
El suficiente como para olvidarla
He sido incapaz de ello
Todavía me resuena su voz
Todavía me resuena su tono
Todavía ...!!!
Pasan los días y me deshago
Cada día
Por dentro
A veces no puedo
Con tanto amor
Que llevo dentro
Pensé que sería sencillo
El olvidarla, el no-amarla
El enamorarme de otras
Y así ser feliz
De una vez por todas
No he podido
Me tiene presa
Presa de su cara,
De su cuerpo
Que tanto deseo
Presa de su alma
Que deseo besarla
Tanto que lo daría TODO
Todo por NADA
Nada por TODO

Estoy deshecha
Mis ruinas están deshechas
Por dentro
Me duele todo
Y no encuentro el modo
La fórmula de olvidarla
Para no-amarla
Y decirle al oído:
Te amo tanto
Que todo el oro del mundo
Sería insuficiente para saciarme
Del amor que ahora siento por ti
Mi belleza robada
Por quién no me ama

ART.3º: “ El amor mueve montañas, ríos, rocas ...”

Te tengo hasta en las entrañas
Pues no sé de qué te extrañas
Porque tu recuerdo
Lo recuerdo
Porque tu amor
Lo añoro
Me tienes prisonera de tu alma
Cándida, añeja como buen vino
En su bodega.
Me tienes presa
De tu boca que no me deja
que no me besa
Me tienes ausente
En mi presente
Que se presenta
Ante ti, poderosa diosa
Que me abrasa
Y no me abraza
Quisiera abrazarme contigo
Besar tus preciados labios
Comerte sin mesura
Lamberte con dulzura
Y gritarle al cielo qué hermosura
Tengo ante mis ojos
Que tampoco me aman
Como yo desease
Te deseo
Te doy un beso
Para sellarte tus poderosos labios
Que saben a miel
Me gustaría ducharme
Contigo
Desnudas
En un mar que no abunda

ART.4º: “Si ojos que no ven
... corazón que no siente?”

Con el tiempo te había olvidado
Pero una música de antaño
Vino en mi busca sin yo pensarlo.
Había pasado el tiempo
Y tus recuerdos se habían esfumado
Misteriosamente tu recuerdo sigue presente
He sabido que desde siempre
Desde el mísmo día en que te conocí
Tu entraste no sé cómo en mí.
Recuerdo cada instante
Recuerdo momentos distantes
Te recuerdo tal y como eres
Quise olvidarte
Quise amarte
Prohibiéndote amarte
Te he pintado en un cuadro
Te he brindado mis mejores momentos
Poemas como pasatiempos
De mis sentimientos.
Me he descubierto ante ti

Me despierto,
No te veo.
Vagueo por las calles.
Busco desesperada tu cara,
Tu sonrisa que no veo,
Tu cabello que tanto deseo.
Pistas que me guíen hacia ti,
Dónde te metes?
Mientras vagueo tras tu rastro me miento!
Dónde te escondes?
El día que te encuentre
No sabré dónde meterme
No sabiendo qué decirte
A mi mente vas y vienes
Tu mirada me persigue
Tus manos me susurran
Cómo me rozarían?
Cómo te besaría?
Son espejismos lo que siento?
Oasis inmundo
Tu boca arena desiértica
Tu cabello el desierto
Cuándo poder llegar?
Eres real
Tu cintura son ondas
Y tu voz me susurra.

ART.5º: “Se puede morir de Amor”

Tus labios carnosos besando con ternura
Mi piel desnuda
Existe el cielo con mesura
Echo de menos tu mirada
Que me mira extrañada
De tanto amor que yo tengo refugiada.
Tus párpados ocultan tu ser.
Tus cejas tu querer.
Salva tu alma de tanto odio y rencor.
Déjate ser para amar de verdad
Ojalá algún día amar te pudiese
Y despedir con un beso darte.
Gracias por existir mi belleza
Oculta por tu silencio que también me gusta.

Belleza etérea que es tu voz
Llévame contigo amor
A dónde vayas
A dónde quieras
Llévame al rincón de tu corazón
Allí dónde sólo la imaginación es capaz de llegar
Con su luz azul.
No mientas si me amas
No me pidas perdón
Porque no quiero tu compasión
Sólo el tiempo y tu recuerdo
Me salvan de éste sentimiento
Que es el desamor.

Miedo siento
Miedo de amarte
Miedo de sentirte
Miedo de rozarte
Miedo de besarte
Amarte hasta el final de mis días
De encontrarte mañana
Y no saber qué decirte
Porque siento pasión por tu amor.



ART.6º: “Hace falta valor para reconocer lo que amamos”

Me muero por tu risa que no veo.
Por tus brazos que no me rodean.
Ojalá algún día de tu vida tus senos me rozasen
Y tus caricias me amparasen.
Sólo el cielo testigo fuese de éste amor que ahora siento.

Miedo porque tu voz presiento.
Dentro
Tu mirada observo.
Lento.
El teléfono suena.
Tiempo añorado, ansiado.
Respeto siento por tu ser.
Presencia ausente de tu querer.
Tu voz me acaricia sin querer saberlo.
Te quiero y no puedo pronunciarlo
Me muero sabiendo que tu querer no atinó.
Lo siento.

Por ti lo daría todo,
Vida mía,
Cada día “te amo” te diría
Tanto que sufro por tu ausencia
Diurna día tras día.
Te ausentas y me haces sentir más desgraciada todavía.

ART.7º: “Cuando vemos a alguien ya conocemos el 50%, el resto lo hemos de dejar para después”.

Me gustaría que heredases todo
Aquello cuanto he poseído,
Sabes que es mi tiempo
Y mi vida
Que aunque mía,
Lo daría todo por la tuya,
Vida mía ...
Te amo sin contemplaciones,
Sin condiciones,
Mas no te puedo obligar a ello,
A que me ames
Tanto o más que yo a ti sí.
Te profeso una inconmensurable admiración,
Y un venerable amor,
Que sin ti no soy nadie,
No nada, nadie.

Pero qué más dá?!!!
Si aunque te escriba, llame,
Sueñe contigo,
Tú nunca serás mía.
Qué he de hacer yo?
Mortal de mí,
Joderme y seguir ...
... buscando ...

ART.8º: “Lo importante no ha de estar en el emboltorio,
Si no en el caramelo mismo”

Te he amado con behemencia,
Con conciencia
De que tú a mí no ...

Te he amado con behemencia
Con la inocencia del primer suspiro
Con la paciencia del primer beso ...

Te he amado con la inocencia
De un niño en su adolescencia

Y te seguiré amando con independencia
De que me correspondas ...

He imaginado tus labios junto a los míos
Unidos por un invisible hilo
Que los uniría sin condiciones

He suspirado por tus senos rozarlos
Mas me he aguantado ...

La vida puede ser tan cruel como para separarnos
Por miles de kilómetros,
Ahora que sabes lo que siento
No me importa confesarte
a quien tanto he amado
Porque la distancia
nos aporta lo mejor de nosotros
seré tu fiel admiradora.


ART. 9º: “El amor nos pone una venda en los ojos que nos impide ver la realidad”

Cada mañana
Cuando me levanto
Sueño
Sueño contigo
Porque no te veo
Me miro al espejo
No tengo ganas
De nada
Absolutamente de nada
Coger el coche
Fumar un cigarro,
Conducir ...
Olvido si he soñado contigo
Borro cada uno de tus recuerdos
Uno a uno
Sin pedir permiso alguno
Se suicidan
Uno a uno
No lo puedo evitar.
Porque no te veo
Porque no te siento
Me desperezco
Me alejo de mi lecho
Donde he soñado contigo
Pero tú te ausentas
Continuamente,
De borras de mi memoria
Sin pedir permiso
Te siento
Dentro
Dentro de mí
Porque 1º los sentí-mentos
Luego el día a día ...
Te borro,
Poco a poco
Te ocultas
Te alejas
no me buscas
Entre la multitud

Eres tú quien se oculta
Tras la sombra de la memoria
Mi memoria
No la tuya

Te recuerdo como alguien bello
Te recuerdo y te veo
Como huyes
¿Me huyes?
¿Me temes?
¿Me temes porque te amo?
Da igual:
Pues son sólo sentimientos
Pensamientos
Quizá simples palabraas
Quizá nada
Porque no sucedió nada
Me dicen que te olvide
Me ruegan que no te ame
Me suplican que no te bese
Me susurran: déjala estar
Mas no puedo,
Te deseo
Tengo el alma presa
De tu boca que no me besa
No te creas
Te intento olvidar
Pongo empeño
Aunque pequeño
No doy
No quiero
Te quiero
Te deseo
Mientras ...
Observo al cielo
A tu mismo cielo
En el que habitas
En el que respiras
En el que trabajas
En el que amas
Y sé pues que no es a mí
¿Por qué no a mí?
¿Por qué me he enamorado
tan perdidamente de ti?
Cierro los ojos,
Mis ojos,
Echo el cerrojo
Con el propósito
De no amarte más
Mas no doy
Te amo!!
Y no puedo
Más que evitarlo

amandonoos

Porque subir contigo es demasiado sencillo.

Después de haber asistido a aquella intensa conferencia deseaba con todo mi ser compartirla con alguien: con mis amigos podría haber sido demasiado banal.

Iba en el coche cuando la vi. Cruzabas la calle de una esquina a otra. Mi mente no quería parar pero infantilmente mi pié derecho se posó sobre el freno. Fue mi perdición. Pude haber seguido mi camino. Pero ésa no fue mi reacción, que muy probablemente habría sido la más adecuada. No lo hice. Bajé la ventanilla y con un: “Hola, ¿Qué tal? Te apetece tomar un café?” accediste de inmediato: fue nuestra perdición. Subiste al coche: puse mi, luego sería la nuestra, música predilecta.

Hablamos del tiempo. De nuestros qué haceres cotidianos e iniciamos el rumbo hacia el “país de nunca jamás”. En sus ojos destelleaba el deseo más ferviente hacia mí que jamás había imaginado. Además del café que compartimos, nuestras miradas se fundieron en un solo ser. Compartí con ella absolutamente todo lo expuesto por aquella abogada que, como ella, también se declaraba abiertamente feminista. Al terminar los pinchos que nos habían puesto fuimos por la calle, agarré sutilmente su mano y la besé.

Así empezó todo. Y no se acabó. Accedió sin condiciones a mi lecho. De hecho le invité a desayunar. Le masajeé, ya que llevaba un duro día de trabajo en la oficina. “Así qué mejor que un masaje” –me dije. Al terminarlo le besé la nuca. Luego bajé muy lentamente por cada vértebra para que sintiese mi piel con la suya. Puse la misma música que había puesto en el coche. Le hizo gracia el poder escuchar una grabación mía de pequeña. Cuando recitaba poemas en un inglés casi-perfecto. Mientras sonaba la música llegué a su cintura. Posé mi codo derecho en tu nalga izquierda y comenzó a gemir. De hecho no lo esperaba.

- Le comenté: “Es un masaje muy especial para alguien muy especial”
- -“Gracias” – me contestó..
- -“Gracias a ti”.

Después de unas fugaces pero intensas cosquillas en las plantas de los pies se dio la vuelta. La amé hasta el amanecer. Le observé mientras dormía junto a mí, “dormías, amor?”. Le besé fugazmente los labios y le llevé además del café con leche, unas tostadas con mantequilla y mermelada de fresa, ahora sé que son tus favoritas. Y mi flor predilecta: un lilium real.

Rozando su cuerpo me fijé en su tatuaje: ¿una rosa del desierto?¿ó era un símbolo celta? Sus cabellos me lo impedían ver. Además la tenue luz que se filtraba por la persiana no era la adecuada. Me sonrió al verme llegar completamente desnuda trayéndole el desayuno: “¡Buenos días, Amores todos los días!” Volvía a encender la cadena de música de inmensas dimensiones que se había hecho un hueco en la sala.

- -¿Qué hora es? –me preguntaste-.
- “La hora en que las niñas buenas se toman el café” –te contesté.
- “He de irme pronto. Tengo dos reuniones, ¿comemos juntas”
- “No puedo, es decir, no sé si debo ...”
- “¿Por?”
- “Tengo que dar varias clases y muy probablemente llegue exhausta. Casi prefiero dejarlo para otro día”
- “Es una pena”
- “Y que lo digas”

Se creó un silencio entre ambas. Seguía sonando la música. Puse la radio. Eran las 8 a.m. y ella se debía marchar. Se duchó, queriéndome introducir en la bañera. Yo ya estaba vestida. Me dio un beso y se fue.

Las horas no me daban pasado. Pues había dormido muy poco perdiendo el tiempo en dilaciones, en ella y en nosotras ... Me fui a casa y pedí una pizza: tropical con mucha piña y mucho maíz. Por la tarde la llamé. No contestó. Supuse que tendría más trabajo del habitual. No me preocupé. Di mis tres clases casi de memoria. Vieron un documental sobre los nazis y sobre el nazismo. Hicimos un video-forum muy interesante y me fui para casa.

Debían de ser las 3 a.m. cuando me llamó. Tenía la voz ronca de tanto fumar. La noté preocupada.

- “Mi padre ha muerto. Estamos en el hospital: accidente de coche.”
- “Voy corriendo”
- “Tranquila, ten cuidado, por favor”

Cuando llegué estaba de pié llorando, su hermano Félix le estaba consolando. En ése momento sabía perfectamente por qué la amaba tanto. Su madre estaba dentro. La fui a abrazar. Entre sollozo y sollozo logró decirme:

- “ Me alegro de que estés aquí. Ella te necesita”-La abracé como no había abrazado a nadie en mi vida.
- “Mi vida, lo siento”. –Le dije a mi amada.
- “El otro conductor había bebido ... aaaah, llamaron a mi madre desde el hospital. Ésta vida es una mierda!”

La abracé y cómo no supe qué decir: no había nada que decir.

- “Mañana es el entierro”
- “Iré”
- “Lo van a quemar, era su voluntad. Vamos a donar los órganos”.
- “Te amo”
- “Y yo a ti”.

Aunque nos conocíamos desde 6 meses (ya!!) era como si nos conociésemos desde hacía años. Cuando la conocí, por medio de unas amigas, supe que nunca nos separaríamos. Nos conocimos en un bar. Y con una mirada nos dimos cuenta de que el destino nos había unido ... La primera noche fue mágica. La recordaré siempre con nostalgia. Ella: una experta; yo: virgen (por lo menos con mujeres). La recuerdo a la perfección. Ambas habíamos salido con nuestros respectivos grupos de amigos/as. Ella iba impresionante: una falda que te llegaba a los pies y con un “top” Mao rojo con bordados amarillos. Yo vestía una camiseta negra que me habían regalado mis amigos por mi cumpleaños y con un pantalón negro a juego. Al entrar intuí su presencia antes de que me viese. Estaba con María, nuestra futura celestina, con Laura y Juan. Yo llegué sola, pues había quedado allí con Silvia, una amiga de facultad y de borracheras. No tenía pensado beber más bien al contrario. Deseaba verla ... deseaba amarla. Al verme se giró. María vino en mi búsqueda. Justo en ése instante no había mucha gente. Era un pub de ambiente. Yo no cesaba de observarla. Le saludé cordialmente. María me dijo: “Ella está por ti”. “Idem”, le contesté.

Nuestros cuerpos se juntaron. Besé sus labios, mi lengua se encontró con la suya. Aparté su cabello largo, me tocó con descaro el culo. Y nos fundimos en un eterno abrazo. Decidió seguirme, nos cogimos de la mano: fue nuestro primer encuentro.

La primera vez decidimos ir por mutuo acuerdo a una pensión, pues yo de aquella todavía vivía en la casa de mis padres. La pensión se llamaba: “Deseo”. Besé sus labios nuevamente. Cubrí su cara entera de besos. Se me escapó un “te quiero” a lo cual ella me contestó “y yo a ti”. Nuestros cuerpos se juntaron. Poco a poco fui recorriendo tu cuello, hasta llegar a tus senos que estaban pletóricos de excitación. Llegué a tu ombligo. Parada obligada pues es uno de mis lugares preferidos. Se fue desnudando. Todavía permanecimos de pie, junto a la cama. Cerró los ojos. Estaba muy hermosa. Comenzó a gemir. Se acostó y me quité el resto de la ropa y me introduje dentro de ella. Me sujetó la cabeza con sumo cuidado. Gemía, vaya si gemía ... Volví a besar sus carnosos labios. Me introdujo los dedos pidiéndome que yo me pusiese debajo. “Ahora me toca a mí”. Estaba llegando al cielo con ella y no me quería ir ... sin probar las nubes. Una sensación de bienestar se apoderó de mí y le besé el cuello. Dormimos la una junto a la otra, con apenas una sábana. Era verano. La abrazaba y su olor me penetraba hasta las entrañas. Estaba tan hermosa... La habría pintado justo en ése momento. Lo habría inmortalizado. Al despedirnos me dio su teléfono y un besazo en la comisura de los labios.

- “Nos vemos” –dijiste.
- “¿Cuándo?”
- “Cuando menos te lo esperes ...”
- “Soy impaciente, dime cuándo y dónde”
- “Allí dónde te dicte tu sentir”
- “¿Mañana a las 6 en tu casa?”
- “No puedo. Trabajo”
- “Llámame y quedamos. Un beso”

Ahora, aquí, en el funeral de su padre, no cesaba de consolarte. Permanecía abrazada a mí. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Sus amigas asistieron al funeral. Nos saludaron.

- “Ya nos veremos” –dijo.
- “Cuando tu alma te lo pida”
- “Te amo”
- “No más que yo a ti, sabes donde estoy”

Al llegar a mi hogar me desplomé en el sofá. Vestida como estaba dormí plácidamente toda la tarde. Pasaron los días y las noches. No supe nada de ella. Me imaginé que estaría agotada y que necesitaría tomar su tiempo. “Normal”, me dije.

- “Deseo irme lejos, lejos de todo. ¿Qué te parece irnos las dos solas a la playa de las Catedrales?”
- “Perfecto. ¿Cuándo?”
- “Ahora. Necesito desconectar de todo lo que me rodea”
- “He de darme de baja”.
- “Okey, yo ya lo he hecho”.

Nos vimos dos horas más tarde. Nos fuimos en mi coche. Ya había cargado todas mis pertenencias.

“Allá vamos!!”
“Gracias” – y me besa en los labios.

Por lo general no solemos manifestar nuestro amor en público pero en unas circunstancias como aquellas: todo vale.

Partimos rumbo a Ribadeo. Pusimos nuestra música favorita: Watling y Marlango. Cantamos con la música a todo volumen. Necesitábamos urgentemente gritar y desahogarnos. Es la mejor de las terapias. Me abrazó diciéndome: “Gracias. Te debo la vida”. Cambiamos el cd y pusimos nuestra canción: Pachelbel in cannon D, de George Winston. Cuando llegamos a la playa llovía un poco pero pudimos disfrutar de la belleza en vivo: ella y yo, yo y ella ... comenzó a llorar. No se lo impedí, pues si es lo que el alma hemos dejarnos llevar por ella y por nuestros sentimientos.

Alquilamos una habitación en una pensión. Mientras se duchaba saqué mis pertenencias del coche, ésta vez había llevado conmigo algunos lienzos y mi maletín de las pinturas. Sólo dos mudas. Nada más. Mientras se secaba el pelo me abrazó, todavía mojada y me besó en la espalda.

-“Te amo, ¿Tienes hambre?”
-“Hambre de ti amor”
-“Ajá, no me digas”

Ya le había sentado de maravilla el viaje, nuestras canciones y aún mejor el haber llorado tanto. Sus ojos brillaban: ¿de la excitación?¿del amor por mí?. Nos pasamos el fin de semana entero en la cama. Le leí un poemario mío llamado: “El suicidio de los sueños” dedicado a quien he amado hasta el infinito. A pesar de que estábamos en pleno invierno, pues era enero, decidió bañarse en la playa. No había nadie y se bañó desnuda. Por ello cogió resfriado y nos tuvimos que volver. Fue un escenario magnífico con quien más he amado. Recogimos nuestras pertenencias y retomamos el viaje de vuelta. No sin antes realizar unas pequeñas fotografías. Allí pinté: “Amaneceres contigo” y “Madonna, quanto è bella”.

Nos sumergimos en nuestra habitual y correcta monotonía. Quedábamos todas las tardes a eso de las 6 en mi casa. Nos dedicábamos a contemplar la casa vacía, a hacer futuros planes sobre nuestra vida. Sobre todo a ver películas y a escuchar música: nuestra música. Allí la pude contemplar a mis anchas. Había convertido mi espacio en el suyo.

Un día discutimos sobre política. La discusión se volvió animada. Su familia era de derechas básicamente y ella estaba bastante influida por el ambiente. Mi familia, por el contrario, es y, sigue siendo, de izquierda. Con su tono habitual me decía:

- “ Haber, porque Estados Unidos sigue hasta la médula en la guerra, no dará salido de ella nunca-jamás. Es un hecho obvio. La guerra les es necesaria, pues gran parte de su economía depende del negocio de las armas. Tienen a Chalton Haston como representante ...”
- “Pero podrían invertir en sanidad pública ó en educación. Que nunca les vendría nada mal” –la interrumpí.
- “Ya pero aún así no solucionaría sus problemas. Es una cuestión de supervivencia. Seguirán de por vida allí hasta que maten a todos los irakíes.”
- “A Bush se le están bajando los humos. Han dicho que van a retirar 20.000 hombres. Los cuales ya estarán hechos unas mariquitas que no veas!”
- “¡Qué bueno! ¿Te imaginas una mariquita disparando?”
- “¡Uy, no te mato, porque estás demasiado bueno!”
- “Siguiendo con el tema, creo que la cuestión no se va a saldar a favor de Irak. En una conferencia un hombre le preguntó al conferenciante: “¿Y sabe cuántos terroristas hay ahora mismo en Irak?”
- “¿Y qué le contestó el conferenciante?”
- “Pues, aproximadamente unos 150.000 ... estadounidenses”
- “¡Qué bueno!”

El resto del tiempo a veces íbamos al cine. A ella le apasionaban las películas americanas, básicamente las románticas tipo: “Un asunto de Amor” de Warren Beatty y Annette Bening. Sostenía que el amor se produce en décimas de segundo. Yo no se lo discutía, pues ambas coincidíamos que era y será una de nuestras películas favoritas. Y que de hecho, está más que comprobado el hecho del enamoramiento.

Disfrutábamos como dos adolescentes. A veces hablábamos del tiempo, de su paso. Yo tenía de aquella 26 años, ella 27. A veces invitábamos a un café a alguno de nuestros amigos. No ocultábamos nuestro amor. Pero en lo que ambas coincidíamos era en que deseábamos pasar el mayor tiempo a solas: ella y yo, yo y ella. Permanecer abrazadas viendo la televisión, cambiando de canal: doblando a los distintos personajes. Nos reíamos sin cesar. Había veces en las que encendíamos las velas. La música nos acompañaba. Y el amor nos unía cuan dos gotas de agua.
Era abril y las flores comenzaban su recorrido para florecer. Me regaló una rosa blanca adjuntando una nota:

<Mi piel desnuda
Existe el cielo con mesura
Echo de menos tu mirada
Que me mira extrañada
De tanto amor que yo tengo refugiada.
Tus párpados ocultan tu ser.
Tus cejas tu querer.
Blancas son,
Como yo.>>

Mas todo lo bello ha de tener fallos. Un día en una fiesta que organizamos la noté algo extraña. Cuando la intenté besar no me correspondió como los días anteriores. Algo andaba mal... Se lo pregunté y ella torció la cara. Mi intuición no me fallaba. Algo le pasaba. ¿Acaso era yo?¿Acaso sería la repentina muerte de su padre?

- “¿Te pasa algo cariño?
- “No, nada nada”

Entraron nuestros amigos. Todo sucedía sin mayores imprevistos, a no ser por su repentino cambio de humor. Intenté besarla pero rehusó de mí. Ni siquiera me miró. Me metí en la cocina para prepararme un café con leche. Allí estaban Pedro y Juan. Sí, Juan, un hetero enrollándose con Pedro!! Les eché una pícara mirada y ellos siguieron como si nada. Me preparé el café y calenté la leche. Vino Silvia, mi compañera de facultad y de borracheras, hablamos del tiempo y le comenté que encontraba a mi novia algo extraña. Ella ni se inmutó. El café todavía estaba caliente y tardé en tomármelo. Nos sentamos mientras ellos continuaban con lo suyo. Nos miramos y nos surgió una sonrisilla. Ella, mi novia, no estaba presente. Hablamos de los planes que teníamos juntas y comentamos lo bien que estábamos. La música estaba bastante alta. Lo suficiente como para que los vecinos se asustasen. Oímos golpes. Supusimos que eran ellos: los vecinos hartos de nosotros. Cuando la abrí no eran ellos: era mi ... y otra persona. La pude reconocer. Era Raquel una ex suya. Se estaban besando ... y no en la mejilla precisamente. Cerré de golpe la puerta como si viese un fantasma. Silvia me cogió del brazo y yo la rehusé. Me quedé de piedra. El café se me cayó por la ropa: “mierda” pensé. Habría sido mejor habérselo tirado a la cara. Me fui corriendo al baño y cerré la puerta. No lloré. La soledad se me impuso cómodamente en mi alma. Quieta, como estaba, me quedé muda, delante del espejo: ¡No me lo podía creer!! ¿En mi propia casa? Por lo menos habría sido mejor por su parte haberse ocultado. Aunque pensándolo mejor: <>. Golpeó fuertemente la puerta. Volvió a golpear. Cuando salí: algunos ya se habían marchado. No le hablé. Lo único que le dije fue:

- “¡Fuera!! Fuera de mi casa. Ahora.”
- “No es lo que parece”
- “Así: muy típico. Fuera!!”

Se marcharon. No quedó ni rastro de ellos. Puse a Camarón. Lo suficientemente alto como para no oír si me llamaban. Como una posesa me dispuse a recoger todo. Cogí unas cuantas cajas y recogí todo lo que me recordaba a ella. Borré su teléfono de mi móvil. Rompí todas y cada una de nuestras fotos, excepto una en la que estaba en la playa de las Catedrales, desnuda, como te habían traído a éste maldito mundo.

-“No hay peor putada que el Amor”.-me dije.

Grité éstas y otras palabras en alto. Lo que sucedió después no lo recuerdo con nitidez. Sonaba la música a todo volumen. La casa patas arriba. Era domingo por la mañana. Me había quedado dormida en el suelo. Al lado: una botella de wisky. Tenía todo el santo día para reconstruirme. Aparqué el wisky y me tomé una copa de coñac cada hora durante los siguientes meses. Desconecté el móvil. No abrí a nadie. Iba y venía sin hablar con nadie (excepto con mis alumnos). Ellos debieron de sospechar que algo no iba bien. Antes siempre o casi siempre llegaba con una sonrisa en la boca. Ahora no. Mis padres se preocuparon. Les dije que mis alumnos eran un coñazo. Que ya se me pasaría!!! ... pero no pasó. El tiempo y yo nos pusimos peor. Comenzó a llover. Hacía décadas que no llovía así. Y eso que estábamos en pleno junio. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina. Y yo hecha un trapo. Me compraba la comida por encargo, había notas tuyas por debajo de la puerta que, obviamente, ni leía. Te pueden hacer daño: ¿pero tanto? No cesaba de preguntármelo: ¿Por qué yo? ¿Es que no podemos elegir de quién enamorarnos? ¿Por qué la amaba tanto? Si sólo habían sido 8,9, quizá 10 meses? Eso no es nada me seguía preguntando. Preguntas que no obtenían respuesta alguna. No es que sea especialmente celosa, de hecho, considero los celos parte íntegra e intrínseca del amor. ¿Era amor lo que sentía yo por ella? La deseaba. La odiaba. Por eso estaba tan rara ésa noche. Tonta de mí!! ¿Por qué? ¿Por qué? Me topé de bruces con un libro: <> S. Guzner al que siguió: <> de R. Gogoll. Siempre la veía a ella. Cuando eso ocurría arrancaba sin piedad alguna las páginas. No escuchaba música. Me dediqué en cuerpo y alma a mi trabajo. No salía. Comía una dieta rigurosa que me autoimpuse. Prácticamente: la olvidé. Ó eso creía.

Un día bajé al cíber de la esquina. Aunque por lo general no suelo chatear: la excepción de la regla. Conecté con un chat y me puse a hablar con Maite: una rubia que, como ella, también tenía los ojos marrones. Ó eso me dijo. Intuí que era sumamente responsable. Pero no era ella. Aparentemente no teníamos nada en común excepto nuestra pasión por África y por su cultura. Hablamos de nuestra respectiva situación amorosa a lo que me contestó al rato (sin pudor alguno):
- “¿Para cuándo un café?”

Mis padres supieron de mi cita y me animaron sin cesar para que me distrallese un poco. Así que accedí aún a regañadientes. Quedamos en su ciudad natal, lejos de ella (mi ex?) y de mí. Lejos de todo lo que me pudiese recordar al concepto “nosotras”. Tomé un café y me fui. Era demasiado ... temprano? Repentino?? Doloroso. Necesitaba tiempo. Tiempo para vivir, para respirar, y convivir con mi soledad. Porque no hay más soledad que sentirse sola en un grupo de gente.

Decidimos de mutuo acuerdo ir como simples amigas al concierto de Marlango. El que era nuestro grupo favorito. A pesar de que estaba próximo su cumpleaños. Ya estábamos en pleno agosto? Y de que podría acudir a él desheché la idea por diversas razones:

1. Yo amaba a la Watling: ella no
2. El cd era mío: por lo tanto ella no lo tenía.
3. Ella estaría trabajando: yo no.

El concierto fue ... digamos que fue. Además el público se entregó. Estuvieron pletóricos. Todavía me resuena el piano de Alejandro Pelayo en trains. Trains...Fue uno de los peores momentos de mi vida. En el momento que tocaron la canción un lagrimón brotó de mis ojos y fue a parar a mis labios. Maite, al verme me dio un beso en los labios y me cogió la mano. Se lo agradecí abrazándola. Aunque no sirviese de mucho estuvo en ése momento. Se lo agradeceré de por vida. No supe qué hacer. Todo iba tan ... Simplemente iba. Yo sin ella. Ella sin mí. Con la canción mi mente se acordó hacia el recuerdo que había perdido antaño. Recuerdos que permanecían en el cajón del olvido. La pregunta que me hice a mi misma fue: “¿realmente están olvidados?”. Maite se portó. Al finalizar el concierto intentamos sendas veces que me firmaran la entrada. Justo cuando nos íbamos a ir, “La Watling” apareció con sus gafas de sol y, al lado de ella: tú. “No podía ser” –me dije. Me cogió del brazo y me llevó a los baños. Intentó, en vano, besarme. Casi gritando me dijo:
- “¿Qué coño te pasa?¿Es que ya no me amas? Ya no me coges el teléfono, te he dejado miles de notas. ¿Dónde te metes? ¿Te ha tragado la tierra?”
- “Donde a ti no te importa” –dije tajantemente. “No quiero. Te quiero pero lejos. Necesito tiempo ...”
- “Y yo te necesito a ti. No duermo. Trabajo lo mínimo y, para más inri, es como si me faltase el aire”
- “Pues que te jodan!!”
- “He soñado contigo. Te necesito como no he necesitado a nadie. Me oyes? A nadie en toda mi puta vida, ¿te vale?”
- “¿El qué? Que me utilices. Que digas que me ames y, cuando me dé la vuelta te encuentre con otra. Perdona, bonita, tú sigue por tu camino ... recuerda que yo he estado cuando tú me necesitabas ...”
- “Me arrodillo si es necesario. Pero por favor: perdóname. Estaba pasando una mala temporada, por mi padre ...”
- “Podrías habérmelo dicho”
- “Pero Raquel estuvo en el momento. No quería hacerte daño. Sólo fue aquel beso. Como comprenderás una ...”
- “No me digas más: no es de piedra? No me cuentes historias. Me lo dijeses y punto”

Me interrumpió con un besazo, introduciendo su lengua sin pudor alguno. Me sujetó la cabeza y me susurró: “Lo siento!!” La aparté. Me aparté. Cerré la boca y tapé los oídos.

Mientras ella gritaba:
- “Sí te he amado. Eres parte de mí y no puedo sostener ni un minuto más esta odiosa situación”
- “Das pena. Eres parte de mi pasado. Ya no existes. No-existes!!”

Estaban a punto de echarnos a patadas. Ella sin dilaciones les soltó:

- “Déjenme estar. Esto es serio. Nuestro amor es serio” “Te he hecho daño y por eso ruego que me perdones. Te amo”
- “Entonces, por qué me has hecho tanto daño”
- “Y yo que sé. Estaba borracha. Raquel es una tentación.”
- “Y??”
- “Sé que no es excusa. Es preciso que me comprendas. Te amo”
- “Necesito tiempo”
- “Yo te lo brindo” “¿Cuánto?”
- “Y yo qué sé... meses, días ... quizá años?”
- “Esperaré ...” “Te esperaré aquí”
- “Si nos van a echar”
- “Me da igual. Que me echen si quieren. Yo he pagado mi entrada. Me falta el aliento, la sangre no circula por mis venas, siento que voy a perecer si no me das un beso, ésos besos impuros de puro amor”
- “Cállate ya!! Das pena. Eres demasiado cursi.”

La besé. Fue esos besos de película en los que no nos extrañaría a nadie que justo al final pusiesen las palabras: <>.
“... has de esperar.”
“Esperaré y en tu lecho me echaré ...”
“No es tan sencillo como piensas”

Que el amor es sencillo puede que lo piensen los ilusos. El amor como el buen vino ha de tomar su tiempo ... yo necesitaba tiempo. Tiempo para pensar. Para reflexionar. Para pensar en aquellas palabras. En aquel encuentro.

Cuando llegué a casa Maite decidió acompañarme. Vimos la televisión y no nos enrollamos. Se empeñó en hablar. Me dijo: “No soy a quien andas buscando, no sería justa para nadie que nos hubiésemos enrollado. No sería justo”.

El curso volvió a empezar. Septiembre. Calor sofocante. Yo sóla ante mis exámenes. Mi trabajo y yo. Volví a conectar el teléfono. Sonaba su voz en cada mensaje. A pesar de que se me ponían los pelos de punta al escuchar su voz no cogí. Maite no volvió. Trabajé. Trabajé y trabajé. Necesitaba aire: “¿qué mejor que un viaje?” –me dije. Pues después de tanto trabajo me lo había ganado. Aún así decidí no contestar ninguno de sus mensajes. Tampoco a ninguna de sus cartas. Me tomé tres días de ayuno voluntario. Fui al teatro a ver “La voz humana” de Jean Cocteau. Comencé a comprenderla. Me vi totalmente reflejada en la otra persona que no se sabe pero sí se intuyen las contestaciones. Su “Hola, qué tal ... no ... no estoy sola” me hizo abrir los ojos. Pues es increíble lo que puede hacernos llegar el arte en general.
Al salir, la llamé. Estaba durmiendo. Su madre la despertó. Al día siguiente partiría, no sabía bien hacia dónde. Igual me iba sóla si ella desestimaba mi oferta. Necesitaba conocer hacia dónde: ¿África? ¿París? Venezzia.

Me contestaste:

- “¿Sí? ... ¿Hola?”
- “Me voy. Hoy”
- “¿A dónde?”
- “Fuera. Necesito fuerzas. He trabajado mucho, quizá demasiado.”
- “Me voy contigo. Espera”
- “Supuse que tendrías trabajo”
- “Todo puede esperar”
- “Yo no”
- “Lo sé. Pásate por mi casa. Te invito a un café y hablamos. Mi madre te ha echado mucho de menos: no más que yo”
- “Tráete 3 mudas. ¿Qué te parece Venezzia?
- “Venezzia, si tú no sabes hablar italiano?”
- “Tú sí”
- “Así que sí ...” “Te amo”
- “...”
- “Te comprendo. Lo siento”.

Aparqué mi coche próximo a un arbusto de romero. Su madre me observaba atentamente desde la cocina. Era una casa a las afueras de la ciudad. Muy acogedor. Sólo había estado en dos ocasiones. Ella vino en mi búsqueda. Abrió la puerta del coche y me besó. In situ. Todavía llevaba el pijama verde, de seda. Ella adora la seda. Los sentimientos de antaño, aquellos que había casi olvidado acudieron en mi busca. Sonrió.

- “Te he echado tanto de menos ...”
- “...”- no dije nada. No había nada que decir ó por lo menos no lo sentí así.

Tomamos plácidamente un café. Su madre vestía de gris oscuro. Sus ojos eran como los de ella: sencillamente preciosos.

- “Cojo todas mis cosas y nos vamos: ¿Cuánto tiempo?”
- “El necesario”
- “Así me gusta y así me gustas!!”

Me puse un gorro gris que tenía colgado en el colgador de la entrada y que me dio como prueba de su cariño: “Toma es para ti”, me dijo. Nos besamos apasionadamente. Yo llevaba muy pocas mudas, con la esperanza de comprarme alguna ropa en Italia. En Italia vive Arianna, una amiga que había hecho un Erasmus y que habíamos estudiado juntas. No tuvo ningún problema en acogernos en su casa ni más ni menos que cuatro magníficos días. Junto a los Alpes Italianos. Desde allí cogimos un tren y luego alquilamos un coche para llegar a Venezzia por la noche. Yo no había estado en Venezzia con anterioridad. Ella sí. Nos alojamos en el Winter. Estaba María, la dueña y Missia, una estupenda camarera. Desde la última vez que mi novia se había alojado allí, ya habían pasado años. Recordaba perfectamente la escena, se llegaron a soltar todo tipo de improperios ... gritándose hasta llegar a las manos, en una lucha contra la otra. Le traía aquel sitio recuerdos agridulces. Me comentó cómo se habían conocido en el aeropuerto de Fumicinno. Que habían estado en la grande Roma, concretamente en la Piazza Navonna.

- “Me tienes que llevar allí” –le dije.
- “Poco a poco”

Pasamos unos días estupendos en Venezzia. Cuando estábamos comiendo unos sabrosos spaguetti a la carborana me hizo una pregunta:

- “Qué te hace feliz a ti?”
- “¿Vale: tomarme unos spaguetti a la carbonara?”
- “No. Eso es lo que yo estaba pensando, dime cariño”
- “Pues ... mirarme al espejo, observar lo que ha hecho conmigo el tiempo y sentirme llena por dentro, ¿te vale?”
- “Yo estaba pensando que amo cada rincón de tu corazón, que siento lo hecho y que los spaguettis están deliciosos”
- “Además el vino está, cómo decirlo: ¿delicioso?”
- “ ¡Jé! Ti amo”
- “...”

Nos fuimos directamente a la habitación. En el hilo musical pudimos escuchar: Prince of Fire de Capercaille. Es una de las mejores baladas que hemos escuchado en nuestra vida. Llena de mucho significado. Le tendí la mano. Accedió. Llevaba un vestido negro, de seda hasta los pies. Yo llevaba un pantalón gris de pinzas que me había comprado nada más llegar a Italia y una camiseta blanca corta. Accedió cordialmente a bailar conmigo. Estaba deslumbrante. Nuestros cuerpos se unieron como si sólo fuese uno. Posó su mano en la palma de mi mano. Pasos muy cortos. Comencé a llorar pues la situación era bastante propicia. No había llorado nunca delante de nadie y menos delante de alguien a quien he amado tanto como para llegarle a odiar. De hecho dicen que el odio es una forma de amar. Diferente sí pero otra forma. Lloré. Lloré por ella y por mí. Me sentía infinitamente feliz. Se abrió un paréntesis. Stop. Me abrazó:

- “¿Deseas acostarte querida?”
- “Deseo que me ames con la pasión más ferviente que se te ocurra. Deseo que me desees”
- “Calla: te amo y te amaré siempre”

No me besó con pasión. Me besó con dulzura. El momento, como cada momento con ella era un momento único, instantáneo ... eterno. Nos besamos. Besé sus párpados, su nuca, sus labios, su cuello, haciendo hincapié en los senos.

“Espera” “Un momento” –me dijo y se fue un momento al baño.

Cuando regresó volvió con una flor en los labios y nada más. No sabría decir qué flor era ya que ninguna de las dos éramos expertas en flores. La flor venía envuelta en plástico film que utilizamos a modo de preservativo. No miento si digo que me extrañó pero no le di importancia, pues era y pues será uno de esos momentos que jamás olvidaré. Me besó los labios, mis mejillas que se habían vuelto de color rojo. Sentía pudor viéndonos a las dos como Dios nos trajo a éste dichoso mundo. Ella se rio pues mi cara hacía juego con la flor. Y el amor nos envolvió como nunca lo había hecho con anterioridad. Ella fue mía y yo fui suya. No miento si digo que la pasión aumentaba a pasos agigantados. Todo era espléndido. Estábamos a nuestras anchas, sin apenas ruidos en el hotel: lo hicimos nuestro. Había días en los que ni siquiera bajábamos a desayunar. Era la bienal de Venezzia y vimos un par de instalaciones. Una de ellas era impresionante. Había miles, qué digo: millones de soldaditos de plomo que sujetaban un enorme cristal. Había niños que lo estaban pisando. Estuvimos a punto de decirles algo aunque fuese en castellano. Leímos un cartel en italiano que venía a decir que se podía pisar. Accedimos a pisarlos y era como si todo el mundo nos sostuviese.

Cuando volvimos al hotel era ya tarde: hicimos el amor como posesas. Mostramos por Venezzia nuestro amor sin pudor alguno.

Un día decidimos acudimos a la Academia a admirar “La Tempestad” de Giorgionne ya que ambas habíamos leído el libro de J.M de Prada. Me hizo fotos desde todos los ángulos posibles.

Desde Venezzia retomamos camino a Roma fuimos a ver la Piazza Navonna, tomamos un café y nos fuimos, desde allí a nos fuimos a Barcelona. Íbamos a estar en casa de unos amigos míos que ya llevaban cierto tiempo allí: Olga, Lola y Diego pero estaban sumamente liados con funciones de teatro actuando por media Europa. Así que nos declinamos por visitar a Eva y a María que vivían en Madrid. Dos mujeres encantadoras. Nos envitaron a otro concierto de Marlango y no nos pudimos resistir.

Ésta vez íbamos nosotras junto a María y a Eva. Como ellas conocían a los dueños de la sala pudimos conversar con el grupo al completo: Alejandro, el pianista, y Óscar, el trompetista, estuvieron muy amables; Leonor, por el contrario, la cantante, fue un poco engreída, pero buena gente. Nos dedicaron su último disco. Al terminar el concierto nos fuimos a la casa de nuestras amigas en la calle de Hermosilla. Se las veía tan bien... tampoco ellas ocultaban su amor a nadie. Al día siguiente nos fuimos nosotras dos solas al cine, vimos una película: “El Arco”. Una película oriental que nos entusiasmó. Fue un viaje completo, como diría ella (a posteriori): “muy artístico”.

Volvimos. Octubre. Faltaba un mes para nuestro aniversario.

Un día tuve un espléndido sueño. Me vi junto a ella en nuestro 25º aniversario. Ya hechas unas viejecillas encantadoras. Nuestros hijos: Nieve, Roma y Etiam nos habían regalado 25 rosas blancas. Era una gran cena y con algunos de nuestro nietos, ya que luego vendrían más. Las dos estábamos radiante. Sonaba “Close Cover” de Win Mertens como hilo musical y lo acompañaba un par de violines. Nada más despertarme le comenté a ella ése premonitorio sueño. Sonrió y me besó en los labios acompañado de una frase que me retumbó hasta las entrañas:

“Ojalá no sea sólo un sueño”

Era todo tan ... ¿cursi? ¿romántico? ¿era sólo un sueño? ¿una premonición? Era un deseo que, si seguíamos alimentándolo como de hecho lo estábamos haciendo nuestro amor se convertiría en una realidad. Aunque me juró amor eterno, había veces en las que me saturaba: sus celos. Había veces en las que apenas salíamos y, si salíamos, me impedía todo lo libre que me gustaría.

Silvia vino un día a casa. Mientras mi novia estaba en el baño me preguntó que qué tal. No le pude negar mi “situación interior”:

- “A veces me satura. No me deja ser todo lo libre que me gustaría. Estamos bien y todo eso ... pero...”
- “Existe un pero: ¿eres feliz?”
- “Sí ..., no lo sé, la amo y todo eso pero...”
- “¿Qué? Es todo lo que has deseado, ¿no?”
- “Si a veces me digo que todo es demasiado perfecto”
- “¿Entonces?”
- “No sé. Seré yo. Vamos a hacer un año. Y luego está ese sueño”
- “Es todo un acontecimiento pues, que yo sepa, no has durado tanto con tus anteriores parejas, ¿no? ¿me equivoco?”
- “Ya, no sé, pero falta algo”
- “¿Lo qué? ¿En qué estás pensando?”
- “Sinceridad. Nos falta más sinceridad. No es todo lo sincera que me gustaría. No habla demasiado de su pasado”
- “¿Y qué coño te importa su pasado?”
- “Ya pero no es tan sencillo”
- “Pues háblalo con ella”

Dicen que las personas aunque cambiamos seguimos siendo las mismas de raíz. ¿Y si ella me ocultaba algo? ¿Y si seguía enamorada de Raquel? ¿Qué podía hacer yo? ¿Sentiría yo celos hacia ella? No, era ella la que me celaba, ¿entonces qué pasaba? Tenía un cúmulo de sentimientos que no me gustaban nada para llevar casi un año juntas. Y, sobre todo, no me gustaba nada la sensación de no sentirse todo lo libre que me gustase. Es evidente que no somos libres ó ,si lo somos, es en nuestro espacio: nuestra habitación, nuestra casa en dónde nos sentimos realmente libres. ¿Es que me estaba volviendo cauta? ¿Mayor? Hubo un día en que discutimos como dos niñas por una estupidez. Decidimos comenzar la decoración de la casa de mis padres, a las afueras. No sabíamos si la queríamos pintar de amarillo vainilla, mi opción, ó de si la queríamos pintar de blanco, su opción. Era algo muy banal, quizá demasiado. Estuvimos a punto de romper nuestro amor si no fuese por Silvia: te debo la vida. Gracias.

Acabamos saliendo cada una con sus respectivos grupos de amigos, le dije que yo necesitaba tiempo. Ella me dijo lo mismo. Nos estábamos conociendo mucho, ¿quizá demasiado? Sabía que la amaba por encima de todas las cosas en éste mundo. Sabía que ella me amaba a mí: ¿era suficiente? A veces me saturaba, por lo tanto, lo mejor era eso: tiempo. Tiempo para no-amar, tiempo para descansar, tiempo para respirar ...

Yo seguía trabajando en mi habitual rutina.
Ella hacía lo propio con lo suyo.

Había días en que la echaba mucho de menos. Otros que ni me acordaba de ella. Había una alumna: Fátima que me llamó en seguida la atención: ¿Yo con una alumna? A veces pensaba en ella pero en seguida se me borró de la mente. Muchas otras pensaba en mi novia y en mi, quizá es que éramos demasiado parecidas, sería cierto eso de que ¿los polos iguales se repelen? Nos amábamos pero ambas necesitábamos tiempo para reflexionar.

Entonces llegó nuestro aniversario. Sin comerlo ni beberlo no sabía qué hacer: ¿una invitación formal? ¿una cena en mi casa? ¿en la suya? ¿qué vestido ponerme? ¿irnos de viaje? ¡Si acabábamos de regresar! ¿Qué pasaría? ¿Qué tal estaría ella? ¿Y yo? Las tres semanas de separación me habían sentado genial pero, ¿y a ella? ¿Se habría vuelto a enamorar? Luego estaba Fátima pues siempre acudía fielmente a mis clases y cómo me miraba ... no dejaba de mirarme y me preguntaba seguido. “Se me pasará” me dije, “pues sólo es una cría”. Además yo sé a quién amo, porque la amo más que a mi vida. Que daría todo, absolutamente, todo por pasar el resto de mi vida junto a ella.

El día anterior dormí fatal. Al llegar a clase llegó un chico y me trajo un telegrama: “te amo, es preciso que lo sepas. A las ocho en mi casa. Tengo una sorpresa. Firmado ywendycrecio@yahoo.es” Sabía que era de ella pues “y wendy creció” es una novela corta que redactó un día. Al ocurrírsele el nombre me dijo: éste es mi e-mail. Te lo dedico como también te dedico la novela corta, que por cierto siempre está escrita en tres líneas.

Al recibir el telegrama se llenó mi pobre corazón de un bienestar sin límites. Ése día tenía una guardia y le pedí a un compañero que me la cubriese. Al acabar mi jornada laboral me fui casi corriendo a la peluquería. Cual fue mi sorpresa que ella estaba allí. ¿Con rulos? ¿Pero si ya tenía rizos? Me sonrió. Le devolví la sonrisa. La peluquera no paraba de hablar, poniendo “podre” a diestro y siniestro, sin ninguna piedad. Eran ya las 5 y yo no había ni siquiera comido. Conmigo terminó a las 6. faltaban 2 horas. Ella ya se había ido a las 5 y media. Me dio un fugaz beso en la mejilla a modo de amigas.

Me susurró:

- “Recuerda: a las 8 en mi casa. Te espero.”
- “Tranquila, la nota me llegó. Gracias”
- “Gracias a ti.”

No sabía bien qué ponerme. Abrí internet por si me habían escrito y hubo un e-mail que me llamó en especial la atención: “nos pusiste a caer de un burro”. Lo había escrito un amigo mariquita de la facultad. Lo borré de inmediato. Era uno de los pocos chicos de los que me he sentido realmente atraída: mariquita perdido. No sé a qué se refería. Lo borré. Él y yo coincidimos un par de veces en las reuniones del colectivo de gays y lesbianas. Un estúpido redomado y vaya e-mail! Pensé un segundo en la función social de los colectivos y caí en la cuenta que lo único que quieren es fiesta. Claro que a mí me gusta la fiesta pero creo que esta vida no es una discoteca. Se podrían hacer muchas más cosas de las que se hacen a parte de criticarse los unos a los otros y las unas a las otras. Leí por encima un e-mail de mi amiga Maite: semprealoia@eresmas.com en el que me invitaba a una fiesta. Ella también pertenecía al colectivo, aunque ella era de fuera conocía a alguna gente. Por su puesto a ese mariquita. Yo ya tenía mi fiesta.

Entre pitos y flautas ya eran más de las 7. No me había ni duchado y aún no me había decidido por ninguno de mis modelitos. Me decanté por un vestido negro, sumamente elegante con un escote muy tentador. Me adjunté un colgante de mi hermano Pedro con un anillo azul a juego que llevaría luego en el dedo índice de la mano derecha.

Las 7:30. Mierda! Me puse unos tacones no demasiado altos. Me recogí el pelo en un moño con unas orquillas. Me sentía bien conmigo misma. Me retoqué los ojos con un poco de rimmel y los labios con un rojo vermellón y me puse colonia: channel nº5 para las ocasiones especiales pues ésta lo era y mucho: ¡un año! Ni más ni menos. Me miré en el espejo y vi a alguien enamorada. Me sentía pletórica incluso nerviosa ¿Cómo estaría ella? ¿Qué habría preparado de cena?

Ya estoy. Cogí el coche y en diez minutos por la autopista llegué a su casa. Mi regalo consistía en unos cds: el último de Madonna, Suzuki de Tosca y Antonio Flores en concierto. Además le llevaba también el libro “Taxi a París” de Ruth Gogoll. Le había pegado cada una de las páginas con súper glue y no se notaba casi nada.

Cuando timbré la puerta ya estaba abierta, estaba arrimada. Su madre no estaba y su hermano Félix no tenía el coche. Estaríamos las dos solas. Solitas.

Entré y sonaba Prince of Fire. Había varias velas encendidas. Ella estaba en la cocina. Allí también había velas que estaban estratégicamente colocadas. Le besé la nuca, me abrazó y me dijo:

- “Me alegra de que hayas llegado. ¿Un martini? ¿Sólo o con hielo?
- “Sabes de sobra que solo. ¿No hay un beso para mí?
- “Aquí lo tienes: el martini”

Literalmente nos comíamos con la mirada. Literalmente nos hacíamos el amor allí mismo. No habría literatura que valiese para narrar aquel feliz momento. Nada más terminar la cena propuso que fuésemos directamente al lecho de amor. Me desnudó. La desnudé. Y el amor hizo acto de presencia. La amé. Me amó. Como era viernes por la noche ninguna de las dos tendría que madrugar el día siguiente. Nos lo tomamos con tranquilidad, incluso con parsimonia. Besé sus nalgas, la parte posterior de las rodillas. Su ombligo. Volvimos a utilizar un plástico film a modo de preservativo. En un momento del acto sexual me dijo que estuviese quieta. Se ausentó durante unos segundos y sacó casi por arte de magia un consolador. Cual fue mi sorpresa al verlo y nos reímos al unísono cuan dos adolescentes en su primera noche. De hecho es como si lo fuese porque cada encuentro con ella lo era. Yo me sentía indefensa. Había veces en que me temblaban las piernas, y de qué manera!! Ella estaba muy bella, muy hermosa. La amaba. No deseaba nada más en éste dichoso mundo que no fuese a ella. Sus largos cabellos. Su piel pálida. Sus ojos color miel. La poca luz que había nos la aportaban las velas que estaban estratégicamente colocadas. Todo era tan mágico, tan romántico. Y la música de compañía. Ahora sonaba Close Cover de Win Mertens y me acordé del sueño. ¿Sería sólo un sueño? Antes de soñar nos dimos nuestros respectivos regalos. Yo suponía que el suyo era el vibrador. No lo era. Le di los míos que estaban en una caja llena de mariquitas. Muy propia me había dicho a mi misma nada más comprarla. El suyo fue totalmente inesperado.

- “Y ahora me toca a mí” –dijo.
- “Haber, sorpréndeme”
- “Soy yo”
- “¿Tú?”
- “Sí: yo”
- “¿Cuándo?”
- “Hoy. Hoy he empaquetado todas mis pertenencias”

Era verdad, pues nada más entrar me había sorprendido ver en una de sus habitaciones todo empaquetado.

- “Durante éstas tres semanas lo he meditado mucho. Te he echado mucho de menos. Sé que no será fácil. Las dos tenemos nuestro carácter. Creo recordar que tu casa es lo suficientemente grande como para acogernos a las dos, ¿no?”
- “Para mí no supone ningún problema, pero ¿y tu madre?”
- “Ya he hablado con Félix y no hay ningún problema. Ambos se lo han tomado bien. Vendré un fin de semana sí y otro no.”
- “No hay más que hablar. Te amo hasta el infinito”
- “Ídem”

Dormimos con nuestros juntos: el uno pegado al de la otra. Al día siguiente nos despertamos temprano de mutuo acuerdo, así podíamos recoger todo antes de que llegasen su hermano y su madre. Cogimos algunas de las bolsas y las llevamos a mi coche. Aunque no es demasiado grande sí espacioso, retiramos los asientos hacia delante y pudimos introducir cuatro cajas. Todavía quedaban tres cajas y toda su ropa. Ella se quedó en su casa mientras yo llevaba el resto. Las dejé en el portal adjuntando una nota. Cuando llegué ya había bajado el resto de cosas. Ésta vez fuimos las dos hasta mi casa. Tomamos un café tranquilamente. Hizo, como tantas veces, mi hogar, su espacio. Para mí no suponía ningún problema el hecho de verla pulular por allí ya que en el fondo era mi ilusión. Desayunamos unos croissants que ella había ido a comprar a una panadería. Comenzamos a colocar sus pertenencias: una a una. Pude ver algunas fotos que tenía de nosotras y que yo había roto con rabia. Había hecho copias, lo cual me alegraba. Teníamos el día entero para nosotras. Podríamos haber ido al cine o al teatro. No lo hicimos. Nos quedamos como dos tontas viendo la televisión. Echaban “The L world” por un canal de pago. Nos echamos unas risas. Aunque la serie es un poco estereotipo nos reímos bastante. Ambas coincidimos en que todas las mujeres de la serie estaban bastante cachondas. El día se nos pasó volando. Sin darnos cuenta eran ya las cuatro y ni siquiera habíamos comido. Preparé unos spaguetti a la bolognesa. Yo debía y tenía que preparar la clase del día siguiente. Ella tenía que colocar todas sus cosas. Nos pusimos manos a la obra. Pusimos música de Blur, Parklife, y cantamos como posesas en nuestros respectivos descansos.

Los días se sucedieron: uno tras otro. Nuestra convivencia era como la de cualquier pareja: unos días mejores que otros. Lo que más ansiaba era oírla entrar en nuestro hogar. Creamos nuestro propio código de amor. A nuestro hogar le llamábamos infantilmente Wendy. Al lecho Bugy, como Bogart. A la cocina Bacall, como la mujer de Bogart.

Un día recibí un paquete. En él venía un gato. Adoro los gatos, le había dicho yo en una ocasión. Era y es un perro. Le llamamos “Querido”, una palabra sumamente cariñosa, pues él lo era.. Ojos verdes, no muy común entre ése tipo de raza. Nos leíamos mutuamente poemas de amor. Escuchábamos música a todas horas. Permanecíamos, las más de las veces, escuchando lo que habíamos hecho durante el día. Cosas rutilantes. Salíamos de vez en cuando junto a nuestros amigos. Básicamente porque pensamos que los amigos son como las plantas: “si no los riegas y los atiendes se mueren”. Así que nos poníamos una ropa sencilla y salíamos con ellos. Por mi parte a veces la pintaba. Ella se quedaba inmóvil. La realidad es más bella que el arte. Aunque el arte por sí mismo es y será bello.

Un día tuvimos un debate muy interesante sobre si existía o no el famoso talento. Durante bastante tiempo de la conversación yo sostuve que no existía. Ella intentó por todos los medios convencerme de que sí existía. Al final acabó por convencerme. Ella sostenía que, por ejemplo, Mozart o Picasso, eran talentos, que, aunque hubiesen nacido en otros países hubiesen triunfado igual. Por mi parte le decía una frase muy propia de la psicología conductista: “somos víctimas de nuestras circunstancias”. Me refería, básicamente, a que las circunstancias, el entorno, el ambiente ... son fundamentales para que ése talento salga a flote. Además recordaba la vida de Picasso y le decía que su padre era profesor de bellas artes. Que empezó siendo un crío: primero pintando azoteas y balcones para luego pasarse a pintar tal cual la realidad, realizando copias exactas tanto de su padre como de su madre. Además él decía que “si existe la inspiración que me pille trabajando”. Lo cual nos lleva que, aunque tengas talento, es necesario el trabajo. Ella sostenía que ése postulado era evidente, pues si no riegas tus plantas, por muy bellas que sean, no crecerán. En cambio hay muchas personas (las más) que no tienen un talento, por así decirlo, definido. Que se van construyendo a sí mismas. Que encuentran su vía de trabajo. Yo me acordaba lo que decía un profesor mío de la facultad respecto a los artistas: “Son como cebollas. Tienen numerosas e infinitas capas, las cuales han de ir “quitando” paulatinamente”. Ella estaba de acuerdo con ésa frase, pues todos tenemos nuestros bloqueos y “nuestras pajas mentales” que hemos de ir puliendo y/o quitando, pues nadie ha nacido aprendido. Repasamos en voz alta algunos de los que pensábamos que eran talentos puros: Klimt, Stanislavsky, el propio Picasso, Mozart, García Lorca, Hitler, Madame Curie ... y así hasta una lista innumerable de poetas, políticos, artistas, científicos. En lo que estábamos absolutamente de acuerdo es que sin el suficiente esfuerzo, trabajo y energía, todo el talento se iría al garete. Vamos, que no existiría. Buscamos por internet la frase: “¿Existe el talento?” Pero no nos ayudó para aclarar nuestras dudas. Con ésa pregunta sin resolver decidimos posponer el debate y preguntarle a nuestros amigos qué pensaban sobre el talento.

Como dije antes salíamos de vez en cuando con ellos. Fuimos al Katmandú, el bar de ambiente dónde nos besamos por primera vez. Cogimos alguna que otra borrachera. Era muy divertido. Nos sentíamos pletóricas la una junto a la otra. Cantábamos las canciones que nos ponían allí. Básicamente de la época de los ochenta, aunque he de decir que a mí los ochenta ni me van ni me vienen. De hecho aborrezco esa música pero a ella le gusta , con lo cual ... hay que aguantar el tirón y tirar pa’lante.

Alguna vez íbamos a tomar café a nuestra cafetería preferida. Estaba Juan, el camarero, que, muy amablemente nos ponía alguna que otra tapita. Las dos permanecíamos en silencio, leyendo nuestros respectivos libros. Era un silencio cómodo. Sonaba la música y nos dejábamos llevar. No era necesario hablar. Dicen los orientales que si no tienes otra cosa más bella que decir no rompas la belleza del silencio. Amaba su silencio. Amaba su presencia. La amaba y la amaré. Con eso me basta.

Durante el tiempo que vivimos juntas nos entendíamos casi a la perfección. Se convirtió, como no, en la compañera que siempre había soñado. Discreta cuando hacía falta. Medio loca cuando ella deseaba. Durante el verano y durante nuestras cortas pero intensas vacaciones decidimos quedarnos en casa y con ello cambiar algunos de los muebles ya que estaban algo viejos.

Fugazmente pasó un año. Estábamos próximas otra vez a nuestro segundo (¡!) aniversario. Mantuvimos una interesante conversación sobre la diferencia entre el amar y el querer. Ambas coincidíamos que se puede querer a muchas personas pero amar a muy pocas. Ella es sumamente inteligente es por una de las numerosas razones por las que la amo. En el amor, es decir, cuando amamos nos enamoramos de un compendio de detalles casi insignificantes. Y, cuando el tiempo pasa, como dice la canción, son esos detalles los que nos vuelven locos. Locos de amor se entiende. Y para que exista amor han de estar irremediablemente los celos por medio. Lo que ocurría entre nosotras dos es que pasábamos mucho tiempo juntas. No nos importaba, las más de las veces, aislarnos del mundo simplemente con un libro y un café. Estábamos las dos muy a gusto. Como bien dicen ha de existir la pasión y “el mundo lo mueven las pasiones, a mí me mueve ella”.

Llegó nuestro segundo aniversario. Llegábamos a él enamoradas, conviviendo juntas y con un animal por medio, nuestro “querido”. Además ya habíamos comprado algunos muebles en común: “¿qué más se podía pedir?” me decía yo a mi misma. Ojalá pudiésemos inmortalizar los momentos y vivir siempre el presente, agarrarnos a él, sin preocuparnos del futuro.

Fátima se empezó a interesar por mi vida, yo no le daba mayor importancia. “Sólo es una alumna” –me decía a mí misma: “Nada más. Además yo sé a quién amo, por lo tanto:NA-DA”

Un día me preguntó mi teléfono y no miento que me chocó. No le di mayor importancia. Me llamó desde la calle y casi me rogó para tomar un café. Le dije dónde vivía y se pasó a primera hora.

Eran las 8:30 a.m. de un día que no recuerdo. Yo ése día tenía la mañana libre pero tendría que ir a la compra y mi novia tenía que trabajar. Le dije que viniese a casa a desayunar: accedió. Cuando le estaba explicando el tema de la Revolución Rusa, el asesinato de Leon Trosky a manos del español Ramón Mercader: un espía manipulado por su madre: Caridad Mercader en México ... apareció mi novia, descalza y con sólo una camisa azul muy masculina que yo le había regalado por su cumpleaños, la cara de Fátima fue un poema: se quedó muda. No sé si se sorprendió que yo amase a otra mujer ó si por el contrario la encontraba atractiva. No lo sé, la verdad. Se hizo un silencio y se marchó. Sospeché que le había pasado algo porque su voz mudó y le brotaban unas ingenuas lágrimas. No voy a negar de que Fátima me resultaba atraída. Si fuese otra situación, a lo mejor ... Pero no lo era. Yo amaba a quién amaba y tenía la inmensa fortuna de ser correspondida. Nada que hacer. Cuando volví de acompañar a Fátima de la puerta mi novia me preguntó si algo iba mal: “No” –le contesté, “Es una chica un poco especial”.

Desde aquel día Fátima no volvió a aparecer por clase. Pregunté a sus compañeros pero no sabían nada de ella. La llamé a su teléfono pero siempre estaba fuera de cobertura, le envié algún mensaje al cual nunca me respondió. Llamé a sus padres pero tampoco había nadie: ¿se habría mudado?

Más tarde me enteré de que había empezado a trabajar en la imprenta de sus padres. La llamé pero no me contestó. La dejé pasar. Era una pena porque era muy aplicada y eso me entristecía pero ¿qué podía hacer yo?


Cuando llevábamos 2 años viviendo juntas (¡ya!?), además del año como pareja decidimos algo que nos cambiaría definitivamente la vida: nuestra vida. Por inseminación artificial y con permiso de Félix, su hermano, accedí a quedarme en estado: si era niña se llamaría Nieve, si fuese niño Etiam. Tendríamos que deshacernos de “querido”. Mis padres lo acogieron como si fuese un hijo. Para que nuestras familias se enterasen las hicimos juntar a ambas. Una comida formal para una noticia “informal”. Al finalizar el café les dibujamos un árbol genealógico y con dos posibles nombres al final. Tardaron en coger la indirecta-directa pero Félix, su hermano, dijo:

- “¡Coño, una criatura nueva en la familia!”

Todos sin excepción se echaron a reír y nos abrazaron como nunca lo habían hecho. Les había cogido de improvisto. Yo me sonrojé y dije:

- “Lo voy a “incubar” yo. Es decisión de las dos. Si luego decidimos tener otra criatura será ella. Cada cual con lo suyo , no?”

El primer mes de embarazo me trastocó. Había veces en las que me sentía cansada. Ella siempre estaba ahí apoyándome.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Durante los dos últimos meses tenía náuseas. ¡Es un horror! “Ni te lo puedes ni imaginar” –le decía yo. A lo cual ella me respondía: “Tranquila, la próxima vez me toca a mí”. Realmente ésas palabras surtían efecto en mí. Sabía que ella me amaba y ella sabía que yo la amaba a ella.

Se llamó Nieve: Nieve Iglesias Álvarez. Primero el apellido de ella y luego el mío. Había desestimado la idea de casarnos, básicamente porque yo soy atea y a ella ni le va ni le viene eso de pasar por la bicaría. Ni siquiera la bautizamos. La llevamos al Registro Civil. Dos madres. Dos mujeres. Ahora la tercera ... ¿en discordia? Por su puesto que no. Vivíamos en mi casa y habilitamos el estudio que era oficina de mi novia. Aunque la mayoría de veces dormía con nosotras en mitad de la cama.

El parto fue increíble: 3 Kg, 250 gr para ser más exactos. Se llamó Nieve gracias ó por culpa de mi novela favorita. Se podría haber llamado “Copo de Primavera” pero era demasiado hortera, demasiado cursi, simplemente: demasiado. Tenía los ojos marrones color miel como mi amor, pelo casi rubio como yo. Cualquier hombre ó mujer se enamoraría perdidamente nada más verla.

El tiempo se nos escapaba de las manos como cuando quieres coger mucha arena y no cesa de escaparte por donde menos te lo esperes. Así es como llegamos al cénit de nuestra relación. Más bien sería al ocaso porque ella cesó de amarme. No sé bien lo que le ocurrió. Tuvimos a Roma, nuestra segunda hija, ésta vez fue ella quien decidió tenerla por inseminación artificial. Nieve tenía ya un año y era nuestro “juguete” preferido. Nuestros amigos le regalaron todo tipo de juguetes. Un puzle!! –me dije yo. Era un puzle sencillo, nada más que nueve sencillas piezas. Cuando Roma llegó las más de las veces, tanto su madre como mis padres, nos ayudaban a cuidarla. Yo tuve una depresión post-parto a raíz de tener a Nieve. No lo pude evitar. Después de nueve meses de gestación es algo normal. Ó eso me decían sin cesar los médicos. Me medicaron con anti-depresivos. Ella estuvo ahí. Pero al gestar a Roma algo cambió.

Tuvimos alguna que otra discusión. Teníamos suerte porque las criaturas no estaban. Bien estaban en la guardería o con nuestros padres. Eran discusiones sin mucho sentido. Yo, por mi parte, no le daba importancia. A veces yo rompía a llorar sin motivo alguno. No lo podía evitar, me venían así sin pensar y sin reflexionar. Ella intentaba por todos los medios razonar conmigo. Yo todavía estaba de baja maternal. La casa estaba patas arriba ya que las niñas no cesaban de jugar. Lo que nunca en mi vida pensaba en ésos momentos tan agridulces es que podía romper con nuestro amor y menos con nuestra eterna amistad. Juro que no lo pensaba. Igual a ella se le pasaba muy a menudo. Llegué además de tomar anti-depresivos a ir asiduamente a una psicóloga. Mi novia a veces venía conmigo. Pero yo no arrancaba. Tenía ganas de llorar continuamente.

Un día después del trabajo encontré una nota escrita en puño y letra por ella.
“ME VOY. YA NO TE AMO. NO ME BUSQUES. YA TE LLAMARÉ. LO SIENTO: ME HABRÍA GUSTADO QUE NO FUESE ASÍ.”






















Durante días la estuve buscando tan desesperadamente como pude. No contestaba al teléfono. Ya no vivía en su casa. Había dejado repentinamente su trabajo. Sus amigos/as no sabían nada de ella. Literalmente la había tragado la tierra. Confundía su rostro entre la multitud. Iba por los bares a los que solíamos ir las dos juntas a leer. Le envié mensajes, e-mails, incluso faxes ... y nada. Pero, ¿dónde se habría metido? Me preguntaba yo sin cesar. Yo trabajaba sin cesar. De casa al trabajo. Con las dos criaturas. Menos mal que Silvia me echaba un cabo que si no!! Le escribí los versos más bellos que jamás he escrito de ellos. A todos ellos los he escrito para que con ello el viento no se los llevo. Ojalá algún día sus ojos lo pudiesen leer.


Cuántas veces he soñado
Que tu silencio fuese algo más

Cuántas veces he ansiado
Que fuese algo más

Cuántas veces te he amado
Sin mediar palabra

Cuántas veces te he observado
Sin hablar nada

Cuántas veces ...??

Cuántas veces te susurraría
Que te amo más cada día!!
Vida mía
Porque de hecho lo hago
Te profeso un amor profundo
Eterno en la eternidad
Hetéreo en la hetereidad

Ya ha pasado tiempo,
El suficiente como para olvidarte
He sido incapaz de ello
Todavía me resuena tu voz
Todavía me resuena su tono
Todavía ...!!!
Pasan los días y me deshago
Cada día
Por dentro
A veces no puedo
Con tanto amor
Que llevo dentro
Pensé que sería sencillo
El olvidarla, el no-amarla
El enamorarme de otras
Y así ser feliz
De una vez por todas
No he podido
Me tiene presa
Presa de su cara,
De su cuerpo
Que tanto deseo
Presa de su alma
Que deseo besarla
Tanto que lo daría TODO
Todo por NADA
Nada por TODO

Estoy deshecha
Mis ruinas están deshechas
Por dentro
Me duele todo
Y no encuentro el modo
La fórmula de olvidarla
Para no-amarla
Y decirle al oído:
Te amo tanto
Que todo el oro del mundo
Sería insuficiente para saciarme
Del amor que ahora siento por ti
Mi belleza robada
Por quién no me ama

Me despierto,
No te veo.
Vagueo por las calles.
Busco desesperada tu cara,
Tu sonrisa que no veo,
Tu cabello que tanto deseo.
Pistas que me guíen hacia ti,
Dónde te metes?
Mientras vagueo tras tu rastro me miento!
Dónde te escondes?
El día que te encuentre
No sabré dónde meterme
No sabiendo qué decirte
A mi mente vas y vienes
Tu mirada me persigue
Tus manos me susurran
Cómo me rozarían?
Cómo te besaría?
Son espejismos lo que siento?
Oasis inmundo
Tu boca arena desértica
Tu cabello el desierto
Cuándo poder llegar?
Eres real
Tu cintura son ondas
Y tu voz me susurra.

Por fin dio señales de vida y quedamos una mañana para tomar el café en el bar de la esquina. Yo a penas había dormido entre las niñas todo que se estaba lleno a pique... no podía más. Tenía que hablarlo y hablarlo con ella, pues el amor es cuestión de dos y de nadie más. Mis amigos me sirvieron de consuelo pero eso no era suficiente. Tenía que hablar con ella, de ella y de mí: de nosotras. Quedamos a las 10 en punto, si una no acudía no nos volveríamos a ver en la vida. Llegué 5 minutos antes. Ella estaba allí, inmóvil, sumamente hermosa, sumamente ella. Tuve que maquillarme previamente porque tenía unas hojeras del copón. Había llorado mucho. La echaba muchísimo de menos: ¿y ella a mí?

- ELLA: “Hola”
- YO: “Hola”
- ELLA: “Me he liado con Juan, mi amigo de la infancia. Le amo. Además tengo el SIDA. Él es drogadicto. Me he mudado y ahora vivo con él. Él me ama.”
- YO: “¿Por qué no me lo has dicho antes?
- ELLA: “Tenía miedo a perder tu amistad. Lo siento, ya no te amo.”
- YO:“Yo también lo siento pero qué sientes tú? Yo he estado cuando me has necesitado. Ahora que te necesito yo tú ya no estás”
- ELLA: “No hay más que hablar. Te he amado hasta el infinito y he vuelto de él. Ya no aguanto más. Desde que Roma nació has estado insoportable. Pensé que la crisis del post-parto te pasaría en seguida, pero no ha sido así, con lo cual ...”
- YO: “Con lo cual me dejas. Una pregunta: ¿Te gustó?”
- ELLA: “¿El qué?”
- YO:“El haberte acostado con él y todo eso. ¿Besa bien? ¿Te folla bien? Vamos ¿si se la chupas con gusto, que si llegas al orgasmo múltiple? ¿Te la come?
- ELLA:“Eres-eres ... insoportable. Das pena”
- YO: “¿Así? ¿Por? Me preocupo por ti, nada más. Deseo tanto tu felicidad como la mía. Yo ahora te necesito más que nunca, ¿es que no te das cuenta??”
- ELLA: “Ya es tarde. El tranvía pasó por tu puerta y lo has dejado pasar ...”
- YO: “Te amo, es preciso que lo sepas”
- ELLA: “Te amado con behemencia. Espero que esto no rompa nuestra amistad, sería una pena el haberla perdido”
- YO: “Tranquila, yo estaré cuando me necesites. Te ruego una cosa, probablemente te sorprenda el escucharla pero la siento así: ámalo. Ámalo con toda tu alma. Que sepa que lo ames (y él a ti) toda tu puta vida. Si no sería muy vil por tu parte. No te mientas: ámalo y deja estar lo nuestro.”
- ELLA: “Lo amaré hasta el final de mis días, como amo los amaneceres y los anocheceres. Sé que él me ama y con eso me basta.”
- YO: “Por mucho que me empeñe no doy estado en tu piel. Pues tus sentimientos son tuyos y, como dicen:1º son los sentimientos y luego ... el amor”
- ELLA: “Espero que no me guardes rencor”
- YO: “No lo haré. Puedes estar tranquila”
- ELLA: “Y no te preocupes por la enfermedad, todavía no saben si es SIDA o otra enfermedad pero lo más probable es que sea SIDA.”
- YO: “Cuidate”
- ELLA:“Lo mismo digo”
- YO: “No os molestaré mientras estéis amándoos”

Sus palabras poseían: rencor, dolor y un poderoso sentimiento de veneno. La comprendí. Soy así.Mis lágrimas surcaban mi alma sin cesar. No sabía a quién implorar, si es que se podía implorar a alguien. Quizá a ella: su perdon. O quizá a su orgullo dañado.

Desde aquel entonces no supe de su vida. A pesar de que la deseaba en cuerpo y alma ya tenía lo que yo no quería su NO eterno. Desde aquel entonces desaparecí de su vida.

Seguí trabajando por un tiempo no demasiado largo en mis quehaceres cotidianos. Reflexioné, le seguí escribiendo. Creando las mejores palabras que he creado.Fui creando a una persona totalmente distinta hasta entonces. Prohibiéndome amarla conseguiría por lo menos evitarle sufrimientos inútiles para ambas.

Pasaron días, segundos, anocheceres, meses ... canciones sin sentido alguno. Mi vida mudó. Me invuí en una vida sin complicaciones. Con monotonía y sin explicaciones.

Porque dicen: “Hace falta mucho valor para reconocer lo que amamos”. Y también dicen: “Es una catástrofe mundial el no poder obligar a que nos amen”.

Una vez, pasado el tiempo, me pregunto sin cesar si la verdad es que no es mejor así. Somos demasiado semejantes como para amarnos semejantemente, valga la redundancia.

Pero habría dado todo. Sin pedir nada a cambio. Cuando la conocí intuí que algo me ocurría en mi estómago, ahí por el hígado ó el páncreas.Todavía al oír su voz en mi interior tengo unas cosquillas constantes, un no sé qué hacer si la veo. Le escribo sin esperar respuesta alguna.

Lo peor de todo es la soledad y no es precisamente una soledad buscada, mas bien al contraro. Es la continua sensación de permanecer en el olvido. De ver continuamente a la gente, ver a una pareja que se ama y no ver esos brazos que me rodean. Alguien que no me besa. Alguien que no me escucha. Gente que me observa como el viejo de hace un rato; como la vieja de uno de mis viajes en soledad por tierras lejanas.

Desde que cesó su amor me he dedicado a bagar por ciudades tanto lejanas a ella como a mí. Huyendo de su recuerdo que lo recuerdo. Huyendo de su mirada que me mira a los ojos. Huyendo de su presencia, que se ausenta. Huyendo de su querer que cesó de amarme. Huyendo de mí misma para encontrarme una y otra vez contra la misma pared. Con ello no conseguí nada: absolutamente nada. Cuando regresñe ella no estaba, sus labios no me besabann, sus brazos no me abrazaban y su querer ya no me quería. Lloré y lloré sin cesar de amarla. Es el eterno no, la sombra de la memoria, memoria innombrable. Es el sinvivir del tiempo, los segundos que no pasan, los amaneceres que no amanecen, la luna que no aparece, el cigarro que no se apaga ... tantos sentimientos que intento ... ocultar y guardar en mi triste corazón. Su corazón no me ama. Triste corazón de amor. Corazón que ya no siente pasión por mí.

Me quedo quieta. Suena la música de antaño. La gente pasea. ¿Qué mirarán? No miro para a fuera. A fuera llueve. Mañana será otro día. Dormiré. Descansaré. Comeré y no la llamaré ... intentaré no amarla, aunque sólo sea un poco. Aunque sólo sea durante un mísero minuto. Aunque sólo sea un durante un segundo. Porque ahora ya sé que no me siente. Sé lo que siente por mí. Sé que ya no me ama, porque el amor es lo más triste cuando se acaba. Y créanme, mi pobre corazón está triste, muy triste por ella. Nuestras criaturas están espléndidas, pero ella no está. La casa: como siempre, sin su presencia que se ausenta una y otra vez. Las calles mojadas. El cielo gris. Lo siento por mí. La gente sigue paseando. Los árboles se mueven. Semejan que danzan. El viento los golpea. Y ella no me besa.

Últimamente camino mucho, por las calles mojadas, por las mismas calles en las que charlábamos las dos juntas. Cuando camino sola tengo inmensas ganas de expresar lo que siento a diestro y siniestro. Mientras me tomo tranquilamente un café en el mismo sitio, sin ella, recuerdo con nostalgia lo que un día fue, que ahora ya no es. Tengo ganas de gritar. Tengo ganas de llorar, de clamar al cielo y al viento que lo siento, que siento lo que siento: amor por tu cuerpo. Y me oculto en mí misma, en mis pensamientos, en su mirada, en el sinvivir que da el tiempo. No importa dónde esté, la seguiré amando siempre, en mi mente, en mi alma que le ama sin cesar. Porque una persona cuando está con otra persona no son dos personas: son una relación. Son más de dos. Y dudo mucho que se puedan amar a dos personas a la vez. Aunque eso es cuestión de sentir. Lo que siento es que no le tengo y eso me hiere. Me hiere de muerte imaginándote con su amor, que ya no soy yo. Me hiere pensar que se va a morir y no de amor precisamente. Que ya no le volveré a ver. Lloro y lloro por dentro. Mis lágrimas están presas porque ella no me besa. Aaaaaaaaaah!!! ¿por qué no elegir de quién enamorarnos? ¿Acaso no sería todo más sencillo? Elegirla, elegirlo y todos tan contentos. Evitar el sufrimiento tanto propio como ajeno. Que sepa que su silencio me ha dolido. Me ha matado de ... muerte.

Mas he de seguir. He de seguir con mi vida, que es mía. He de seguir cantando. He de seguir comiendo, corriendo tras del viento. Seguir viviendo es un eterno y continuo pasatiempo.


Y lo peor de todo es que la sigo amando como el primer día. No hay un segundo que deje de pensar en ella. Me porté mal y lo sé. Pero las depresiones son así. Estás abajo y por mucho que intentes subir no das. He vuelto a fumar. Mis amigos y mi familia me insisten y me ruegan que la deje estar. Mas no doy. La sigo amando. No me quiere ver ni en pintura. La sigo pintando. La sigo deseando. Le escribo poemas de amor. Echo de menos su presencia. Miro el teléfono y no suena. Me gustaría no tener manos ni sentir lo que siento. Me gustaría enamorarme de otras (o de otros). Como antaño siempre que leo algún libro la veo a ella continuamente. El desamor es uno de los peores sentimientos que existen. Pues nada puedo hacer. Sólo rezar para que aparezca alguien cuando menos lo espere ... Recuerdo con añoranza y esperanza que algún día vuelva a mi lado. Que me ame como antaño. Que sienta por mí lo que yo siento por ella. Mas nada puedo hacer. Nada está ya en mis pobres manos. Las criaturas crecen pero ella no las ve crecer. El tiempo cambia pero ella no lo ve, por lo menos no a mi lado. ¡Qué puedo yo hacer?









































Anotaciones (this is the end)

Dedico éste libro a María Corradi, a Eva Zambrano y a Susana Guzner por ser tan “insensatas” J

También lo dedico a la persona de quién algún día me enamoraré perdidamente. Todavía desconozco su nombre.

Evidentemente no puedo ni debo obviar a mi familia: pues siempre han estado ahí. Gracias.

El e-mail escrito ywendycrecio@yahoo.es existe. Espero ansiosa las posibles y probables críticas. Espero que sean lo más constructivas posibles. El otro e-mail semprealoia@eresmas.com también existe, como también existe Maite pero ella ya no es mi amiga.

Ésta novela es ficticia, aunque se basa en una hipotética realidad que nunca existirá más que en mi mente y en mi corazón. Está escrita con puño y letra con mucho amor. Mi alma está presente en todo el relato.

Las pinturas: “Amaneceres contigo” y “Madonna quanto è bella” existen, así como también el poemario “El suicidio de los sueños” y el relato corto “Y wendy creció” que le había escrito <> a la protagonista.

Por el resto: le he de agradecer eternamente la compañía a Marlango y, en especial, a trains. Y sobre todo gracias a vosotros/as por haber pasado un agradable momento con alguien como yo. Ha sido un auténtico placer el haberlo escrito, espero pues que les haya gustado y si no, ya saben: igual algún día crezco!!!
Firmado:
ywendycrecio@yahoo.es
















































Porque subir contigo es demasiado sencillo.

Después de haber asistido a aquella intensa conferencia deseaba con todo mi ser compartirla con alguien: con mis amigos podría haber sido demasiado banal.

Iba en el coche cuando la vi. Cruzabas la calle de una esquina a otra. Mi mente no quería parar pero infantilmente mi pié derecho se posó sobre el freno. Fue mi perdición. Pude haber seguido mi camino. Pero ésa no fue mi reacción, que muy probablemente habría sido la más adecuada. No lo hice. Bajé la ventanilla y con un: “Hola, ¿Qué tal? Te apetece tomar un café?” accediste de inmediato: fue nuestra perdición. Subiste al coche: puse mi, luego sería la nuestra, música predilecta.

Hablamos del tiempo. De nuestros qué haceres cotidianos e iniciamos el rumbo hacia el “país de nunca jamás”. En sus ojos destelleaba el deseo más ferviente hacia mí que jamás había imaginado. Además del café que compartimos, nuestras miradas se fundieron en un solo ser. Compartí con ella absolutamente todo lo expuesto por aquella abogada que, como ella, también se declaraba abiertamente feminista. Al terminar los pinchos que nos habían puesto fuimos por la calle, agarré sutilmente su mano y la besé.

Así empezó todo. Y no se acabó. Accedió sin condiciones a mi lecho. De hecho le invité a desayunar. Le masajeé, ya que llevaba un duro día de trabajo en la oficina. “Así qué mejor que un masaje” –me dije. Al terminarlo le besé la nuca. Luego bajé muy lentamente por cada vértebra para que sintiese mi piel con la suya. Puse la misma música que había puesto en el coche. Le hizo gracia el poder escuchar una grabación mía de pequeña. Cuando recitaba poemas en un inglés casi-perfecto. Mientras sonaba la música llegué a su cintura. Posé mi codo derecho en tu nalga izquierda y comenzó a gemir. De hecho no lo esperaba.

- Le comenté: “Es un masaje muy especial para alguien muy especial”
- -“Gracias” – me contestó..
- -“Gracias a ti”.

Después de unas fugaces pero intensas cosquillas en las plantas de los pies se dio la vuelta. La amé hasta el amanecer. Le observé mientras dormía junto a mí, “dormías, amor?”. Le besé fugazmente los labios y le llevé además del café con leche, unas tostadas con mantequilla y mermelada de fresa, ahora sé que son tus favoritas. Y mi flor predilecta: un lilium real.

Rozando su cuerpo me fijé en su tatuaje: ¿una rosa del desierto?¿ó era un símbolo celta? Sus cabellos me lo impedían ver. Además la tenue luz que se filtraba por la persiana no era la adecuada. Me sonrió al verme llegar completamente desnuda trayéndole el desayuno: “¡Buenos días, Amores todos los días!” Volvía a encender la cadena de música de inmensas dimensiones que se había hecho un hueco en la sala.

- -¿Qué hora es? –me preguntaste-.
- “La hora en que las niñas buenas se toman el café” –te contesté.
- “He de irme pronto. Tengo dos reuniones, ¿comemos juntas”
- “No puedo, es decir, no sé si debo ...”
- “¿Por?”
- “Tengo que dar varias clases y muy probablemente llegue exhausta. Casi prefiero dejarlo para otro día”
- “Es una pena”
- “Y que lo digas”

Se creó un silencio entre ambas. Seguía sonando la música. Puse la radio. Eran las 8 a.m. y ella se debía marchar. Se duchó, queriéndome introducir en la bañera. Yo ya estaba vestida. Me dio un beso y se fue.

Las horas no me daban pasado. Pues había dormido muy poco perdiendo el tiempo en dilaciones, en ella y en nosotras ... Me fui a casa y pedí una pizza: tropical con mucha piña y mucho maíz. Por la tarde la llamé. No contestó. Supuse que tendría más trabajo del habitual. No me preocupé. Di mis tres clases casi de memoria. Vieron un documental sobre los nazis y sobre el nazismo. Hicimos un video-forum muy interesante y me fui para casa.

Debían de ser las 3 a.m. cuando me llamó. Tenía la voz ronca de tanto fumar. La noté preocupada.

- “Mi padre ha muerto. Estamos en el hospital: accidente de coche.”
- “Voy corriendo”
- “Tranquila, ten cuidado, por favor”

Cuando llegué estaba de pié llorando, su hermano Félix le estaba consolando. En ése momento sabía perfectamente por qué la amaba tanto. Su madre estaba dentro. La fui a abrazar. Entre sollozo y sollozo logró decirme:

- “ Me alegro de que estés aquí. Ella te necesita”-La abracé como no había abrazado a nadie en mi vida.
- “Mi vida, lo siento”. –Le dije a mi amada.
- “El otro conductor había bebido ... aaaah, llamaron a mi madre desde el hospital. Ésta vida es una mierda!”

La abracé y cómo no supe qué decir: no había nada que decir.

- “Mañana es el entierro”
- “Iré”
- “Lo van a quemar, era su voluntad. Vamos a donar los órganos”.
- “Te amo”
- “Y yo a ti”.

Aunque nos conocíamos desde 6 meses (ya!!) era como si nos conociésemos desde hacía años. Cuando la conocí, por medio de unas amigas, supe que nunca nos separaríamos. Nos conocimos en un bar. Y con una mirada nos dimos cuenta de que el destino nos había unido ... La primera noche fue mágica. La recordaré siempre con nostalgia. Ella: una experta; yo: virgen (por lo menos con mujeres). La recuerdo a la perfección. Ambas habíamos salido con nuestros respectivos grupos de amigos/as. Ella iba impresionante: una falda que te llegaba a los pies y con un “top” Mao rojo con bordados amarillos. Yo vestía una camiseta negra que me habían regalado mis amigos por mi cumpleaños y con un pantalón negro a juego. Al entrar intuí su presencia antes de que me viese. Estaba con María, nuestra futura celestina, con Laura y Juan. Yo llegué sola, pues había quedado allí con Silvia, una amiga de facultad y de borracheras. No tenía pensado beber más bien al contrario. Deseaba verla ... deseaba amarla. Al verme se giró. María vino en mi búsqueda. Justo en ése instante no había mucha gente. Era un pub de ambiente. Yo no cesaba de observarla. Le saludé cordialmente. María me dijo: “Ella está por ti”. “Idem”, le contesté.

Nuestros cuerpos se juntaron. Besé sus labios, mi lengua se encontró con la suya. Aparté su cabello largo, me tocó con descaro el culo. Y nos fundimos en un eterno abrazo. Decidió seguirme, nos cogimos de la mano: fue nuestro primer encuentro.

La primera vez decidimos ir por mutuo acuerdo a una pensión, pues yo de aquella todavía vivía en la casa de mis padres. La pensión se llamaba: “Deseo”. Besé sus labios nuevamente. Cubrí su cara entera de besos. Se me escapó un “te quiero” a lo cual ella me contestó “y yo a ti”. Nuestros cuerpos se juntaron. Poco a poco fui recorriendo tu cuello, hasta llegar a tus senos que estaban pletóricos de excitación. Llegué a tu ombligo. Parada obligada pues es uno de mis lugares preferidos. Se fue desnudando. Todavía permanecimos de pie, junto a la cama. Cerró los ojos. Estaba muy hermosa. Comenzó a gemir. Se acostó y me quité el resto de la ropa y me introduje dentro de ella. Me sujetó la cabeza con sumo cuidado. Gemía, vaya si gemía ... Volví a besar sus carnosos labios. Me introdujo los dedos pidiéndome que yo me pusiese debajo. “Ahora me toca a mí”. Estaba llegando al cielo con ella y no me quería ir ... sin probar las nubes. Una sensación de bienestar se apoderó de mí y le besé el cuello. Dormimos la una junto a la otra, con apenas una sábana. Era verano. La abrazaba y su olor me penetraba hasta las entrañas. Estaba tan hermosa... La habría pintado justo en ése momento. Lo habría inmortalizado. Al despedirnos me dio su teléfono y un besazo en la comisura de los labios.

- “Nos vemos” –dijiste.
- “¿Cuándo?”
- “Cuando menos te lo esperes ...”
- “Soy impaciente, dime cuándo y dónde”
- “Allí dónde te dicte tu sentir”
- “¿Mañana a las 6 en tu casa?”
- “No puedo. Trabajo”
- “Llámame y quedamos. Un beso”

Ahora, aquí, en el funeral de su padre, no cesaba de consolarte. Permanecía abrazada a mí. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Sus amigas asistieron al funeral. Nos saludaron.

- “Ya nos veremos” –dijo.
- “Cuando tu alma te lo pida”
- “Te amo”
- “No más que yo a ti, sabes donde estoy”

Al llegar a mi hogar me desplomé en el sofá. Vestida como estaba dormí plácidamente toda la tarde. Pasaron los días y las noches. No supe nada de ella. Me imaginé que estaría agotada y que necesitaría tomar su tiempo. “Normal”, me dije.

- “Deseo irme lejos, lejos de todo. ¿Qué te parece irnos las dos solas a la playa de las Catedrales?”
- “Perfecto. ¿Cuándo?”
- “Ahora. Necesito desconectar de todo lo que me rodea”
- “He de darme de baja”.
- “Okey, yo ya lo he hecho”.

Nos vimos dos horas más tarde. Nos fuimos en mi coche. Ya había cargado todas mis pertenencias.

“Allá vamos!!”
“Gracias” – y me besa en los labios.

Por lo general no solemos manifestar nuestro amor en público pero en unas circunstancias como aquellas: todo vale.

Partimos rumbo a Ribadeo. Pusimos nuestra música favorita: Watling y Marlango. Cantamos con la música a todo volumen. Necesitábamos urgentemente gritar y desahogarnos. Es la mejor de las terapias. Me abrazó diciéndome: “Gracias. Te debo la vida”. Cambiamos el cd y pusimos nuestra canción: Pachelbel in cannon D, de George Winston. Cuando llegamos a la playa llovía un poco pero pudimos disfrutar de la belleza en vivo: ella y yo, yo y ella ... comenzó a llorar. No se lo impedí, pues si es lo que el alma hemos dejarnos llevar por ella y por nuestros sentimientos.

Alquilamos una habitación en una pensión. Mientras se duchaba saqué mis pertenencias del coche, ésta vez había llevado conmigo algunos lienzos y mi maletín de las pinturas. Sólo dos mudas. Nada más. Mientras se secaba el pelo me abrazó, todavía mojada y me besó en la espalda.

-“Te amo, ¿Tienes hambre?”
-“Hambre de ti amor”
-“Ajá, no me digas”

Ya le había sentado de maravilla el viaje, nuestras canciones y aún mejor el haber llorado tanto. Sus ojos brillaban: ¿de la excitación?¿del amor por mí?. Nos pasamos el fin de semana entero en la cama. Le leí un poemario mío llamado: “El suicidio de los sueños” dedicado a quien he amado hasta el infinito. A pesar de que estábamos en pleno invierno, pues era enero, decidió bañarse en la playa. No había nadie y se bañó desnuda. Por ello cogió resfriado y nos tuvimos que volver. Fue un escenario magnífico con quien más he amado. Recogimos nuestras pertenencias y retomamos el viaje de vuelta. No sin antes realizar unas pequeñas fotografías. Allí pinté: “Amaneceres contigo” y “Madonna, quanto è bella”.

Nos sumergimos en nuestra habitual y correcta monotonía. Quedábamos todas las tardes a eso de las 6 en mi casa. Nos dedicábamos a contemplar la casa vacía, a hacer futuros planes sobre nuestra vida. Sobre todo a ver películas y a escuchar música: nuestra música. Allí la pude contemplar a mis anchas. Había convertido mi espacio en el suyo.

Un día discutimos sobre política. La discusión se volvió animada. Su familia era de derechas básicamente y ella estaba bastante influida por el ambiente. Mi familia, por el contrario, es y, sigue siendo, de izquierda. Con su tono habitual me decía:

- “ Haber, porque Estados Unidos sigue hasta la médula en la guerra, no dará salido de ella nunca-jamás. Es un hecho obvio. La guerra les es necesaria, pues gran parte de su economía depende del negocio de las armas. Tienen a Chalton Haston como representante ...”
- “Pero podrían invertir en sanidad pública ó en educación. Que nunca les vendría nada mal” –la interrumpí.
- “Ya pero aún así no solucionaría sus problemas. Es una cuestión de supervivencia. Seguirán de por vida allí hasta que maten a todos los irakíes.”
- “A Bush se le están bajando los humos. Han dicho que van a retirar 20.000 hombres. Los cuales ya estarán hechos unas mariquitas que no veas!”
- “¡Qué bueno! ¿Te imaginas una mariquita disparando?”
- “¡Uy, no te mato, porque estás demasiado bueno!”
- “Siguiendo con el tema, creo que la cuestión no se va a saldar a favor de Irak. En una conferencia un hombre le preguntó al conferenciante: “¿Y sabe cuántos terroristas hay ahora mismo en Irak?”
- “¿Y qué le contestó el conferenciante?”
- “Pues, aproximadamente unos 150.000 ... estadounidenses”
- “¡Qué bueno!”

El resto del tiempo a veces íbamos al cine. A ella le apasionaban las películas americanas, básicamente las románticas tipo: “Un asunto de Amor” de Warren Beatty y Annette Bening. Sostenía que el amor se produce en décimas de segundo. Yo no se lo discutía, pues ambas coincidíamos que era y será una de nuestras películas favoritas. Y que de hecho, está más que comprobado el hecho del enamoramiento.

Disfrutábamos como dos adolescentes. A veces hablábamos del tiempo, de su paso. Yo tenía de aquella 26 años, ella 27. A veces invitábamos a un café a alguno de nuestros amigos. No ocultábamos nuestro amor. Pero en lo que ambas coincidíamos era en que deseábamos pasar el mayor tiempo a solas: ella y yo, yo y ella. Permanecer abrazadas viendo la televisión, cambiando de canal: doblando a los distintos personajes. Nos reíamos sin cesar. Había veces en las que encendíamos las velas. La música nos acompañaba. Y el amor nos unía cuan dos gotas de agua.
Era abril y las flores comenzaban su recorrido para florecer. Me regaló una rosa blanca adjuntando una nota:

<Mi piel desnuda
Existe el cielo con mesura
Echo de menos tu mirada
Que me mira extrañada
De tanto amor que yo tengo refugiada.
Tus párpados ocultan tu ser.
Tus cejas tu querer.
Blancas son,
Como yo.>>

Mas todo lo bello ha de tener fallos. Un día en una fiesta que organizamos la noté algo extraña. Cuando la intenté besar no me correspondió como los días anteriores. Algo andaba mal... Se lo pregunté y ella torció la cara. Mi intuición no me fallaba. Algo le pasaba. ¿Acaso era yo?¿Acaso sería la repentina muerte de su padre?

- “¿Te pasa algo cariño?
- “No, nada nada”

Entraron nuestros amigos. Todo sucedía sin mayores imprevistos, a no ser por su repentino cambio de humor. Intenté besarla pero rehusó de mí. Ni siquiera me miró. Me metí en la cocina para prepararme un café con leche. Allí estaban Pedro y Juan. Sí, Juan, un hetero enrollándose con Pedro!! Les eché una pícara mirada y ellos siguieron como si nada. Me preparé el café y calenté la leche. Vino Silvia, mi compañera de facultad y de borracheras, hablamos del tiempo y le comenté que encontraba a mi novia algo extraña. Ella ni se inmutó. El café todavía estaba caliente y tardé en tomármelo. Nos sentamos mientras ellos continuaban con lo suyo. Nos miramos y nos surgió una sonrisilla. Ella, mi novia, no estaba presente. Hablamos de los planes que teníamos juntas y comentamos lo bien que estábamos. La música estaba bastante alta. Lo suficiente como para que los vecinos se asustasen. Oímos golpes. Supusimos que eran ellos: los vecinos hartos de nosotros. Cuando la abrí no eran ellos: era mi ... y otra persona. La pude reconocer. Era Raquel una ex suya. Se estaban besando ... y no en la mejilla precisamente. Cerré de golpe la puerta como si viese un fantasma. Silvia me cogió del brazo y yo la rehusé. Me quedé de piedra. El café se me cayó por la ropa: “mierda” pensé. Habría sido mejor habérselo tirado a la cara. Me fui corriendo al baño y cerré la puerta. No lloré. La soledad se me impuso cómodamente en mi alma. Quieta, como estaba, me quedé muda, delante del espejo: ¡No me lo podía creer!! ¿En mi propia casa? Por lo menos habría sido mejor por su parte haberse ocultado. Aunque pensándolo mejor: <>. Golpeó fuertemente la puerta. Volvió a golpear. Cuando salí: algunos ya se habían marchado. No le hablé. Lo único que le dije fue:

- “¡Fuera!! Fuera de mi casa. Ahora.”
- “No es lo que parece”
- “Así: muy típico. Fuera!!”

Se marcharon. No quedó ni rastro de ellos. Puse a Camarón. Lo suficientemente alto como para no oír si me llamaban. Como una posesa me dispuse a recoger todo. Cogí unas cuantas cajas y recogí todo lo que me recordaba a ella. Borré su teléfono de mi móvil. Rompí todas y cada una de nuestras fotos, excepto una en la que estaba en la playa de las Catedrales, desnuda, como te habían traído a éste maldito mundo.

-“No hay peor putada que el Amor”.-me dije.

Grité éstas y otras palabras en alto. Lo que sucedió después no lo recuerdo con nitidez. Sonaba la música a todo volumen. La casa patas arriba. Era domingo por la mañana. Me había quedado dormida en el suelo. Al lado: una botella de wisky. Tenía todo el santo día para reconstruirme. Aparqué el wisky y me tomé una copa de coñac cada hora durante los siguientes meses. Desconecté el móvil. No abrí a nadie. Iba y venía sin hablar con nadie (excepto con mis alumnos). Ellos debieron de sospechar que algo no iba bien. Antes siempre o casi siempre llegaba con una sonrisa en la boca. Ahora no. Mis padres se preocuparon. Les dije que mis alumnos eran un coñazo. Que ya se me pasaría!!! ... pero no pasó. El tiempo y yo nos pusimos peor. Comenzó a llover. Hacía décadas que no llovía así. Y eso que estábamos en pleno junio. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina. Y yo hecha un trapo. Me compraba la comida por encargo, había notas tuyas por debajo de la puerta que, obviamente, ni leía. Te pueden hacer daño: ¿pero tanto? No cesaba de preguntármelo: ¿Por qué yo? ¿Es que no podemos elegir de quién enamorarnos? ¿Por qué la amaba tanto? Si sólo habían sido 8,9, quizá 10 meses? Eso no es nada me seguía preguntando. Preguntas que no obtenían respuesta alguna. No es que sea especialmente celosa, de hecho, considero los celos parte íntegra e intrínseca del amor. ¿Era amor lo que sentía yo por ella? La deseaba. La odiaba. Por eso estaba tan rara ésa noche. Tonta de mí!! ¿Por qué? ¿Por qué? Me topé de bruces con un libro: <> S. Guzner al que siguió: <> de R. Gogoll. Siempre la veía a ella. Cuando eso ocurría arrancaba sin piedad alguna las páginas. No escuchaba música. Me dediqué en cuerpo y alma a mi trabajo. No salía. Comía una dieta rigurosa que me autoimpuse. Prácticamente: la olvidé. Ó eso creía.

Un día bajé al cíber de la esquina. Aunque por lo general no suelo chatear: la excepción de la regla. Conecté con un chat y me puse a hablar con Maite: una rubia que, como ella, también tenía los ojos marrones. Ó eso me dijo. Intuí que era sumamente responsable. Pero no era ella. Aparentemente no teníamos nada en común excepto nuestra pasión por África y por su cultura. Hablamos de nuestra respectiva situación amorosa a lo que me contestó al rato (sin pudor alguno):
- “¿Para cuándo un café?”

Mis padres supieron de mi cita y me animaron sin cesar para que me distrallese un poco. Así que accedí aún a regañadientes. Quedamos en su ciudad natal, lejos de ella (mi ex?) y de mí. Lejos de todo lo que me pudiese recordar al concepto “nosotras”. Tomé un café y me fui. Era demasiado ... temprano? Repentino?? Doloroso. Necesitaba tiempo. Tiempo para vivir, para respirar, y convivir con mi soledad. Porque no hay más soledad que sentirse sola en un grupo de gente.

Decidimos de mutuo acuerdo ir como simples amigas al concierto de Marlango. El que era nuestro grupo favorito. A pesar de que estaba próximo su cumpleaños. Ya estábamos en pleno agosto? Y de que podría acudir a él desheché la idea por diversas razones:

1. Yo amaba a la Watling: ella no
2. El cd era mío: por lo tanto ella no lo tenía.
3. Ella estaría trabajando: yo no.

El concierto fue ... digamos que fue. Además el público se entregó. Estuvieron pletóricos. Todavía me resuena el piano de Alejandro Pelayo en trains. Trains...Fue uno de los peores momentos de mi vida. En el momento que tocaron la canción un lagrimón brotó de mis ojos y fue a parar a mis labios. Maite, al verme me dio un beso en los labios y me cogió la mano. Se lo agradecí abrazándola. Aunque no sirviese de mucho estuvo en ése momento. Se lo agradeceré de por vida. No supe qué hacer. Todo iba tan ... Simplemente iba. Yo sin ella. Ella sin mí. Con la canción mi mente se acordó hacia el recuerdo que había perdido antaño. Recuerdos que permanecían en el cajón del olvido. La pregunta que me hice a mi misma fue: “¿realmente están olvidados?”. Maite se portó. Al finalizar el concierto intentamos sendas veces que me firmaran la entrada. Justo cuando nos íbamos a ir, “La Watling” apareció con sus gafas de sol y, al lado de ella: tú. “No podía ser” –me dije. Me cogió del brazo y me llevó a los baños. Intentó, en vano, besarme. Casi gritando me dijo:
- “¿Qué coño te pasa?¿Es que ya no me amas? Ya no me coges el teléfono, te he dejado miles de notas. ¿Dónde te metes? ¿Te ha tragado la tierra?”
- “Donde a ti no te importa” –dije tajantemente. “No quiero. Te quiero pero lejos. Necesito tiempo ...”
- “Y yo te necesito a ti. No duermo. Trabajo lo mínimo y, para más inri, es como si me faltase el aire”
- “Pues que te jodan!!”
- “He soñado contigo. Te necesito como no he necesitado a nadie. Me oyes? A nadie en toda mi puta vida, ¿te vale?”
- “¿El qué? Que me utilices. Que digas que me ames y, cuando me dé la vuelta te encuentre con otra. Perdona, bonita, tú sigue por tu camino ... recuerda que yo he estado cuando tú me necesitabas ...”
- “Me arrodillo si es necesario. Pero por favor: perdóname. Estaba pasando una mala temporada, por mi padre ...”
- “Podrías habérmelo dicho”
- “Pero Raquel estuvo en el momento. No quería hacerte daño. Sólo fue aquel beso. Como comprenderás una ...”
- “No me digas más: no es de piedra? No me cuentes historias. Me lo dijeses y punto”

Me interrumpió con un besazo, introduciendo su lengua sin pudor alguno. Me sujetó la cabeza y me susurró: “Lo siento!!” La aparté. Me aparté. Cerré la boca y tapé los oídos.

Mientras ella gritaba:
- “Sí te he amado. Eres parte de mí y no puedo sostener ni un minuto más esta odiosa situación”
- “Das pena. Eres parte de mi pasado. Ya no existes. No-existes!!”

Estaban a punto de echarnos a patadas. Ella sin dilaciones les soltó:

- “Déjenme estar. Esto es serio. Nuestro amor es serio” “Te he hecho daño y por eso ruego que me perdones. Te amo”
- “Entonces, por qué me has hecho tanto daño”
- “Y yo que sé. Estaba borracha. Raquel es una tentación.”
- “Y??”
- “Sé que no es excusa. Es preciso que me comprendas. Te amo”
- “Necesito tiempo”
- “Yo te lo brindo” “¿Cuánto?”
- “Y yo qué sé... meses, días ... quizá años?”
- “Esperaré ...” “Te esperaré aquí”
- “Si nos van a echar”
- “Me da igual. Que me echen si quieren. Yo he pagado mi entrada. Me falta el aliento, la sangre no circula por mis venas, siento que voy a perecer si no me das un beso, ésos besos impuros de puro amor”
- “Cállate ya!! Das pena. Eres demasiado cursi.”

La besé. Fue esos besos de película en los que no nos extrañaría a nadie que justo al final pusiesen las palabras: <>.
“... has de esperar.”
“Esperaré y en tu lecho me echaré ...”
“No es tan sencillo como piensas”

Que el amor es sencillo puede que lo piensen los ilusos. El amor como el buen vino ha de tomar su tiempo ... yo necesitaba tiempo. Tiempo para pensar. Para reflexionar. Para pensar en aquellas palabras. En aquel encuentro.

Cuando llegué a casa Maite decidió acompañarme. Vimos la televisión y no nos enrollamos. Se empeñó en hablar. Me dijo: “No soy a quien andas buscando, no sería justa para nadie que nos hubiésemos enrollado. No sería justo”.

El curso volvió a empezar. Septiembre. Calor sofocante. Yo sóla ante mis exámenes. Mi trabajo y yo. Volví a conectar el teléfono. Sonaba su voz en cada mensaje. A pesar de que se me ponían los pelos de punta al escuchar su voz no cogí. Maite no volvió. Trabajé. Trabajé y trabajé. Necesitaba aire: “¿qué mejor que un viaje?” –me dije. Pues después de tanto trabajo me lo había ganado. Aún así decidí no contestar ninguno de sus mensajes. Tampoco a ninguna de sus cartas. Me tomé tres días de ayuno voluntario. Fui al teatro a ver “La voz humana” de Jean Cocteau. Comencé a comprenderla. Me vi totalmente reflejada en la otra persona que no se sabe pero sí se intuyen las contestaciones. Su “Hola, qué tal ... no ... no estoy sola” me hizo abrir los ojos. Pues es increíble lo que puede hacernos llegar el arte en general.
Al salir, la llamé. Estaba durmiendo. Su madre la despertó. Al día siguiente partiría, no sabía bien hacia dónde. Igual me iba sóla si ella desestimaba mi oferta. Necesitaba conocer hacia dónde: ¿África? ¿París? Venezzia.

Me contestaste:

- “¿Sí? ... ¿Hola?”
- “Me voy. Hoy”
- “¿A dónde?”
- “Fuera. Necesito fuerzas. He trabajado mucho, quizá demasiado.”
- “Me voy contigo. Espera”
- “Supuse que tendrías trabajo”
- “Todo puede esperar”
- “Yo no”
- “Lo sé. Pásate por mi casa. Te invito a un café y hablamos. Mi madre te ha echado mucho de menos: no más que yo”
- “Tráete 3 mudas. ¿Qué te parece Venezzia?
- “Venezzia, si tú no sabes hablar italiano?”
- “Tú sí”
- “Así que sí ...” “Te amo”
- “...”
- “Te comprendo. Lo siento”.

Aparqué mi coche próximo a un arbusto de romero. Su madre me observaba atentamente desde la cocina. Era una casa a las afueras de la ciudad. Muy acogedor. Sólo había estado en dos ocasiones. Ella vino en mi búsqueda. Abrió la puerta del coche y me besó. In situ. Todavía llevaba el pijama verde, de seda. Ella adora la seda. Los sentimientos de antaño, aquellos que había casi olvidado acudieron en mi busca. Sonrió.

- “Te he echado tanto de menos ...”
- “...”- no dije nada. No había nada que decir ó por lo menos no lo sentí así.

Tomamos plácidamente un café. Su madre vestía de gris oscuro. Sus ojos eran como los de ella: sencillamente preciosos.

- “Cojo todas mis cosas y nos vamos: ¿Cuánto tiempo?”
- “El necesario”
- “Así me gusta y así me gustas!!”

Me puse un gorro gris que tenía colgado en el colgador de la entrada y que me dio como prueba de su cariño: “Toma es para ti”, me dijo. Nos besamos apasionadamente. Yo llevaba muy pocas mudas, con la esperanza de comprarme alguna ropa en Italia. En Italia vive Arianna, una amiga que había hecho un Erasmus y que habíamos estudiado juntas. No tuvo ningún problema en acogernos en su casa ni más ni menos que cuatro magníficos días. Junto a los Alpes Italianos. Desde allí cogimos un tren y luego alquilamos un coche para llegar a Venezzia por la noche. Yo no había estado en Venezzia con anterioridad. Ella sí. Nos alojamos en el Winter. Estaba María, la dueña y Missia, una estupenda camarera. Desde la última vez que mi novia se había alojado allí, ya habían pasado años. Recordaba perfectamente la escena, se llegaron a soltar todo tipo de improperios ... gritándose hasta llegar a las manos, en una lucha contra la otra. Le traía aquel sitio recuerdos agridulces. Me comentó cómo se habían conocido en el aeropuerto de Fumicinno. Que habían estado en la grande Roma, concretamente en la Piazza Navonna.

- “Me tienes que llevar allí” –le dije.
- “Poco a poco”

Pasamos unos días estupendos en Venezzia. Cuando estábamos comiendo unos sabrosos spaguetti a la carborana me hizo una pregunta:

- “Qué te hace feliz a ti?”
- “¿Vale: tomarme unos spaguetti a la carbonara?”
- “No. Eso es lo que yo estaba pensando, dime cariño”
- “Pues ... mirarme al espejo, observar lo que ha hecho conmigo el tiempo y sentirme llena por dentro, ¿te vale?”
- “Yo estaba pensando que amo cada rincón de tu corazón, que siento lo hecho y que los spaguettis están deliciosos”
- “Además el vino está, cómo decirlo: ¿delicioso?”
- “ ¡Jé! Ti amo”
- “...”

Nos fuimos directamente a la habitación. En el hilo musical pudimos escuchar: Prince of Fire de Capercaille. Es una de las mejores baladas que hemos escuchado en nuestra vida. Llena de mucho significado. Le tendí la mano. Accedió. Llevaba un vestido negro, de seda hasta los pies. Yo llevaba un pantalón gris de pinzas que me había comprado nada más llegar a Italia y una camiseta blanca corta. Accedió cordialmente a bailar conmigo. Estaba deslumbrante. Nuestros cuerpos se unieron como si sólo fuese uno. Posó su mano en la palma de mi mano. Pasos muy cortos. Comencé a llorar pues la situación era bastante propicia. No había llorado nunca delante de nadie y menos delante de alguien a quien he amado tanto como para llegarle a odiar. De hecho dicen que el odio es una forma de amar. Diferente sí pero otra forma. Lloré. Lloré por ella y por mí. Me sentía infinitamente feliz. Se abrió un paréntesis. Stop. Me abrazó:

- “¿Deseas acostarte querida?”
- “Deseo que me ames con la pasión más ferviente que se te ocurra. Deseo que me desees”
- “Calla: te amo y te amaré siempre”

No me besó con pasión. Me besó con dulzura. El momento, como cada momento con ella era un momento único, instantáneo ... eterno. Nos besamos. Besé sus párpados, su nuca, sus labios, su cuello, haciendo hincapié en los senos.

“Espera” “Un momento” –me dijo y se fue un momento al baño.

Cuando regresó volvió con una flor en los labios y nada más. No sabría decir qué flor era ya que ninguna de las dos éramos expertas en flores. La flor venía envuelta en plástico film que utilizamos a modo de preservativo. No miento si digo que me extrañó pero no le di importancia, pues era y pues será uno de esos momentos que jamás olvidaré. Me besó los labios, mis mejillas que se habían vuelto de color rojo. Sentía pudor viéndonos a las dos como Dios nos trajo a éste dichoso mundo. Ella se rio pues mi cara hacía juego con la flor. Y el amor nos envolvió como nunca lo había hecho con anterioridad. Ella fue mía y yo fui suya. No miento si digo que la pasión aumentaba a pasos agigantados. Todo era espléndido. Estábamos a nuestras anchas, sin apenas ruidos en el hotel: lo hicimos nuestro. Había días en los que ni siquiera bajábamos a desayunar. Era la bienal de Venezzia y vimos un par de instalaciones. Una de ellas era impresionante. Había miles, qué digo: millones de soldaditos de plomo que sujetaban un enorme cristal. Había niños que lo estaban pisando. Estuvimos a punto de decirles algo aunque fuese en castellano. Leímos un cartel en italiano que venía a decir que se podía pisar. Accedimos a pisarlos y era como si todo el mundo nos sostuviese.

Cuando volvimos al hotel era ya tarde: hicimos el amor como posesas. Mostramos por Venezzia nuestro amor sin pudor alguno.

Un día decidimos acudimos a la Academia a admirar “La Tempestad” de Giorgionne ya que ambas habíamos leído el libro de J.M de Prada. Me hizo fotos desde todos los ángulos posibles.

Desde Venezzia retomamos camino a Roma fuimos a ver la Piazza Navonna, tomamos un café y nos fuimos, desde allí a nos fuimos a Barcelona. Íbamos a estar en casa de unos amigos míos que ya llevaban cierto tiempo allí: Olga, Lola y Diego pero estaban sumamente liados con funciones de teatro actuando por media Europa. Así que nos declinamos por visitar a Eva y a María que vivían en Madrid. Dos mujeres encantadoras. Nos envitaron a otro concierto de Marlango y no nos pudimos resistir.

Ésta vez íbamos nosotras junto a María y a Eva. Como ellas conocían a los dueños de la sala pudimos conversar con el grupo al completo: Alejandro, el pianista, y Óscar, el trompetista, estuvieron muy amables; Leonor, por el contrario, la cantante, fue un poco engreída, pero buena gente. Nos dedicaron su último disco. Al terminar el concierto nos fuimos a la casa de nuestras amigas en la calle de Hermosilla. Se las veía tan bien... tampoco ellas ocultaban su amor a nadie. Al día siguiente nos fuimos nosotras dos solas al cine, vimos una película: “El Arco”. Una película oriental que nos entusiasmó. Fue un viaje completo, como diría ella (a posteriori): “muy artístico”.

Volvimos. Octubre. Faltaba un mes para nuestro aniversario.

Un día tuve un espléndido sueño. Me vi junto a ella en nuestro 25º aniversario. Ya hechas unas viejecillas encantadoras. Nuestros hijos: Nieve, Roma y Etiam nos habían regalado 25 rosas blancas. Era una gran cena y con algunos de nuestro nietos, ya que luego vendrían más. Las dos estábamos radiante. Sonaba “Close Cover” de Win Mertens como hilo musical y lo acompañaba un par de violines. Nada más despertarme le comenté a ella ése premonitorio sueño. Sonrió y me besó en los labios acompañado de una frase que me retumbó hasta las entrañas:

“Ojalá no sea sólo un sueño”

Era todo tan ... ¿cursi? ¿romántico? ¿era sólo un sueño? ¿una premonición? Era un deseo que, si seguíamos alimentándolo como de hecho lo estábamos haciendo nuestro amor se convertiría en una realidad. Aunque me juró amor eterno, había veces en las que me saturaba: sus celos. Había veces en las que apenas salíamos y, si salíamos, me impedía todo lo libre que me gustaría.

Silvia vino un día a casa. Mientras mi novia estaba en el baño me preguntó que qué tal. No le pude negar mi “situación interior”:

- “A veces me satura. No me deja ser todo lo libre que me gustaría. Estamos bien y todo eso ... pero...”
- “Existe un pero: ¿eres feliz?”
- “Sí ..., no lo sé, la amo y todo eso pero...”
- “¿Qué? Es todo lo que has deseado, ¿no?”
- “Si a veces me digo que todo es demasiado perfecto”
- “¿Entonces?”
- “No sé. Seré yo. Vamos a hacer un año. Y luego está ese sueño”
- “Es todo un acontecimiento pues, que yo sepa, no has durado tanto con tus anteriores parejas, ¿no? ¿me equivoco?”
- “Ya, no sé, pero falta algo”
- “¿Lo qué? ¿En qué estás pensando?”
- “Sinceridad. Nos falta más sinceridad. No es todo lo sincera que me gustaría. No habla demasiado de su pasado”
- “¿Y qué coño te importa su pasado?”
- “Ya pero no es tan sencillo”
- “Pues háblalo con ella”

Dicen que las personas aunque cambiamos seguimos siendo las mismas de raíz. ¿Y si ella me ocultaba algo? ¿Y si seguía enamorada de Raquel? ¿Qué podía hacer yo? ¿Sentiría yo celos hacia ella? No, era ella la que me celaba, ¿entonces qué pasaba? Tenía un cúmulo de sentimientos que no me gustaban nada para llevar casi un año juntas. Y, sobre todo, no me gustaba nada la sensación de no sentirse todo lo libre que me gustase. Es evidente que no somos libres ó ,si lo somos, es en nuestro espacio: nuestra habitación, nuestra casa en dónde nos sentimos realmente libres. ¿Es que me estaba volviendo cauta? ¿Mayor? Hubo un día en que discutimos como dos niñas por una estupidez. Decidimos comenzar la decoración de la casa de mis padres, a las afueras. No sabíamos si la queríamos pintar de amarillo vainilla, mi opción, ó de si la queríamos pintar de blanco, su opción. Era algo muy banal, quizá demasiado. Estuvimos a punto de romper nuestro amor si no fuese por Silvia: te debo la vida. Gracias.

Acabamos saliendo cada una con sus respectivos grupos de amigos, le dije que yo necesitaba tiempo. Ella me dijo lo mismo. Nos estábamos conociendo mucho, ¿quizá demasiado? Sabía que la amaba por encima de todas las cosas en éste mundo. Sabía que ella me amaba a mí: ¿era suficiente? A veces me saturaba, por lo tanto, lo mejor era eso: tiempo. Tiempo para no-amar, tiempo para descansar, tiempo para respirar ...

Yo seguía trabajando en mi habitual rutina.
Ella hacía lo propio con lo suyo.

Había días en que la echaba mucho de menos. Otros que ni me acordaba de ella. Había una alumna: Fátima que me llamó en seguida la atención: ¿Yo con una alumna? A veces pensaba en ella pero en seguida se me borró de la mente. Muchas otras pensaba en mi novia y en mi, quizá es que éramos demasiado parecidas, sería cierto eso de que ¿los polos iguales se repelen? Nos amábamos pero ambas necesitábamos tiempo para reflexionar.

Entonces llegó nuestro aniversario. Sin comerlo ni beberlo no sabía qué hacer: ¿una invitación formal? ¿una cena en mi casa? ¿en la suya? ¿qué vestido ponerme? ¿irnos de viaje? ¡Si acabábamos de regresar! ¿Qué pasaría? ¿Qué tal estaría ella? ¿Y yo? Las tres semanas de separación me habían sentado genial pero, ¿y a ella? ¿Se habría vuelto a enamorar? Luego estaba Fátima pues siempre acudía fielmente a mis clases y cómo me miraba ... no dejaba de mirarme y me preguntaba seguido. “Se me pasará” me dije, “pues sólo es una cría”. Además yo sé a quién amo, porque la amo más que a mi vida. Que daría todo, absolutamente, todo por pasar el resto de mi vida junto a ella.

El día anterior dormí fatal. Al llegar a clase llegó un chico y me trajo un telegrama: “te amo, es preciso que lo sepas. A las ocho en mi casa. Tengo una sorpresa. Firmado ywendycrecio@yahoo.es” Sabía que era de ella pues “y wendy creció” es una novela corta que redactó un día. Al ocurrírsele el nombre me dijo: éste es mi e-mail. Te lo dedico como también te dedico la novela corta, que por cierto siempre está escrita en tres líneas.

Al recibir el telegrama se llenó mi pobre corazón de un bienestar sin límites. Ése día tenía una guardia y le pedí a un compañero que me la cubriese. Al acabar mi jornada laboral me fui casi corriendo a la peluquería. Cual fue mi sorpresa que ella estaba allí. ¿Con rulos? ¿Pero si ya tenía rizos? Me sonrió. Le devolví la sonrisa. La peluquera no paraba de hablar, poniendo “podre” a diestro y siniestro, sin ninguna piedad. Eran ya las 5 y yo no había ni siquiera comido. Conmigo terminó a las 6. faltaban 2 horas. Ella ya se había ido a las 5 y media. Me dio un fugaz beso en la mejilla a modo de amigas.

Me susurró:

- “Recuerda: a las 8 en mi casa. Te espero.”
- “Tranquila, la nota me llegó. Gracias”
- “Gracias a ti.”

No sabía bien qué ponerme. Abrí internet por si me habían escrito y hubo un e-mail que me llamó en especial la atención: “nos pusiste a caer de un burro”. Lo había escrito un amigo mariquita de la facultad. Lo borré de inmediato. Era uno de los pocos chicos de los que me he sentido realmente atraída: mariquita perdido. No sé a qué se refería. Lo borré. Él y yo coincidimos un par de veces en las reuniones del colectivo de gays y lesbianas. Un estúpido redomado y vaya e-mail! Pensé un segundo en la función social de los colectivos y caí en la cuenta que lo único que quieren es fiesta. Claro que a mí me gusta la fiesta pero creo que esta vida no es una discoteca. Se podrían hacer muchas más cosas de las que se hacen a parte de criticarse los unos a los otros y las unas a las otras. Leí por encima un e-mail de mi amiga Maite: semprealoia@eresmas.com en el que me invitaba a una fiesta. Ella también pertenecía al colectivo, aunque ella era de fuera conocía a alguna gente. Por su puesto a ese mariquita. Yo ya tenía mi fiesta.

Entre pitos y flautas ya eran más de las 7. No me había ni duchado y aún no me había decidido por ninguno de mis modelitos. Me decanté por un vestido negro, sumamente elegante con un escote muy tentador. Me adjunté un colgante de mi hermano Pedro con un anillo azul a juego que llevaría luego en el dedo índice de la mano derecha.

Las 7:30. Mierda! Me puse unos tacones no demasiado altos. Me recogí el pelo en un moño con unas orquillas. Me sentía bien conmigo misma. Me retoqué los ojos con un poco de rimmel y los labios con un rojo vermellón y me puse colonia: channel nº5 para las ocasiones especiales pues ésta lo era y mucho: ¡un año! Ni más ni menos. Me miré en el espejo y vi a alguien enamorada. Me sentía pletórica incluso nerviosa ¿Cómo estaría ella? ¿Qué habría preparado de cena?

Ya estoy. Cogí el coche y en diez minutos por la autopista llegué a su casa. Mi regalo consistía en unos cds: el último de Madonna, Suzuki de Tosca y Antonio Flores en concierto. Además le llevaba también el libro “Taxi a París” de Ruth Gogoll. Le había pegado cada una de las páginas con súper glue y no se notaba casi nada.

Cuando timbré la puerta ya estaba abierta, estaba arrimada. Su madre no estaba y su hermano Félix no tenía el coche. Estaríamos las dos solas. Solitas.

Entré y sonaba Prince of Fire. Había varias velas encendidas. Ella estaba en la cocina. Allí también había velas que estaban estratégicamente colocadas. Le besé la nuca, me abrazó y me dijo:

- “Me alegra de que hayas llegado. ¿Un martini? ¿Sólo o con hielo?
- “Sabes de sobra que solo. ¿No hay un beso para mí?
- “Aquí lo tienes: el martini”

Literalmente nos comíamos con la mirada. Literalmente nos hacíamos el amor allí mismo. No habría literatura que valiese para narrar aquel feliz momento. Nada más terminar la cena propuso que fuésemos directamente al lecho de amor. Me desnudó. La desnudé. Y el amor hizo acto de presencia. La amé. Me amó. Como era viernes por la noche ninguna de las dos tendría que madrugar el día siguiente. Nos lo tomamos con tranquilidad, incluso con parsimonia. Besé sus nalgas, la parte posterior de las rodillas. Su ombligo. Volvimos a utilizar un plástico film a modo de preservativo. En un momento del acto sexual me dijo que estuviese quieta. Se ausentó durante unos segundos y sacó casi por arte de magia un consolador. Cual fue mi sorpresa al verlo y nos reímos al unísono cuan dos adolescentes en su primera noche. De hecho es como si lo fuese porque cada encuentro con ella lo era. Yo me sentía indefensa. Había veces en que me temblaban las piernas, y de qué manera!! Ella estaba muy bella, muy hermosa. La amaba. No deseaba nada más en éste dichoso mundo que no fuese a ella. Sus largos cabellos. Su piel pálida. Sus ojos color miel. La poca luz que había nos la aportaban las velas que estaban estratégicamente colocadas. Todo era tan mágico, tan romántico. Y la música de compañía. Ahora sonaba Close Cover de Win Mertens y me acordé del sueño. ¿Sería sólo un sueño? Antes de soñar nos dimos nuestros respectivos regalos. Yo suponía que el suyo era el vibrador. No lo era. Le di los míos que estaban en una caja llena de mariquitas. Muy propia me había dicho a mi misma nada más comprarla. El suyo fue totalmente inesperado.

- “Y ahora me toca a mí” –dijo.
- “Haber, sorpréndeme”
- “Soy yo”
- “¿Tú?”
- “Sí: yo”
- “¿Cuándo?”
- “Hoy. Hoy he empaquetado todas mis pertenencias”

Era verdad, pues nada más entrar me había sorprendido ver en una de sus habitaciones todo empaquetado.

- “Durante éstas tres semanas lo he meditado mucho. Te he echado mucho de menos. Sé que no será fácil. Las dos tenemos nuestro carácter. Creo recordar que tu casa es lo suficientemente grande como para acogernos a las dos, ¿no?”
- “Para mí no supone ningún problema, pero ¿y tu madre?”
- “Ya he hablado con Félix y no hay ningún problema. Ambos se lo han tomado bien. Vendré un fin de semana sí y otro no.”
- “No hay más que hablar. Te amo hasta el infinito”
- “Ídem”

Dormimos con nuestros juntos: el uno pegado al de la otra. Al día siguiente nos despertamos temprano de mutuo acuerdo, así podíamos recoger todo antes de que llegasen su hermano y su madre. Cogimos algunas de las bolsas y las llevamos a mi coche. Aunque no es demasiado grande sí espacioso, retiramos los asientos hacia delante y pudimos introducir cuatro cajas. Todavía quedaban tres cajas y toda su ropa. Ella se quedó en su casa mientras yo llevaba el resto. Las dejé en el portal adjuntando una nota. Cuando llegué ya había bajado el resto de cosas. Ésta vez fuimos las dos hasta mi casa. Tomamos un café tranquilamente. Hizo, como tantas veces, mi hogar, su espacio. Para mí no suponía ningún problema el hecho de verla pulular por allí ya que en el fondo era mi ilusión. Desayunamos unos croissants que ella había ido a comprar a una panadería. Comenzamos a colocar sus pertenencias: una a una. Pude ver algunas fotos que tenía de nosotras y que yo había roto con rabia. Había hecho copias, lo cual me alegraba. Teníamos el día entero para nosotras. Podríamos haber ido al cine o al teatro. No lo hicimos. Nos quedamos como dos tontas viendo la televisión. Echaban “The L world” por un canal de pago. Nos echamos unas risas. Aunque la serie es un poco estereotipo nos reímos bastante. Ambas coincidimos en que todas las mujeres de la serie estaban bastante cachondas. El día se nos pasó volando. Sin darnos cuenta eran ya las cuatro y ni siquiera habíamos comido. Preparé unos spaguetti a la bolognesa. Yo debía y tenía que preparar la clase del día siguiente. Ella tenía que colocar todas sus cosas. Nos pusimos manos a la obra. Pusimos música de Blur, Parklife, y cantamos como posesas en nuestros respectivos descansos.

Los días se sucedieron: uno tras otro. Nuestra convivencia era como la de cualquier pareja: unos días mejores que otros. Lo que más ansiaba era oírla entrar en nuestro hogar. Creamos nuestro propio código de amor. A nuestro hogar le llamábamos infantilmente Wendy. Al lecho Bugy, como Bogart. A la cocina Bacall, como la mujer de Bogart.

Un día recibí un paquete. En él venía un gato. Adoro los gatos, le había dicho yo en una ocasión. Era y es un perro. Le llamamos “Querido”, una palabra sumamente cariñosa, pues él lo era.. Ojos verdes, no muy común entre ése tipo de raza. Nos leíamos mutuamente poemas de amor. Escuchábamos música a todas horas. Permanecíamos, las más de las veces, escuchando lo que habíamos hecho durante el día. Cosas rutilantes. Salíamos de vez en cuando junto a nuestros amigos. Básicamente porque pensamos que los amigos son como las plantas: “si no los riegas y los atiendes se mueren”. Así que nos poníamos una ropa sencilla y salíamos con ellos. Por mi parte a veces la pintaba. Ella se quedaba inmóvil. La realidad es más bella que el arte. Aunque el arte por sí mismo es y será bello.

Un día tuvimos un debate muy interesante sobre si existía o no el famoso talento. Durante bastante tiempo de la conversación yo sostuve que no existía. Ella intentó por todos los medios convencerme de que sí existía. Al final acabó por convencerme. Ella sostenía que, por ejemplo, Mozart o Picasso, eran talentos, que, aunque hubiesen nacido en otros países hubiesen triunfado igual. Por mi parte le decía una frase muy propia de la psicología conductista: “somos víctimas de nuestras circunstancias”. Me refería, básicamente, a que las circunstancias, el entorno, el ambiente ... son fundamentales para que ése talento salga a flote. Además recordaba la vida de Picasso y le decía que su padre era profesor de bellas artes. Que empezó siendo un crío: primero pintando azoteas y balcones para luego pasarse a pintar tal cual la realidad, realizando copias exactas tanto de su padre como de su madre. Además él decía que “si existe la inspiración que me pille trabajando”. Lo cual nos lleva que, aunque tengas talento, es necesario el trabajo. Ella sostenía que ése postulado era evidente, pues si no riegas tus plantas, por muy bellas que sean, no crecerán. En cambio hay muchas personas (las más) que no tienen un talento, por así decirlo, definido. Que se van construyendo a sí mismas. Que encuentran su vía de trabajo. Yo me acordaba lo que decía un profesor mío de la facultad respecto a los artistas: “Son como cebollas. Tienen numerosas e infinitas capas, las cuales han de ir “quitando” paulatinamente”. Ella estaba de acuerdo con ésa frase, pues todos tenemos nuestros bloqueos y “nuestras pajas mentales” que hemos de ir puliendo y/o quitando, pues nadie ha nacido aprendido. Repasamos en voz alta algunos de los que pensábamos que eran talentos puros: Klimt, Stanislavsky, el propio Picasso, Mozart, García Lorca, Hitler, Madame Curie ... y así hasta una lista innumerable de poetas, políticos, artistas, científicos. En lo que estábamos absolutamente de acuerdo es que sin el suficiente esfuerzo, trabajo y energía, todo el talento se iría al garete. Vamos, que no existiría. Buscamos por internet la frase: “¿Existe el talento?” Pero no nos ayudó para aclarar nuestras dudas. Con ésa pregunta sin resolver decidimos posponer el debate y preguntarle a nuestros amigos qué pensaban sobre el talento.

Como dije antes salíamos de vez en cuando con ellos. Fuimos al Katmandú, el bar de ambiente dónde nos besamos por primera vez. Cogimos alguna que otra borrachera. Era muy divertido. Nos sentíamos pletóricas la una junto a la otra. Cantábamos las canciones que nos ponían allí. Básicamente de la época de los ochenta, aunque he de decir que a mí los ochenta ni me van ni me vienen. De hecho aborrezco esa música pero a ella le gusta , con lo cual ... hay que aguantar el tirón y tirar pa’lante.

Alguna vez íbamos a tomar café a nuestra cafetería preferida. Estaba Juan, el camarero, que, muy amablemente nos ponía alguna que otra tapita. Las dos permanecíamos en silencio, leyendo nuestros respectivos libros. Era un silencio cómodo. Sonaba la música y nos dejábamos llevar. No era necesario hablar. Dicen los orientales que si no tienes otra cosa más bella que decir no rompas la belleza del silencio. Amaba su silencio. Amaba su presencia. La amaba y la amaré. Con eso me basta.

Durante el tiempo que vivimos juntas nos entendíamos casi a la perfección. Se convirtió, como no, en la compañera que siempre había soñado. Discreta cuando hacía falta. Medio loca cuando ella deseaba. Durante el verano y durante nuestras cortas pero intensas vacaciones decidimos quedarnos en casa y con ello cambiar algunos de los muebles ya que estaban algo viejos.

Fugazmente pasó un año. Estábamos próximas otra vez a nuestro segundo (¡!) aniversario. Mantuvimos una interesante conversación sobre la diferencia entre el amar y el querer. Ambas coincidíamos que se puede querer a muchas personas pero amar a muy pocas. Ella es sumamente inteligente es por una de las numerosas razones por las que la amo. En el amor, es decir, cuando amamos nos enamoramos de un compendio de detalles casi insignificantes. Y, cuando el tiempo pasa, como dice la canción, son esos detalles los que nos vuelven locos. Locos de amor se entiende. Y para que exista amor han de estar irremediablemente los celos por medio. Lo que ocurría entre nosotras dos es que pasábamos mucho tiempo juntas. No nos importaba, las más de las veces, aislarnos del mundo simplemente con un libro y un café. Estábamos las dos muy a gusto. Como bien dicen ha de existir la pasión y “el mundo lo mueven las pasiones, a mí me mueve ella”.

Llegó nuestro segundo aniversario. Llegábamos a él enamoradas, conviviendo juntas y con un animal por medio, nuestro “querido”. Además ya habíamos comprado algunos muebles en común: “¿qué más se podía pedir?” me decía yo a mi misma. Ojalá pudiésemos inmortalizar los momentos y vivir siempre el presente, agarrarnos a él, sin preocuparnos del futuro.

Fátima se empezó a interesar por mi vida, yo no le daba mayor importancia. “Sólo es una alumna” –me decía a mí misma: “Nada más. Además yo sé a quién amo, por lo tanto:NA-DA”

Un día me preguntó mi teléfono y no miento que me chocó. No le di mayor importancia. Me llamó desde la calle y casi me rogó para tomar un café. Le dije dónde vivía y se pasó a primera hora.

Eran las 8:30 a.m. de un día que no recuerdo. Yo ése día tenía la mañana libre pero tendría que ir a la compra y mi novia tenía que trabajar. Le dije que viniese a casa a desayunar: accedió. Cuando le estaba explicando el tema de la Revolución Rusa, el asesinato de Leon Trosky a manos del español Ramón Mercader: un espía manipulado por su madre: Caridad Mercader en México ... apareció mi novia, descalza y con sólo una camisa azul muy masculina que yo le había regalado por su cumpleaños, la cara de Fátima fue un poema: se quedó muda. No sé si se sorprendió que yo amase a otra mujer ó si por el contrario la encontraba atractiva. No lo sé, la verdad. Se hizo un silencio y se marchó. Sospeché que le había pasado algo porque su voz mudó y le brotaban unas ingenuas lágrimas. No voy a negar de que Fátima me resultaba atraída. Si fuese otra situación, a lo mejor ... Pero no lo era. Yo amaba a quién amaba y tenía la inmensa fortuna de ser correspondida. Nada que hacer. Cuando volví de acompañar a Fátima de la puerta mi novia me preguntó si algo iba mal: “No” –le contesté, “Es una chica un poco especial”.

Desde aquel día Fátima no volvió a aparecer por clase. Pregunté a sus compañeros pero no sabían nada de ella. La llamé a su teléfono pero siempre estaba fuera de cobertura, le envié algún mensaje al cual nunca me respondió. Llamé a sus padres pero tampoco había nadie: ¿se habría mudado?

Más tarde me enteré de que había empezado a trabajar en la imprenta de sus padres. La llamé pero no me contestó. La dejé pasar. Era una pena porque era muy aplicada y eso me entristecía pero ¿qué podía hacer yo?


Cuando llevábamos 2 años viviendo juntas (¡ya!?), además del año como pareja decidimos algo que nos cambiaría definitivamente la vida: nuestra vida. Por inseminación artificial y con permiso de Félix, su hermano, accedí a quedarme en estado: si era niña se llamaría Nieve, si fuese niño Etiam. Tendríamos que deshacernos de “querido”. Mis padres lo acogieron como si fuese un hijo. Para que nuestras familias se enterasen las hicimos juntar a ambas. Una comida formal para una noticia “informal”. Al finalizar el café les dibujamos un árbol genealógico y con dos posibles nombres al final. Tardaron en coger la indirecta-directa pero Félix, su hermano, dijo:

- “¡Coño, una criatura nueva en la familia!”

Todos sin excepción se echaron a reír y nos abrazaron como nunca lo habían hecho. Les había cogido de improvisto. Yo me sonrojé y dije:

- “Lo voy a “incubar” yo. Es decisión de las dos. Si luego decidimos tener otra criatura será ella. Cada cual con lo suyo , no?”

El primer mes de embarazo me trastocó. Había veces en las que me sentía cansada. Ella siempre estaba ahí apoyándome.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Durante los dos últimos meses tenía náuseas. ¡Es un horror! “Ni te lo puedes ni imaginar” –le decía yo. A lo cual ella me respondía: “Tranquila, la próxima vez me toca a mí”. Realmente ésas palabras surtían efecto en mí. Sabía que ella me amaba y ella sabía que yo la amaba a ella.

Se llamó Nieve: Nieve Iglesias Álvarez. Primero el apellido de ella y luego el mío. Había desestimado la idea de casarnos, básicamente porque yo soy atea y a ella ni le va ni le viene eso de pasar por la bicaría. Ni siquiera la bautizamos. La llevamos al Registro Civil. Dos madres. Dos mujeres. Ahora la tercera ... ¿en discordia? Por su puesto que no. Vivíamos en mi casa y habilitamos el estudio que era oficina de mi novia. Aunque la mayoría de veces dormía con nosotras en mitad de la cama.

El parto fue increíble: 3 Kg, 250 gr para ser más exactos. Se llamó Nieve gracias ó por culpa de mi novela favorita. Se podría haber llamado “Copo de Primavera” pero era demasiado hortera, demasiado cursi, simplemente: demasiado. Tenía los ojos marrones color miel como mi amor, pelo casi rubio como yo. Cualquier hombre ó mujer se enamoraría perdidamente nada más verla.

El tiempo se nos escapaba de las manos como cuando quieres coger mucha arena y no cesa de escaparte por donde menos te lo esperes. Así es como llegamos al cénit de nuestra relación. Más bien sería al ocaso porque ella cesó de amarme. No sé bien lo que le ocurrió. Tuvimos a Roma, nuestra segunda hija, ésta vez fue ella quien decidió tenerla por inseminación artificial. Nieve tenía ya un año y era nuestro “juguete” preferido. Nuestros amigos le regalaron todo tipo de juguetes. Un puzle!! –me dije yo. Era un puzle sencillo, nada más que nueve sencillas piezas. Cuando Roma llegó las más de las veces, tanto su madre como mis padres, nos ayudaban a cuidarla. Yo tuve una depresión post-parto a raíz de tener a Nieve. No lo pude evitar. Después de nueve meses de gestación es algo normal. Ó eso me decían sin cesar los médicos. Me medicaron con anti-depresivos. Ella estuvo ahí. Pero al gestar a Roma algo cambió.

Tuvimos alguna que otra discusión. Teníamos suerte porque las criaturas no estaban. Bien estaban en la guardería o con nuestros padres. Eran discusiones sin mucho sentido. Yo, por mi parte, no le daba importancia. A veces yo rompía a llorar sin motivo alguno. No lo podía evitar, me venían así sin pensar y sin reflexionar. Ella intentaba por todos los medios razonar conmigo. Yo todavía estaba de baja maternal. La casa estaba patas arriba ya que las niñas no cesaban de jugar. Lo que nunca en mi vida pensaba en ésos momentos tan agridulces es que podía romper con nuestro amor y menos con nuestra eterna amistad. Juro que no lo pensaba. Igual a ella se le pasaba muy a menudo. Llegué además de tomar anti-depresivos a ir asiduamente a una psicóloga. Mi novia a veces venía conmigo. Pero yo no arrancaba. Tenía ganas de llorar continuamente.

Un día después del trabajo encontré una nota escrita en puño y letra por ella.
“ME VOY. YA NO TE AMO. NO ME BUSQUES. YA TE LLAMARÉ. LO SIENTO: ME HABRÍA GUSTADO QUE NO FUESE ASÍ.”






















Durante días la estuve buscando tan desesperadamente como pude. No contestaba al teléfono. Ya no vivía en su casa. Había dejado repentinamente su trabajo. Sus amigos/as no sabían nada de ella. Literalmente la había tragado la tierra. Confundía su rostro entre la multitud. Iba por los bares a los que solíamos ir las dos juntas a leer. Le envié mensajes, e-mails, incluso faxes ... y nada. Pero, ¿dónde se habría metido? Me preguntaba yo sin cesar. Yo trabajaba sin cesar. De casa al trabajo. Con las dos criaturas. Menos mal que Silvia me echaba un cabo que si no!! Le escribí los versos más bellos que jamás he escrito de ellos. A todos ellos los he escrito para que con ello el viento no se los llevo. Ojalá algún día sus ojos lo pudiesen leer.


Cuántas veces he soñado
Que tu silencio fuese algo más

Cuántas veces he ansiado
Que fuese algo más

Cuántas veces te he amado
Sin mediar palabra

Cuántas veces te he observado
Sin hablar nada

Cuántas veces ...??

Cuántas veces te susurraría
Que te amo más cada día!!
Vida mía
Porque de hecho lo hago
Te profeso un amor profundo
Eterno en la eternidad
Hetéreo en la hetereidad

Ya ha pasado tiempo,
El suficiente como para olvidarte
He sido incapaz de ello
Todavía me resuena tu voz
Todavía me resuena su tono
Todavía ...!!!
Pasan los días y me deshago
Cada día
Por dentro
A veces no puedo
Con tanto amor
Que llevo dentro
Pensé que sería sencillo
El olvidarla, el no-amarla
El enamorarme de otras
Y así ser feliz
De una vez por todas
No he podido
Me tiene presa
Presa de su cara,
De su cuerpo
Que tanto deseo
Presa de su alma
Que deseo besarla
Tanto que lo daría TODO
Todo por NADA
Nada por TODO

Estoy deshecha
Mis ruinas están deshechas
Por dentro
Me duele todo
Y no encuentro el modo
La fórmula de olvidarla
Para no-amarla
Y decirle al oído:
Te amo tanto
Que todo el oro del mundo
Sería insuficiente para saciarme
Del amor que ahora siento por ti
Mi belleza robada
Por quién no me ama

Me despierto,
No te veo.
Vagueo por las calles.
Busco desesperada tu cara,
Tu sonrisa que no veo,
Tu cabello que tanto deseo.
Pistas que me guíen hacia ti,
Dónde te metes?
Mientras vagueo tras tu rastro me miento!
Dónde te escondes?
El día que te encuentre
No sabré dónde meterme
No sabiendo qué decirte
A mi mente vas y vienes
Tu mirada me persigue
Tus manos me susurran
Cómo me rozarían?
Cómo te besaría?
Son espejismos lo que siento?
Oasis inmundo
Tu boca arena desértica
Tu cabello el desierto
Cuándo poder llegar?
Eres real
Tu cintura son ondas
Y tu voz me susurra.

Por fin dio señales de vida y quedamos una mañana para tomar el café en el bar de la esquina. Yo a penas había dormido entre las niñas todo que se estaba lleno a pique... no podía más. Tenía que hablarlo y hablarlo con ella, pues el amor es cuestión de dos y de nadie más. Mis amigos me sirvieron de consuelo pero eso no era suficiente. Tenía que hablar con ella, de ella y de mí: de nosotras. Quedamos a las 10 en punto, si una no acudía no nos volveríamos a ver en la vida. Llegué 5 minutos antes. Ella estaba allí, inmóvil, sumamente hermosa, sumamente ella. Tuve que maquillarme previamente porque tenía unas hojeras del copón. Había llorado mucho. La echaba muchísimo de menos: ¿y ella a mí?

- ELLA: “Hola”
- YO: “Hola”
- ELLA: “Me he liado con Juan, mi amigo de la infancia. Le amo. Además tengo el SIDA. Él es drogadicto. Me he mudado y ahora vivo con él. Él me ama.”
- YO: “¿Por qué no me lo has dicho antes?
- ELLA: “Tenía miedo a perder tu amistad. Lo siento, ya no te amo.”
- YO:“Yo también lo siento pero qué sientes tú? Yo he estado cuando me has necesitado. Ahora que te necesito yo tú ya no estás”
- ELLA: “No hay más que hablar. Te he amado hasta el infinito y he vuelto de él. Ya no aguanto más. Desde que Roma nació has estado insoportable. Pensé que la crisis del post-parto te pasaría en seguida, pero no ha sido así, con lo cual ...”
- YO: “Con lo cual me dejas. Una pregunta: ¿Te gustó?”
- ELLA: “¿El qué?”
- YO:“El haberte acostado con él y todo eso. ¿Besa bien? ¿Te folla bien? Vamos ¿si se la chupas con gusto, que si llegas al orgasmo múltiple? ¿Te la come?
- ELLA:“Eres-eres ... insoportable. Das pena”
- YO: “¿Así? ¿Por? Me preocupo por ti, nada más. Deseo tanto tu felicidad como la mía. Yo ahora te necesito más que nunca, ¿es que no te das cuenta??”
- ELLA: “Ya es tarde. El tranvía pasó por tu puerta y lo has dejado pasar ...”
- YO: “Te amo, es preciso que lo sepas”
- ELLA: “Te amado con behemencia. Espero que esto no rompa nuestra amistad, sería una pena el haberla perdido”
- YO: “Tranquila, yo estaré cuando me necesites. Te ruego una cosa, probablemente te sorprenda el escucharla pero la siento así: ámalo. Ámalo con toda tu alma. Que sepa que lo ames (y él a ti) toda tu puta vida. Si no sería muy vil por tu parte. No te mientas: ámalo y deja estar lo nuestro.”
- ELLA: “Lo amaré hasta el final de mis días, como amo los amaneceres y los anocheceres. Sé que él me ama y con eso me basta.”
- YO: “Por mucho que me empeñe no doy estado en tu piel. Pues tus sentimientos son tuyos y, como dicen:1º son los sentimientos y luego ... el amor”
- ELLA: “Espero que no me guardes rencor”
- YO: “No lo haré. Puedes estar tranquila”
- ELLA: “Y no te preocupes por la enfermedad, todavía no saben si es SIDA o otra enfermedad pero lo más probable es que sea SIDA.”
- YO: “Cuidate”
- ELLA:“Lo mismo digo”
- YO: “No os molestaré mientras estéis amándoos”

Sus palabras poseían: rencor, dolor y un poderoso sentimiento de veneno. La comprendí. Soy así.Mis lágrimas surcaban mi alma sin cesar. No sabía a quién implorar, si es que se podía implorar a alguien. Quizá a ella: su perdon. O quizá a su orgullo dañado.

Desde aquel entonces no supe de su vida. A pesar de que la deseaba en cuerpo y alma ya tenía lo que yo no quería su NO eterno. Desde aquel entonces desaparecí de su vida.

Seguí trabajando por un tiempo no demasiado largo en mis quehaceres cotidianos. Reflexioné, le seguí escribiendo. Creando las mejores palabras que he creado.Fui creando a una persona totalmente distinta hasta entonces. Prohibiéndome amarla conseguiría por lo menos evitarle sufrimientos inútiles para ambas.

Pasaron días, segundos, anocheceres, meses ... canciones sin sentido alguno. Mi vida mudó. Me invuí en una vida sin complicaciones. Con monotonía y sin explicaciones.

Porque dicen: “Hace falta mucho valor para reconocer lo que amamos”. Y también dicen: “Es una catástrofe mundial el no poder obligar a que nos amen”.

Una vez, pasado el tiempo, me pregunto sin cesar si la verdad es que no es mejor así. Somos demasiado semejantes como para amarnos semejantemente, valga la redundancia.

Pero habría dado todo. Sin pedir nada a cambio. Cuando la conocí intuí que algo me ocurría en mi estómago, ahí por el hígado ó el páncreas.Todavía al oír su voz en mi interior tengo unas cosquillas constantes, un no sé qué hacer si la veo. Le escribo sin esperar respuesta alguna.

Lo peor de todo es la soledad y no es precisamente una soledad buscada, mas bien al contraro. Es la continua sensación de permanecer en el olvido. De ver continuamente a la gente, ver a una pareja que se ama y no ver esos brazos que me rodean. Alguien que no me besa. Alguien que no me escucha. Gente que me observa como el viejo de hace un rato; como la vieja de uno de mis viajes en soledad por tierras lejanas.

Desde que cesó su amor me he dedicado a bagar por ciudades tanto lejanas a ella como a mí. Huyendo de su recuerdo que lo recuerdo. Huyendo de su mirada que me mira a los ojos. Huyendo de su presencia, que se ausenta. Huyendo de su querer que cesó de amarme. Huyendo de mí misma para encontrarme una y otra vez contra la misma pared. Con ello no conseguí nada: absolutamente nada. Cuando regresñe ella no estaba, sus labios no me besabann, sus brazos no me abrazaban y su querer ya no me quería. Lloré y lloré sin cesar de amarla. Es el eterno no, la sombra de la memoria, memoria innombrable. Es el sinvivir del tiempo, los segundos que no pasan, los amaneceres que no amanecen, la luna que no aparece, el cigarro que no se apaga ... tantos sentimientos que intento ... ocultar y guardar en mi triste corazón. Su corazón no me ama. Triste corazón de amor. Corazón que ya no siente pasión por mí.

Me quedo quieta. Suena la música de antaño. La gente pasea. ¿Qué mirarán? No miro para a fuera. A fuera llueve. Mañana será otro día. Dormiré. Descansaré. Comeré y no la llamaré ... intentaré no amarla, aunque sólo sea un poco. Aunque sólo sea durante un mísero minuto. Aunque sólo sea un durante un segundo. Porque ahora ya sé que no me siente. Sé lo que siente por mí. Sé que ya no me ama, porque el amor es lo más triste cuando se acaba. Y créanme, mi pobre corazón está triste, muy triste por ella. Nuestras criaturas están espléndidas, pero ella no está. La casa: como siempre, sin su presencia que se ausenta una y otra vez. Las calles mojadas. El cielo gris. Lo siento por mí. La gente sigue paseando. Los árboles se mueven. Semejan que danzan. El viento los golpea. Y ella no me besa.

Últimamente camino mucho, por las calles mojadas, por las mismas calles en las que charlábamos las dos juntas. Cuando camino sola tengo inmensas ganas de expresar lo que siento a diestro y siniestro. Mientras me tomo tranquilamente un café en el mismo sitio, sin ella, recuerdo con nostalgia lo que un día fue, que ahora ya no es. Tengo ganas de gritar. Tengo ganas de llorar, de clamar al cielo y al viento que lo siento, que siento lo que siento: amor por tu cuerpo. Y me oculto en mí misma, en mis pensamientos, en su mirada, en el sinvivir que da el tiempo. No importa dónde esté, la seguiré amando siempre, en mi mente, en mi alma que le ama sin cesar. Porque una persona cuando está con otra persona no son dos personas: son una relación. Son más de dos. Y dudo mucho que se puedan amar a dos personas a la vez. Aunque eso es cuestión de sentir. Lo que siento es que no le tengo y eso me hiere. Me hiere de muerte imaginándote con su amor, que ya no soy yo. Me hiere pensar que se va a morir y no de amor precisamente. Que ya no le volveré a ver. Lloro y lloro por dentro. Mis lágrimas están presas porque ella no me besa. Aaaaaaaaaah!!! ¿por qué no elegir de quién enamorarnos? ¿Acaso no sería todo más sencillo? Elegirla, elegirlo y todos tan contentos. Evitar el sufrimiento tanto propio como ajeno. Que sepa que su silencio me ha dolido. Me ha matado de ... muerte.

Mas he de seguir. He de seguir con mi vida, que es mía. He de seguir cantando. He de seguir comiendo, corriendo tras del viento. Seguir viviendo es un eterno y continuo pasatiempo.


Y lo peor de todo es que la sigo amando como el primer día. No hay un segundo que deje de pensar en ella. Me porté mal y lo sé. Pero las depresiones son así. Estás abajo y por mucho que intentes subir no das. He vuelto a fumar. Mis amigos y mi familia me insisten y me ruegan que la deje estar. Mas no doy. La sigo amando. No me quiere ver ni en pintura. La sigo pintando. La sigo deseando. Le escribo poemas de amor. Echo de menos su presencia. Miro el teléfono y no suena. Me gustaría no tener manos ni sentir lo que siento. Me gustaría enamorarme de otras (o de otros). Como antaño siempre que leo algún libro la veo a ella continuamente. El desamor es uno de los peores sentimientos que existen. Pues nada puedo hacer. Sólo rezar para que aparezca alguien cuando menos lo espere ... Recuerdo con añoranza y esperanza que algún día vuelva a mi lado. Que me ame como antaño. Que sienta por mí lo que yo siento por ella. Mas nada puedo hacer. Nada está ya en mis pobres manos. Las criaturas crecen pero ella no las ve crecer. El tiempo cambia pero ella no lo ve, por lo menos no a mi lado. ¡Qué puedo yo hacer?









































Anotaciones (this is the end)

Dedico éste libro a María Corradi, a Eva Zambrano y a Susana Guzner por ser tan “insensatas” J

También lo dedico a la persona de quién algún día me enamoraré perdidamente. Todavía desconozco su nombre.

Evidentemente no puedo ni debo obviar a mi familia: pues siempre han estado ahí. Gracias.

El e-mail escrito ywendycrecio@yahoo.es existe. Espero ansiosa las posibles y probables críticas. Espero que sean lo más constructivas posibles. El otro e-mail semprealoia@eresmas.com también existe, como también existe Maite pero ella ya no es mi amiga.

Ésta novela es ficticia, aunque se basa en una hipotética realidad que nunca existirá más que en mi mente y en mi corazón. Está escrita con puño y letra con mucho amor. Mi alma está presente en todo el relato.

Las pinturas: “Amaneceres contigo” y “Madonna quanto è bella” existen, así como también el poemario “El suicidio de los sueños” y el relato corto “Y wendy creció” que le había escrito <> a la protagonista.

Por el resto: le he de agradecer eternamente la compañía a Marlango y, en especial, a trains. Y sobre todo gracias a vosotros/as por haber pasado un agradable momento con alguien como yo. Ha sido un auténtico placer el haberlo escrito, espero pues que les haya gustado y si no, ya saben: igual algún día crezco!!!
Firmado:
ywendycrecio@yahoo.es